7 de julio 2026
¡Que alguien me explique!
Lecciones del “Vasco” para Sheinbaum
La presidenta Claudia Sheinbaum tendría que repasar una y otra vez la génesis de la esperanza y de la euforia nacional que desató la Selección Mexicana en este Mundial FIFA 2026
Por Ramón Alberto Garza
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La presidenta Claudia Sheinbaum tendría que repasar una y otra vez la génesis de la esperanza y de la euforia nacional que desató la Selección Mexicana en este Mundial FIFA 2026.
Quizá, de entre algunos de esos ejemplos, la inquilina de Palacio Nacional pueda tomar nota para realinear a su gobierno y no terminar “expulsada” por juego sucio con Estados Unidos. O lo que es peor, saboteada por los jugadores de la Selección de Palenque y por quien todavía se siente su entrenador: Andrés Manuel López Obrador.
Y es que, a pesar de la no calificación a Cuartos de Final, no podemos regatearle a la Selección Mexicana que nos devolvió, por unas semanas, el espíritu de orgullo a los mexicanos. No fue un “¡Sí se puede!” cimentado en el vacío, como el de siempre. Fue un “¡¿Y si sí?!” que con hechos -y con cuatro victorias consecutivas sin goles- contagió a toda una nación y a muchos otros rincones del planeta. La admiración fue para nuestra Selección, pero también para nuestra festiva y única afición que por millones inundó calles, plazas y avenidas con una hospitalidad sin comparaciones.
Es cierto, no calificamos para Cuartos de Final. Como tampoco lo hicieron Alemania, Brasil, los Países Bajos -grandes potencias- o los otros dos anfitriones, Estados Unidos y Canadá. Pero la calidad del juego de los mexicanos es ya objeto de estudio en todo el planeta. Más que por su presente, que fue muy bueno, por lo que puede dar en su futuro.
Por unas semanas, México escapó del discurso de odios y confrontaciones para unirnos todos en un grito de esperanza, sin diferencias, unidos codo a codo lo mismo en Paseo de la Reforma, que en la Macroplaza de Monterrey o en La Diana de Guadalajara. Eso sí, la presidenta Claudia Sheinbaum se borró a sí misma de esa foto ganadora, alejada de esas multitudes, capturada por sus miedos y secuestrada por sus ideologías. Fue, sin duda, la gran perdedora de esta enorme victoria nacional, porque nunca estuvo “a nivel de cancha”, como sí lo hicieron la princesa de Japón o el Rey de España.
Pero la mala experiencia puede no ser en vano. La inquilina de Palacio Nacional puede aprender de sus errores. Y, sobre todo, puede tomar el ejemplo de quienes con auténtico espíritu de directores técnicos, de dueños de la estrategia, le pueden dejar sobre la mesa algunas lecciones.
La primera gran lección se la dio Javier “El Vasco” Aguirre, quien se salió del molde tradicional de convocar a los grandes egos, a las estrellas solitarias, para plantear una alineación táctica, integrada por jugadores en ese momento poco conocidos, pero que sumados con la estrategia correcta dieron un extraordinario resultado. Y lo que es todavía mejor -como dijo después de perder ante México el entrenador de Chequia- se plantó la semilla de lo que ya se dibuja como una Selección Mexicana reconocida, respetada y con un prometedor futuro. Si se cuidan estos primeros y victoriosos pasos, ya nos veremos las caras en el 2030.
Hace apenas un mes, poco nos decían los nombres de los convocados. Preguntábamos que dónde estaban los Hugo Sánchez, los Cuauhtémoc Blanco, los Rafa Márquez, los Jared Borguetti. Hoy no brillaron las individualidades. Hoy coreamos los nombres de Julián Quiñones, Raúl Jiménez, Gilberto Mora, Edson Álvarez y del porterazo Raúl Rangel, que armaron equipo, que jugaron como nunca antes jugó la Selección Mexicana.
Hoy, el nombre de Gilberto Mora se instala en la historia del futbol mundial al ser el segundo jugador más joven en plantarse en un Mundial FIFA. El primero fue Edson Arantes do Nacimento, “Pelé”, quien debutó con 17 años y 239 días de edad en 1958. El joven Gilberto Mora pisó el pasto mundialista a los 17 años con 259 días. Apenas 20 días más. Y el mexicano ya se convirtió en una de las grandes revelaciones 2026.
Y esa es la gran lección: la presidenta Claudia Sheinbaum no puede continuar jugando el gran partido político de su vida con sólo dos o tres individualidades. Al igual que Javier “El Vasco” Aguirre, la mandataria tiene que salir a reclutar al mejor talento, a replantear su alineación dentro del pobre gabinete que hoy no despierta pasión alguna. Un gabinete que deja caer la pelota, que no la persigue y que está fuera de lugar en Salud, en Educación, en Energía y en manejo político de las crisis.
La inquilina de Palacio Nacional tiene que saber que su gran rival, dirigiendo a trasmano el juego desde Palenque, le tiene sembrados en su gabinete más “seleccionados” que no juegan al ritmo que ella quisiera, sino al que ordena el Director Técnico de Macuspana. Y ninguna Selección Nacional -ni política, ni empresarial ni deportiva- puede funcionar con dos entrenadores en la misma cancha.
La segunda lección que Javier “El Vasco” Aguirre le deja a la presidenta Claudia Sheinbaum es que tiene que confiar en sus instintos. Olvidar todo lo heredado y apostar al futuro. No se puede tener una Selección ganadora en Palacio Nacional cuando la portería política -que es la Secretaría de Gobernación- está convertida en un malogrado restaurante: está llena de mesas vacías, en las que lo único que se negocia es el aplazamiento de las urgentes soluciones. Se patea el balón para adelante, pero no hay goles.
Nada se concreta, nada se cierra, todo está abierto. Bucareli está fuera de lugar, con una enorme tarjeta amarilla que pinta para ser roja. Pero la inquilina de Palacio Nacional no se atreve a deslindar a quien, desde que arrancó el sexenio, le impuso el entrenador de Macuspana.
Y, sin duda, la mayor lección de Javier “El Vasco” Aguirre fue la de lograr sembrar esperanza, unificar el espíritu de toda una nación en torno a un sueño: “¡¿Y si sí?!”. Bien podría la presidenta Claudia Sheinbaum ir haciendo de esa frase iluminada su mantra de gobierno.
¿Y si sí… se atreve a desmarcarse de su antecesor, el Director Técnico de Palenque?
¿Y si sí… deja de defender a los narcopolíticos morenistas para reinstalar el orden en el que la defensa del gobierno sea para las víctimas y no para los cárteles?
¿Y si sí… se abre a la colaboración voluntaria con Estados Unidos para acabar con los cárteles, antes de que desde Washington le den el silbatazo de fuera de lugar con amenaza de expulsión?
¿Y si sí… deja de emplear las posiciones de gabinete a delincuentes que, desde la Secretaría de Educación, sólo tranzan con millones para comprar la paz de los maestros disidentes?
¿Y si sí… va la presidenta Claudia Sheinbaum por los auténticos dueños del criminal huachicol fiscal, se llamen como se llamen, así sean hijos o protegidos de la Selección Nacional de Macuspana?
¿Y si sí… se decide la inquilina de Palacio Nacional a enderezar los apagones que, desde la Secretaría de Energía y desde la CFE, mantienen a oscuras el juego de la inversión a futuro? ¿No es un absurdo que la secretaria de los apagones se llame “Luz”?
Mucho tiene que aprender la presidenta Claudia Sheinbaum del legado de Javier “El Vasco” Aguirre. Ya padeció la derrota de no alinear codo a codo con los mexicanos en los estadios, cosechando la esperanza. Que lo vivido le sirva entonces para hacer un profundo examen de conciencia y rectificar. Está en sus últimos minutos de juego para remontar su adverso marcador.
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