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3 de junio 2026

3 de junio 2026

¡Que alguien me explique!

Con Trump no; con Petro sí

Muy pocas horas demoró la presidenta Claudia Sheinbaum en darse cuenta que la traicionó su “cabeza caliente”. Y se mostró, a sí misma, como una mujer con doble discurso, con doble moral

Por Ramón Alberto Garza

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Muy pocas horas demoró la presidenta Claudia Sheinbaum en darse cuenta que la traicionó su “cabeza caliente”. Y se mostró, a sí misma, como una mujer con doble discurso, con doble moral.

Sus ataques contra la injerencia norteamericana y la soberanía de México -que tanto arengó en su festejo del Monumento a la Revolución- rodaron por los suelos a menos de 24 horas después de que los pronunció con tanto coraje.

Primero, porque en la mañanera del lunes, la inquilina de Palacio Nacional salió a controlar los daños que ella misma creó. Y dio marcha atrás a su discurso anti-norteamericano, diciendo que ella no creía que el presidente Donald Trump estuviera detrás de las hostilidades contra México, en su cruzada para combatir los cárteles terroristas. Pésima salida con una reversa que nadie compró.  Es ingenua, por no decir que infantil.

¿O acaso cree la presidenta Claudia Sheinbaum que los mexicanos somos tan poco pensantes como para aceptar que ella puede atacar las decisiones de todos los centros de inteligencia norteamericanos que exigen entrar a México para acabar con los jefes del crimen organizado y decir que, en eso, nada tiene que ver el presidente Donald Trump? ¿De verdad cree la presidenta Claudia Sheinbaum que en ese ataque verbal -el más duro visto de un mandatario mexicano al gobierno norteamericano- pueda ser excluido el poderoso hombre que dirige esa estrategia y que está empeñado en impedir que el narcoestado mexicano continúe exportando su mortal fentanilo, que acaba con la vida de decenas de miles de norteamericanos cada año?

¿O será que la inquilina de Palacio Nacional no se dio cuenta que el presidente Donald Trump estaba al lado del secretario de Guerra, Pete Hegseth, cuando este dijo que Estados Unidos “va a la guerra contra los cárteles”? La sentencia es clara y la reforzó el Secretario de Guerra en un mensaje directo al gobierno de la Cuarta Transformación: “Den un paso adelante, para que nosotros no tengamos que hacerlo”.

Pero la presidenta está empeñada en invocar una falsa soberanía y en dibujar un torcido injerencismo. Es como cuando a tu vecino se le está quemando su casa y las llamas amenazan ya a la tuya. Y es, entonces, cuando tomas de tu patio una manguera para buscar contener el fuego del vecino, que ya está sobre tu barda, y ese vecino sale a gritarte que cierres la llave, que no te atrevas a tocar su fuego, porque ese es un acto de intromisión a su soberanía. Que el decidir si apaga o no ese fuego es sólo decisión suya, no del vecino que ve amenazado su patrimonio y la vida de los suyos.

Pero, en medio de ese discurso de “manos fuera de México”, el mismo día, la presidenta Claudia Sheinbaum sale con una postura abiertamente injerencista en las elecciones de Colombia. Allá, en donde Iván Cepeda, el candidato apoyado por el presidente izquierdista Gustavo Petro, está perdiendo frente al candidato de la derecha, Abelardo de la Espriella.

El mandatario colombiano se niega a aceptar el resultado que no le favorece a su partido y amenaza con desconocer la elección. Igual como lo hizo Nicolás Maduro -hoy caído en desgracia y preso en Nueva York- cuando perdió abrumadoramente las últimas elecciones en Venezuela. Esos comicios en los que salieron victoriosos María Corina Machado y Edmundo González.

Ese apoyo a su colega Gustavo Petro, ¿no es injerencismo, presidenta Claudia Sheinbaum? ¿No está usted violentando la soberanía de los colombianos que se manifestaron libremente en las urnas? De manera que, desde su mañanera mexicana, sí puede respaldar a su amigo de izquierda colombiano en contra de lo que dictó la voluntad popular de aquel país, pero al mismo tiempo, se queja de que el presidente Donald Trump pretenda meter mano en las decisiones de México.

La diferencia entre Donald Trump y Gustavo Petro, además de que son polos ideológicos opuestos, es que a la presidenta Claudia Sheinbaum le unen al mandatario colombiano añejas complicidades. Sobre todo, aquella de cuando ambos fueron guerrilleros al servicio del M-19, el movimiento armado urbano que desestabilizó Colombia entre 1974 y 1990. El presidente Gustavo Petro fue abierto militante guerrillero y en la toma de posesiones de Claudia Sheinbaum elogió que el M-19 le haya dado a América dos presidentes.

Y en su declaración del primero de octubre de 2024, Gustavo Petro dijo: “No pensaban que de sus integrantes (de la M-19) pudiera surgir un presidente colombiano (…) y ahora tiene dos, porque Claudia fue colaboradora y militante del M-19 en México”.

De inmediato, la primera mujer presidenta de México salió a desmentir a su viejo camarada de lucha armada, pero era demasiado tarde. Desde entonces, Gustavo Petro lo ha reiterado en tres ocasiones más: la mandataria mexicana fue colaboradora de los guerrilleros colombianos. ¿Injerencismo? ¿Violación de la soberanía de otro país?

Lo que el ataque a Estados Unidos y su reversa con la cruda del día siguiente en la mañanera, exculpando a Trump, más la salida para respaldar a Petro y a su izquierda perdedora, exhiben a una presidenta incongruente, a una aprendiz de estadista que se comporta como lo que fue: la activista de una guerrilla urbana que secuestró y asesinó adversarios, tomó por asalto embajadas, incluso el Palacio de Justicia de Colombia y atacó, directamente con bombas, a periodistas y medios de comunicación.

Esa es la genética ideológica que corre por las venas de la mujer que hoy gobierna a México. Una genética que, a pesar de que su amigo Gustavo Petro se la recuerda una y otra vez, ella avergonzada la quiere esconder. Pero no podemos dejar de recordárselo, porque ahí está la clave para entender por qué con el presidente Donald Trump no y por qué con el presidente Gustavo Petro sí. Es lo mismo, pero es diferente.

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