3 de noviembre 2026
¡Que alguien me explique!
Todo puede pasar y nada puede pasar
Todo y nada puede suceder hoy, en las elecciones de medio término para renovar el Congreso de los Estados Unidos. La prueba de fuego para el impredecible presidente Donald Trump ya lo alcanzó en las urnas
Por Ramón Alberto Garza
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Todo y nada puede suceder hoy, en las elecciones de medio término para renovar el Congreso de los Estados Unidos. La prueba de fuego para el impredecible presidente Donald Trump ya lo alcanzó en las urnas.
La lógica y el sentido común dicen que los Demócratas le propinarán un serio descalabro a los Republicanos. Que podrían arrebatarles Estados tan emblemáticos como Texas -desde hace 30 años en poder Republicano- y que incluso los desplazarían del control del Senado.
Pero los Republicanos -con Donald Trump al frente- están dejando “su resto” sobre la mesa. Tienen que revertir la pésima imagen del hombre de la Casa Blanca que tiene casi todas sus batallas perdidas, en estos primeros dos años de su muy accidentado segundo mandato.
A Donald Trump y a su Gabinete le fallaron sus cálculos en la hoy descontrolada y muy prolongada guerra con Irán; le dio la espalda a Ucrania y a su presidente Volodymyr Zelenski para entregarse al ruso Vladimir Putin, a cambio de 4 mil millones de dólares de diésel; evidenció su pacto a cualquier precio con el israelí Benjamín Netanyahu: rompió relaciones con Europa y abandonó a su suerte a la OTAN.
También entró en conflicto con sus vecinos estratégicos del libre comercio -México y Canadá- y de paso castigó al mundo entero con la imposición de caprichosos aranceles. Y todas esas decisiones tomadas sobre órdenes ejecutivas firmadas sobre las rodillas, desde la sombra de su egolatría y su recurrente mitomanía, tienen a los Republicanos en la antesala de un descalabro. La síntesis de este su segundo y hasta ahora fallido mandato es que Donald Trump abandonó a sus aliados -Europa, Canadá, México- y se alió con sus adversarios -Rusia y China-.
A eso se le deben sumar sus recurrentes conflictos de interés personal y familiar, desde el regalo de un jet Boeing hecho por un jeque árabe para reemplazar el Air Force One, pasando por el negocio familiar de sus propias criptomonedas, hoy devaluadas, y alcanzando los cuestionados negocios de su hijo Donald Trump Jr. y de su yerno Jared Kushner. Y ni qué decir de los reiterados escándalos en su Gabinete, con renuncias exprés de funcionarios y funcionarias, en medio de grandes escándalos.
Pero el epicentro del descontento –“¡Es la economía, estúpido!”– está en el creciente costo de vida para las familias norteamericanas que sufren por los precios exhorbitantes de los combustibles, el aumento en la tasa de interés de sus hipotecas y, en general, por un incremento promedio de dos mil 200 dólares anuales en el gasto de cada familia.
En los números de un día antes de la elección, sólo un 32 por ciento de los norteamericanos aprueban la gestión de Donald Trump; y un 67 por ciento reprueban sus políticas y sus manejos de la economía. Y esas cifras negativas son las que amenazan hoy con despojar al Partido Republicano de su control sobre el Senado. Y si eso llegase a suceder, las posibilidades de que los Demócratas promuevan un juicio político para el actual inquilino de la Casa Blanca son muy elevadas.
Y a pesar de que los liderazgos Demócratas no están a la altura de la oportunidad, entregándole sus bastones de mando a su ala más socialista, con figuras como Alexandria Ocasio-Cortez y Zohran Mamdani, están logrando desplazar a los Republicanos de estados clave. Pocos imaginarían hace apenas dos años que los trumpistas del poderoso movimiento Make América Great Again fueran a ser desafiados en estados tan insignia como Texas, Michigan, Ohio, Maine, Alaska, Kansas y Iowa.
Nadie creería que, en enclaves en los que Donald Trump ganó hace dos años con ventajas de dos dígitos, hoy muestren una ventaja de hasta 9 puntos, pero en favor de los Demócratas. Texas y Kansas caen en esta categoría. Y lo que es todavía más dramático, hace apenas dos años, los Republicanos aventajaban por seis puntos a los Demócratas en la percepción nacional de un buen manejo de la economía. Hoy, las encuestas se revirtieron y le dan esa ventaja a los Demócratas por ocho puntos porcentuales.
Y en medio de ese desbalance geopolítico, económico y militar, el abierto apoyo de las grandes élites de billonarios que apuestan todo en favor de un Donald Trump que les ha facturado la nación. Estimaciones publicadas por The New York Times advierten que sólo Elon Musk, el hombre más rico del planeta, habría aportado en esta elección 500 millones de dólares a Donald Trump y los candidatos Republicanos. Su contraprestación: el inquilino de la Casa Blanca ya anunció que, pase lo que pase en las urnas hoy martes, buscará otorgarle al dueño de Tesla y Space X un ”perdón anticipado” que lo blinde y le dé inmunidad ante cualquier investigación o juicio legislativo sobre sus negocios, si el Senado acaba dominado por los Demócratas. De ese tamaño es el compromiso. De ese tamaño es la seguridad de que “van a ganar” hoy en la urnas.
Pero, a pesar de tantas evidencias, la desbandada Republicana no se refleja en las encuestas. Ochenta por ciento de los partidarios de Donald Trump que votaron por él hace dos años dicen que continuarán leales a su partido en la elección de hoy.
Y desde Texas, el ex presidente Republicano, George W. Bush, mueve algunos hilos de los Republicanos indignados y de los Demócratas de derecha buscando sacudirse el liderazgo de quien hoy tiene -para mal y para peor- el dominio sobre el Partido en el Poder que alguna vez fue patrimonio político de Texas y de los Bush.
Pero aún con tanto viento en contra, nadie se atreve en Estados Unidos a dar un pronóstico definitivo, contundente, sobre el posible resultado de hoy. La moneda está en el aire. Si el resultado de las urnas arroja que los Republicanos mantienen -“haiga sido como haiga sido”- su control en el Senado, Donald Trump se crecerá y exponencialmente se ensanchará su ego. Y si los Demócratas le arrebatan el control del Senado, el inquilino de la Casa Blanca podría recurrir a cualquier sorpresa para invalidar el resultado y dar un golpe de timón.
Ya lo vimos hace seis años, cuando el 6 de enero de 2021, el entonces presidente Donald Trump perdió la elección frente al demócrata Joe Biden y desató la furia de los suyos en una violenta toma del Capitolio, la sede del Poder Legislativo. Siempre negó estar detrás de ese fallido golpe a la democracia, pero ya como mandatario en este segundo periodo, perdonó a los mil 500 golpistas que le profesaron fidelidad eterna. Quizás porque se les vaya a necesitar en las próximas semanas. Y es que dado el panorama que se respira hoy martes 3 de noviembre, todo puede pasar… y al mismo tiempo, nada puede pasar.
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