4 de agosto 2026
¡Que alguien me explique!
EUA: ¿A quién le creemos?
Ahora sí, ¡que alguien me explique! La verdad no acabamos de entender el doble discurso que hacia México manejan los más altos funcionarios del gobierno de los EEUU. Es por decir lo menos “esquizofrénico”. Dos visiones contrapunteadas
Por Ramón Alberto Garza
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Ahora sí, ¡que alguien me explique! La verdad no acabamos de entender el doble discurso que hacia México manejan los más altos funcionarios del gobierno de los Estados Unidos. Es por decir lo menos “esquizofrénico”. Dos visiones contrapunteadas.
Por un lado, está el círculo cercano al presidente Donald Trump, que habla una y otra vez del “narcoestado” mexicano. Son los que se burlan de la presidenta Claudia Sheinbaum y anuncian que, en cualquier momento, vendrán agentes norteamericanos por los jefes de los cárteles a los que el gobierno de la Cuarta Transformación no enfrenta, por incompetencia o por complicidad.
En esta línea están Stephen Miller, el responsable de la Seguridad Nacional; Terrance Cole, el director de la DEA; John Rattclife, el director de la CIA; Kash Patel, el director del FBI; y John A. Condon, el director de Homeland Security Investigations. Y no excluyan de esta lista a Jay Clayton, el nuevo director de Inteligencia que ya los está coordinando a todos los llamados “halcones” de la Casa Blanca.
En la acera de enfrente, pero del mismo gobierno de los Estados Unidos, está el ala de “las palomas”, que son aquellos que, lejos de confrontar, buscan aplicar la diplomacia para buscar una causa común. En ese “palomar” están Marco Rubio, secretario de Estado; Christopher Landau, el subsecretario de Estado y Ronald Johnson, el Embajador de Estados Unidos en México.
Son dos discursos diametralmente opuestos. El de los “halcones” es de condena a las complicidades del gobierno de la Cuarta Transformación con el crimen organizado y la corrupción del gobierno; el otro “amigable”, el de las “palomas”, destacando la cooperación entre ambos países y presumiendo logros en el combate a la inseguridad y el combate a las drogas.
Esta semana se dio uno de los mejores ejemplos de este discurso “esquizofrénico”, de dos caras, en el que desde Washington parecen jugar el juego del “policía malo” y el “policía bueno”.
Apenas ayer lunes, el presidente Donald Trump posteó una liga a las redes sociales de Bill O’Reilly, un severo crítico de México, en las que el analista y comentarista dice que México es un gravísimo problema. Textual dice: “México no es amigo de los Estados Unidos. Su gobierno ha estado corrupto por décadas y eso ha llevado al incremento de asesinatos y al tráfico internacional de drogas. Esta no es una opinión, es un hecho”.
Más crítico todavía, Bill O’Reilly escribió que la actual presidenta de México, la socialista Claudia Sheinbaum, “está bajo serias presiones de la administración Trump para que le permitan a los agentes norteamericanos apoyar la erradicación de los increíblemente viciosos cárteles de la droga.
“La señora Sheinbaum ha iniciado unos pocos arrestos, pero no permitirá que las autoridades norteamericanas operen en su país, cuando fácilmente lo podría ordenar. En su lugar, ella culpa a los norteamericanos adictos y a los contrabandistas de armas del problema de México. Un argumento absurdo. Los cárteles han asesinado más de un millón de la gente de Sheinbaum en una década. Deje de crear excusas, madame”.
La severa crítica de Bill O’Reilly fue de inmediato avalada por el presidente Donald Trump en sus redes sociales, en una clara aprobación del inquilino de la Casa Blanca.
Esa condena se suma a las que reiteradamente circularon las semanas anteriores y que, entre otras cosas, lo advirtió el subjefe de Gabinete, Stephen Miller, que “como organización terrorista extranjera, los cárteles de la droga mexicanos se encuentran exactamente en la misma situación jurídica que el ISIS (siglas del Estado Islámico) o Al Qaeda. Excepto que, a diferencia de ISIS o de Al Qaeda, no operan a miles de millas de distancia, sino a pocos metros del lugar al que ustedes acuden cada día para desempeñar sus funciones”, indicó Miller ante miembros de las Fuerzas Armadas condecorados… “Esas organizaciones no sólo exportan muerte a gran escala en forma de narcóticos a nuestro país, sino que también exportan sofisticadas redes criminales, cuyo objetivo es desestabilizar nuestra democracia y acabar con el estado de derecho en nuestro país”.
En contraparte, el mismo día en que el presidente Donald Trump avalaba lo dicho por Bill O’Reilly, el director de la DEA, Terrance Cole, elogiaba la captura de Ramón Álvarez Ayala, alias el “R1”, uno de los más temidos líderes criminales del Cártel Jalisco Nueva Generación. Y en sus redes sociales de X, el jefe de la DEA posteó: “Felicidades por el exitoso operativo y arresto del ‘R1’ por la Secretaría de Seguridad Pública Ciudadana y las Fuerzas Especiales de la Armada en Mexico… Las agencias de seguridad de ambos países, continúan trabajando para compartir información y colaborar en contra de organizaciones criminales transnacionales”. Muy elogioso.
Dos días antes, en la cena de celebración de los 250 años de la Independencia de Estados Unidos, el embajador Ronald Johnson pronunció un muy positivo discurso ante la selecta audiencia reunida en la embajada de Estados Unidos en México, que es hoy la sede más grande del Departamento de Estado fuera de Washington.
Ronald Johnson elogió los lazos, el trabajo y la colaboración con México, que -dijo- han dado resultados concretos en temas
prioritarios en beneficio para ambas naciones.
El embajador de Estados Unidos en México destacó que “la frontera es la más segura que ha habido en su historia”. Recalcó que las muertes por sobredosis de drogas en Estados Unidos disminuyeron hasta en 35 por ciento y se han incautado más de 50 mil armas de fuego. Reconoció el diplomático norteamericano que “México ha realizado decomisos históricos de narcóticos y ha desmantelado miles de laboratorios de drogas”.
Y Ronald Johnson cerró su discurso reconociendo que las agencias de seguridad de ambos países continúan trabajando para compartir información y colaborar en contra de organizaciones criminales transnacionales y organizaciones terroristas. En esa lista incluyó operaciones conjuntas como la dirigida contra “El Mencho” y otros líderes de los cárteles, así como cuatro de los 10 fugitivos más buscados por el FBI.
En pocas palabras, la narrativa de la Casa Blanca y la narrativa del Departamento de Estado -bajo cuya tutela está la embajada de Estados Unidos en México- son diametralmente opuestas.
Por eso, cuestionamos: ¿A quién le creemos? A los “halcones” que rodean al presidente Donald Trump o a las “palomas” que buscan conciliar desde los dominios del secretario de Estado, Marco Rubio.
Pero no habrá que esperar por mucho tiempo. En unas semanas, los hechos hablarán por sí solos, y entonces sabremos si los acuerdos se alcanzan “por la buena” o si Washington acaba por instalar su discurso “a la mala”. ¡Que alguien me explique!
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