4 de mayo 2026
¡Que alguien me explique!
Rocha, Claudia, Palenque y AMLO
Por más que lo intentaron defender desde todos los rincones de la Cuarta Transformación y él mismo decía que estaba “limpio”, que resistiría, fue inevitable. Rubén Rocha Moya debió salir a pedir licencia como gobernador de Sinaloa
Por Ramón Alberto Garza
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Por más que lo intentaron defender desde todos los rincones de la Cuarta Transformación y él mismo decía que estaba “limpio”, que resistiría, fue inevitable. Rubén Rocha Moya debió salir a pedir licencia como gobernador de Sinaloa.
Por más que la presidenta Claudia Sheinbaum diga que “aquí no pasa nada” y defendiera por cinco mañaneras consecutivas a su protegido gobernador morenista -ahora con licencia- la inquilina de Palacio Nacional se vio obligada a volar hasta Palenque. Fue un viaje disfrazado de “gira presidencial”.
Con un poco de “cabeza fría”, la presidenta Claudia Sheinbaum debió haber cancelado esa sospechosa gira, porque la especulación nacional dibujaba que se vería con su antecesor en algún sitio cercano a “La Chingada”. Si se vieron o no, es lo de menos. Ella fue a ponerse a modo, al alcance de quien le heredó la silla presidencial, en el barrio sede de “La Chingada”. Lo hizo por torpe decisión propia o porque la mandaron llamar para hacer el “parte de guerra”. Andrés Manuel López Obrador ya sabe lo que se le viene en los próximos meses a su Cártel de Tabasco.
La enorme confrontación con el gobierno de los Estados Unidos orilló a la inquilina de Palacio Nacional a “tragar sapos”, a forzar la salida del gobernador acusado de ser fachada del crimen organizado en la capital mundial del narcotráfico, Sinaloa. Pero esa crisis imparable obligó también a la presidenta Claudia Sheinbaum a guardar en el cajón “su soberanía” y a perder la vergüenza de que México sospechara que acudía hasta la tierra de su antecesor y líder moral de Morena para “recibir línea”, para evaluar los próximos pasos para encarar la peor crisis política desde que Andrés Manuel López Obrador y la 4T asumieran, en 2018, el control de México, con el evidente padrinazgo de los cárteles, los del huachicol y los del fentanilo. Saben que, a estas alturas, ninguna línea telefónica es confiable, que todo es geoposicionable, y que la única forma de trazar una ruta conjunta -Sheinbaum-López Obrador- es hacerlo personalmente, en medio de severas medidas de seguridad.
No hay duda. La exigencia de la licencia del gobernador Rubén Rocha Moya vino desde Washington. Desde las tierras del Potomac se invocaron -y con razón- los tratados de extradición entre ambos países. Nada de pedir pruebas a priori. Esos tratados dicen, claramente, que el país que solicita al extraditado, una vez que se le entregue, tiene 60 días para aportar las pruebas y dictar -juicio público de por medio- la sentencia de culpable o inocente. Y no existió más salida que salir a pedir las licencias del gobernador de Sinaloa y del alcalde de Culiacán. ¿Cuándo pedirá licencia al senador de Badiraguato, Enrique Inzunza Cázarez?
Sobrarán los que se cuestionen el por qué la presidenta Claudia Sheinbaum perdió todo el pudor político, hasta el extremo de tener que satisfacer a dos amos, por darles gusto -aunque ella lo niegue- “a la espada” y a “la pared”.
“La espada” se ubica en Palenque y es empuñada por el Cártel de Tabasco. Es un abierto chantaje, una amenaza de que si ella “entrega” a Estados Unidos a alguno de los socios del Cártel de Tabasco, ella se hunde con ellos en el descrédito. Sea Audomaro Martínez, Adán Augusto López, Mario Delgado o incluso Andrés Manuel López Obrador o “Andy” López Beltrán, cualquiera que fuese detenido acabaría por revelar que los fondos de la campaña presidencial de 2024 para instalar a Claudia Sheinbaum, en Palacio Nacional, salieron de los mismos cárteles que vienen financiando el empoderamiento de Morena. Esa es “la espada”. “Si muere alguno de nosotros, mueres tú también”. Por eso, no había forma de decirle que no a “la gira presidencial” de este fin de semana a Palenque y a Cancún.
“La pared” se ubica en Washington y es levantada por el presidente Donald Trump, quien al mismo tiempo que llama simpática y buena mujer a la presidenta mexicana, se mofa de ella imitando su voz al manifestar sus temores por combatir al narcotráfico y rechazar el apoyo militar norteamericano para enfrentar a los poderosos cárteles.
Después de evidenciar el asalto sobre Venezuela y la sorpresiva captura del presidente en funciones, Nicolás Maduro, quedó más que claro que dentro de la nueva política exterior norteamericana, “la ley no es la ley”. Y esa es la sombra que pesa hoy sobre Colombia, Cuba y, por supuesto, México. Todo en la víspera de la elección de noviembre en la que los republicanos buscan, desesperadamente, conservar la mayoría.
Esa es la fuerza que coloca a la presidenta Claudia Sheinbaum contra “la pared”. Por eso, la sorpresiva licencia que se le exigió a Rubén Rocha Moya, a pesar de que el morenismo lo defendía a capa y espada. “No estamos preguntando”, le dijeron a la presidenta Claudia Sheinbaum desde el Departamento de Estado. Y ese es el primer paso para que la inquilina de Palacio Nacional sienta el rigor de “la pared”. Pero está claro, por su viaje a Palenque, que no entendió el mensaje.
En pocas palabras, a la presidenta Claudia Sheinbaum le llegó la hora de definirse. O se va con “la espada” o elige “la pared”. Pero intentar quedar bien con ambas, será imposible. Esperen el próximo coletazo frente a la insistencia de defender una falsa soberanía.
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