5 de mayo 2026
¡Que alguien me explique!
‘Hijos de la Tiznada’
De hijos de “La Chingada” -la finca donde se exilia su padre político- a hijos de “La Tiznada”, vástagos de un nuevo liderazgo morenista que nació el domingo pasado con una enorme mancha
Por Ramón Alberto Garza
COMPARTE ESTA HISTORIA
De hijos de “La Chingada” -la finca donde se exilia su padre político- a hijos de “La Tiznada”, vástagos de un nuevo liderazgo morenista que nació el domingo pasado con una enorme mancha.
Patética y lamentable fue la entronización de Ariadna Montiel como nueva presidenta nacional de Morena, cuando quien le alzó la mano fue nada menos que Andrés Manuel López Beltrán, el jefe del “Modus OperANDY” del huachicol desde Pemex, el vástago corrupto que encarna los peores excesos de la Cuarta Transformación. El de los negocios con Daniel Asaf y Amílcar Olán, el del tráfico de balastro y de medicamentos, el que busca inducir las listas de candidatos de 2027 para garantizar su candidatura presidencial en 2030.
Y peor aún, que ese relevo en las altas esferas de Morena se dé en el peor momento de la historia de ese partido, cuando uno de los suyos, de los consentidos del “narcopoder” -Rubén Rocha Moya- es obligado a pedir licencia como gobernador de Sinaloa, acusado por la justicia de los Estados Unidos de ser benefactor y protector del Cártel de Sinaloa.
Fallaron los cálculos del ala sensata de Morena para lograr una transición limpia hacia lo que se esperaba sería un nuevo liderazgo del oficialismo, con destino a encarar las elecciones intermedias de 2027.
Se buscaba relevar de la presidencia a Luisa María Alcalde y de la Secretaría de Organización a Andy López Beltrán. Sólo lo lograron con la que hoy pasó a ser -después de “pensarlo mucho”- la Consejera Jurídica de la Presidencia. Con el junior de la 4T se toparon. Era el más urgente para ser relevado, Luisa María Alcalde era todavía defendible. Pero pudo más esa mano visible que mueve los hilos desde “La Chingada” y que acabó llenando de tizne, lo que se buscaba que fuera “una nueva y limpia etapa”.
Está claro que, poco o nada pudo hacer la presidenta Claudia Sheinbaum para establecer a los suyos al frente del cuestionado partido, hoy bajo la lupa de los Estados Unidos, con acciones que amenazan con instalarlo como partido al servicio del crimen organizado, es decir, de los calificados terroristas.
Los candidatos idóneos para un ajuste de rumbo e imprimir un sello propio de la presidenta habrían sido Alfonso Durazo, Alfonso Ramírez Cuéllar o incluso Citlalli Hernández. Pero desde Palenque se impuso Andrés Manuel López Obrador para ejercer su “derecho de tanto” como accionista mayoritario de Morena y no perder el control de la secta política que él creó y de la que se dice su líder moral.
La salida de Luisa María Alcalde y la entrada de Ariadna Montiel se vieron opacadas por la gira a Palenque y a Cancún que hizo, el fin de semana, la presidenta Claudia Sheinbaum. Se hizo bajo sospecha de que se vería con su antecesor para trazar una estrategia frente a los embates que se vienen desde Washington y que contra la voluntad de Palenque ya se estrenaron con las denuncias criminales contra el ahora gobernador con licencia Rubén Rocha Moya.
Fue tan evidente el momento anticlimático del relevo en la dirigencia de Morena, que la fotografía que dominó el evento fue la de Andy López Beltrán levantándole la mano a Ariadna Montiel. Esa fue una clara demostración de que su dueño está en Palenque y que ese, su muy cuestionado hijo, acudió al ungimiento como embajador de su padre para reclamar su territorio.
Nadie de los oradores pudo salir a defender a Rubén Rocha Moya. Frente a la incertidumbre de las acusaciones, sería suicida. Todos, en cambio, invocaron el espíritu de “soberanía” que empuña y reclama la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero esa retórica no es suficiente. Hasta ahí les alcanzó.
Y no lo es porque ignoran que al gobernador con licencia de Sinaloa, al que acusan de tener pruebas que lo vinculan con el Cártel de Sinaloa, está a punto de que le apliquen, en Estados Unidos, la llamada Ley RICO. Es la severa legislación anticorrupción que textualmente “permite procesar a los líderes de una banda por delitos cometidos por sus subordinados si se demuestra un patrón de, al menos, dos actividades delictivas en 10 años, con penas de hasta 20 años de prisión y confiscación de bienes”. Ahí se encasilla a Rubén Rocha Moya y a media docena de políticos morenistas de alto perfil.
Si en el juicio que le harán, en los Estados Unidos, al gobernador con licencia de Sinaloa le prueban al menos dos actividades delictivas -que no será nada difícil-, Rubén Rocha Moya no sólo iría a prisión, sino que le confiscarían todas sus cuentas bancarias y propiedades en Estados Unidos.
Por eso decimos que, el acto del relevo en Morena, fue muy inoportuno, por decir lo menos. Se realizó en el peor momento de la breve historia de ese partido que hoy detenta el poder absoluto, pero que en cualquier momento, podría ser proscrito e incluso desmantelado después de que procesen no sólo al gobernador con licencia, sino a tres o cuatro personajes más.
Pasamos de los llamados “Hijos de La Chingada”, quienes desde Palenque reciben instrucciones por encima de las voluntades de Palacio Nacional, a ser los “Hijos de La Tiznada”, los que están sucios, manchados por sus relaciones inconfesables con el crimen organizado, que con sus dineros mal habidos instalaron a esos políticos en el poder, a cambio de protección.
A lo que estamos asistiendo es a la aceleración de los procesos en los que el gobierno del presidente Donald Trump confrontará lo que es, evidentemente, un narcoestado en México, su vecino geográfico más importante, su principal socio comercial. Es el país en donde cientos de empresas norteamericanas tienen invertidos cientos de miles de millones de dólares en cadenas de suministro que la Casa Blanca no permitirá que sean dislocadas por las alianzas criminales entre Morena y los cárteles productores del mortal fentanilo. Rubén Rocha Moya es apenas el botón de muestra de lo que les espera a los que pasarán muy pronto a engrosar las filas de los “Hijos de la Tiznada”.
Más contenido de ¡Que alguien me explique!
El análisis de Ramón Alberto Garza sobre los temas más relevantes