30 de abril 2026
¡Que alguien me explique!
El principio del fin
En Palenque, los sacudimientos políticos por el caso Rocha Moya debieron ser de magnitud 9.5 y los vientos soplaban gélidos y amenazantes sobre la casa de “La Chingada”, la finca donde se refugia aislado y en franca depresión López Obrador
Por Ramón Alberto Garza
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En Palacio Nacional se cortó súbitamente la mañanera y, sin explicaciones, la presidenta Claudia Sheinbaum abandonó el recinto. ¿A dónde iba? ¿Con quién hablaría? ¿De dónde venía la urgencia?
En Palenque, los sacudimientos políticos debieron ser de magnitud 9.5 y los vientos soplaban gélidos y amenazantes sobre la casa de “La Chingada”, esa finca donde se refugia aislado y en franca depresión el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
La exigencia al gobierno mexicano fue enviada desde Washington para detener al gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya; al senador Enrique Inzunza Cázarez y a ocho funcionarios más. Los cargos: conspirar con el Cártel de “Los Chapitos” y con otros grupos del crimen organizado para traficar drogas a los Estados Unidos, a cambio de apoyos políticos y de sobornos que ayudaron a impulsar el ascenso de políticos morenistas al poder.
En Código Magenta veníamos advirtiendo que el golpe desde la Casa Blanca y el Departamento de Estado era inminente. Que se estaba gestando en Washington y que, en el plan original, se daría después del Mundial FIFA 2026. Pero la afrenta que el gobernador Rubén Rocha Moya incubó el pasado jueves 23 de abril para boicotear un evento en Culiacán, al que asistió el embajador de Estados Unidos en México, Ronald Johnson, obligó al diplomático a cambiar de sede y a pronunciar un duro discurso en el que dejaba en claro que venía la guerra contra Morena y contra la corrupción en México. Por eso, se adelantó el golpe. Porque en su soberbia, el gobernador Rubén Rocha Moya se vio a sí mismo más poderoso que el embajador Johnson, el enviado de Washington.
Y es que la orden de detener a Rubén Rocha Moya va directa, no contra la presidenta Claudia Sheinbaum, sino contra el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, el líder moral de Morena. Él es el artífice de la herencia maldita que tiene ahora al gobierno de la Cuarta Transformación y a su partido contra la pared. Ambos en la antesala de ser declarados “narcogobierno” y “narcopartido”, al servicio de los ahora calificados cárteles terroristas.
Aquí no hay que engañarse. Fue Andrés Manuel López Obrador quien pactó con “El Chapo”, primero, y con “Los Chapitos”, después, los apoyos a sus campañas presidenciales en 2006, en 2012 y en 2018, a cambio de reinstalar a esos capos como los narcos favoritos del nuevo gobierno, cuyo lema debió ser “primero los narcos”.
O de qué otra manera se explican las ocho “narco giras” a Badiraguato, el epicentro de la producción de fentanilo, con inversiones millonarias en carreteras, ex profeso, hechas para esa zona y el saludo personal de un mandatario súbdito a la madre de Joaquín “El Chapo” Guzmán.
Es el mismo Andrés Manuel López Obrador que se dirigía muy respetuosamente a “El Chapo” como “El señor Guzmán Loera” y que a través del sinaloense, Rubén Rocha Moya, recibió millones de dólares para su campaña de parte de “El Chapo” Isidro. Las complicidades del mesías de Palenque, con el hoy gobernador perseguido desde Washington, empoderaron también a Morena, al partido que recibió de esos cárteles -al igual que de los huachicoleros- millones de dólares para financiar una veintena de campañas estatales con las que consolidó el dominio de los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Y, con ello, se fortaleció el narcoestado lopezobradorista.
La sacudida de ayer miércoles, desde Washington, se conoció en la Secretaría de Relaciones Exteriores desde las 6 de la tarde del martes. Y su flamante titular, Roberto Velasco, debió comunicar de inmediato la mala noticia a Palacio Nacional. Bajo la lupa están ahora Andrés Manuel López Obrador; sus hijos; Audomaro Martínez; Adán Augusto López y Mario Delgado. El Cártel de Tabasco, por entero.
La mazorca comienza hoy a desgranarse y al igual que sucede con las palomitas de maíz, una vez que la primera estalla, la explosión de las demás vienen en cadena.
Los cuestionamientos de hoy se centran en si el gobierno del presidente Donald Trump puede exigir la detención del gobernador de Sinaloa y sus cómplices. Pregúntenle eso al ex presidente venezolano Nicolás Maduro, quien desde el 3 de enero y, sin previo aviso, duerme en una prisión del Distrito Sur de Nueva York.
Otro cuestionamiento obligado es preguntar ¿qué sucedió en las 12 horas que transcurrieron desde que se conoció la solicitud de Washington y se anunció a todos los mexicanos? ¿La inquilina de Palacio Nacional se lo comunicó de inmediato al auténtico destinatario de ese mensaje que era el inquilino de Palenque? ¿Pudo dormir la presidenta Claudia Sheinbaum ante semejante declaración de guerra desde el Departamento de Justicia de los Estados Unidos?
Y la tercera pregunta clave tiene que ver con la decisión que tomará Andrés Manuel López Obrador -a través de la presidenta Claudia Sheinbaum- de aceptar o no el veredicto de Washington, sobre el primer “narco gobernador” que pasará al banquillo. Si se coopera como cuando entregaron “fuera de la Ley” a 92 peligrosos reos y se avanza en el combate a los cárteles, o si se integra un frente para que los morenistas defiendan el “más si osare un extraño enemigo” y entramos -como Irán- en abierta confrontación hasta que “se desviva” a algún Ayatolá mexicano. Sobre la mesa se colocaba ayer la posibilidad de cooperar, siempre que desde Washington viniera otra orden similar para arrestar a algún gobernador no morenista.
Por lo pronto, el mensaje de Washington, de manera oficial, dice textualmente: “El apoyo de funcionarios extranjeros corruptos al tráfico mortal de drogas debe terminar. Que éstas acusaciones envíen un mensaje claro a todos los funcionarios del mundo que colaboran con narcotraficantes: sin importar su cargo o posición, estamos comprometidos a llevarlos ante la justicia”. Por favor, que lo lean y lo relean los Andreses, los Audomaros, los Adanes, los Marios Delgado, los Ricardos Peralta.
Por ahora, no dejen de leer un mensaje en redes digitales y que textualmente dice: “Ya me cansé de un gobierno atroz, indigno, vendepatrias y ligado al narco, soberbio, corrupto, de un gobierno que no merecemos los mexicanos… Demando tu renuncia (presidente) por ser la cabeza de un gobierno convertido en narcogobierno”.
El texto no es ni de un “derechista fifí”, ni de un opositor o un de un comentócrata anti 4T. Ese mensaje es de Claudia Sheinbaum, escrito en sus redes en noviembre de 2014. El destinatario era, entonces, Enrique Peña Nieto.
Lo dicho, estamos ante el principio del fin, porque como lo sentenció hace días el mismo presidente Donald Trump: “México está perdido y Estados Unidos es su única esperanza”.
La orden para aprehender y extraditar a Rubén Rocha Moya, y a su séquito de cómplices, abre hoy la puerta a esa esperanza.
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