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26 de octubre 2026

26 de octubre 2026

¡Que alguien me explique!

“Almoloya a tus pies, chamaca”

Un día antes decía que no renunciaría, que esperaría “a que las cosas se enfríen”. Horas después, algo dramático debió suceder para que Guadalupe Taddei diera completa reversa a su dicho y presentara, ante el Congreso, su carta de renuncia como presidenta del INE

Por Ramón Alberto Garza

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Un día antes decía que no renunciaría, que esperaría “a que las cosas se enfríen”.  Horas después, algo dramático debió suceder para que Guadalupe Taddei diera completa reversa a su dicho y presentara, ante el Congreso, su carta de renuncia como Consejera Presidenta del Instituto Nacional Electoral (INE).

Nadie en su sano juicio compra aquello de que “después de una profunda reflexión” la cuestionada directora del máximo órgano electoral de México decidió, por voluntad propia, dejar el estratégico cargo. La única verdad es que la renunciaron.

No la podían proteger como a Andy López Beltrán, como a Adán Augusto López o como a Amílcar Olán, porque en el caso de Guadalupe Taddei su responsabilidad es otorgada por el Congreso. Y la Oposición ya estaba desenfundando sus rifles para fusilarla. Sobre todo, cuando advertían que una renuncia de por medio no sería suficiente, que habría que escalar el caso hasta sus últimas consecuencias: la consignación y la cárcel.

Por eso, no fue difícil “convencer” a Guadalupe Taddei de que cambiara de opinión. Después de la catarata de investigaciones publicadas por el Grupo Reforma y por Latinus, no existía otra opción que salirse de la escena, porque de no hacerlo, continuarían las filtraciones que exhibirían todavía mayores montos de asignaciones -y por ende, de corruptelas- hacia su proveedor más querido, el favorito, con quien le gustaba comer: José Alfredo Hernández Casillas. La estimación es que las “asignaciones a modo” podrían superar los 750 millones de pesos.

De hecho, la presunción es que fue el mismo proveedor -quien aparece como prestanombres, facturero y socio de media docena de empresas que le dan “servicio preferencial” al INE- el que se habría ofrecido como testigo protegido y al que le habrían ordenado que filtrara los detalles con fotografías y audios a distintos medios. En todo lo que aparece, la imagen de José Alfredo Hernández es el común denominador.  Él festejando en su cumpleaños a la directora del INE; él en fiestas y comidas con ella; él grabando con su teléfono el “champañazo” en la habitación de 200 mil pesos diarios en el viaje de súper lujo del hijo de Guadalupe Taddei a Europa, en el que el mismo José Alfredo Hernández graba la escena y le dice al junior: “París a tus pies, chamaco”, con la escenografía desde su ventana de la Torre Eiffel y el Museo de Louvre.

Y se habla de que el padrino que patrocinó todas las filtraciones fue José “Míster Huawei” Merino, alias Pepe Merino, el tecnólogo favorito de Palacio Nacional, quien tenía serias diferencias con Guadalupe Taddei y su círculo cercano de proveedores para controlar las compras y asignaciones de los equipos tecnológicos para “modernizar” al INE rumbo al 2027 y el 2030.

Aunque, en el fondo, lo que sucedió con la ahora renunciada Guadalupe Taddei fue lo que suele pasar con la mayoría de los políticos que se contagian con el Síndrome de Hubris o la también llamada “Enfermedad del Poder”. Creen que una vez arriba son intocables, invencibles, infalibles e invisibles. La arrogancia y la insolencia son sus marcas para ejercer ese poder que -se les olvida- tiene fecha de caducidad.

Guadalupe Taddei se creyó infalible e intocable como presidenta del INE, porque en su soberbia sentía que Morena -el Partido en el Poder- le debía “el favor” de allanarles el camino para lograr, en 2024, la victoria sin protestas de Claudia Sheinbaum, por encima de cualquier duda. Fue Guadalupe Taddei la que también operó la operación de la llamada Mayoría Calificada en la Cámara de Diputados, con la que se lograron decenas de reformas constitucionales sin consultarle a la Oposición.

Ni qué decir que el INE jugó un papel crucial para validar el uso de “acordeones” en las urnas, con lo que Morena pudo adueñarse del Poder Judicial y consolidar el control de los organismos electorales, acabando por desmantelar a la República. En pocas palabras, a Guadalupe Taddei le falló el cálculo de su blindaje construido a punta de favores.

Lo que la Unidad de Inteligencia Financiera descubrió es -por decir lo menos- indefendible, intransitable e insalvable. Y sostener su capricho de dejar “que las cosas se enfríen” iba a terminar por calentar más el caso, con nuevas revelaciones. Y eso, ya con el año electoral a cuestas, podría desembocar en una crisis político-electoral que acabaría por cuestionar toda la elección y poner a Morena contra la pared y a la Mayoría Calificada en peligro.

Asimilada la “renuncia voluntaria” lo que será difícil es no continuar con las investigaciones hasta definir de cuánto es el monto final de las asignaciones a los proveedores favoritos, comenzando por José Alfredo Hernández.

Quizás cuando ambos sean juzgados y consignados, sea el mismo proveedor quien desde su teléfono celular grabe la escena en la que le diga a Guadalupe Taddei: “Almoloya a tus pies, chamaca”.

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