26 de agosto 2024
¡Que alguien me explique!
La muerte de la República
Falso, falsario, indignamente mentiroso, AMLO prometió al asumir la Presidencia que sería respetuoso del Poder Judicial. Que no se metería ni con jueces, ni con magistrados, ni con los ministros de la Corte. Hoy asistimos a la antesala de lo que podría ser el funeral de la República
Por Ramón Alberto Garza
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Falso, falsario, indignamente mentiroso, Andrés Manuel López Obrador prometió al asumir la Presidencia que sería respetuoso del Poder Judicial. Que no se metería ni con jueces, ni con magistrados, ni con los ministros de la Corte. Y como ocurrió con tantas otras promesas, mintió. Está en su naturaleza. Texcoco, Ejército, transparencia, combate a la corrupción, hijos fuera de los negocios políticos.
Hoy asistimos a la antesala de lo que podría ser el funeral de la República. El de la creación de una mayoría calificada en el Congreso, concedida por obra y gracia de un Instituto Nacional Electoral, presidido por Guadalupe Taddei, una morenista amiga del presidente. Esa es la estocada que asesinará a la democracia en México.
Los tres poderes de la Unión -el Ejecutivo, el Legislativo y el Judicial- se manejarán con un solo hilo, no desde Palacio Nacional, sino desde una finca en Palenque que lleva por nombre La Chingada. Curiosamente, el mismo destino que cargará a cuestas nuestro país si no se frena el golpe que están a dos senadores de asestarle al Poder Judicial en México.
¿Quieren una probadita de lo que pasaría si personajes muy populares, pero muy ignorantes o muy facciosos, electos por el pueblo “bueno y sabio”, toman en sus manos el control de la justicia? Asómense a lo que sucedió ayer en Sinaloa.
Por segunda ocasión, el muy popular presidente López Obrador -involucrando criminalmente a su acólita Claudia Sheinbaum- fue hasta el estado capital del narcotráfico para darle su apoyo abierto al gobernador Rubén Rocha.
Sí, es el mismo gobernador que en abundantes testimonios y pruebas recibió cientos de millones de pesos, no sólo del huachicol fiscal producto del contrabando de combustibles, sino de algunos de los más renombrados capos de la droga de Badiraguato.
Es el gobernador Rubén Rocha, quien hoy está en el ojo del huracán, metido hasta la médula en la entrega o traición de Ismael “El Mayo” Zambada a la justicia norteamericana.
El mismo gobernador morenista que convocó a la reunión con “El Mayo” y en la que el capo revela que fue asesinado, ahí mismo, su amigo el legislador Héctor Melesio Cuén, adversario de Rubén Rocha.
De acuerdo a las últimas revelaciones de otro de los asistentes a esa reunión, Fausto Ernesto Corrales Rodríguez, él escuchó las voces del gobernador Rubén Rocha y de su secretario de Gobierno, Enrique Inzunza, cuando en el lugar al que acudieron era asesinado Héctor Melesio Cuén. Ya existe un testigo al que se tiene que declarar. Si es que antes no lo secuestran o se le encuentra sin vida.
El gobernador morenista dirá que él nada tiene que ver. Que se fue a Disney en el avión de su amigo Jesús Vizcarra, el dueño de SuKarne. Muy bien, que muestre el cierre del vuelo en Los Ángeles y que exhiba su pasaporte y el de sus acompañantes sellados con día y hora de ingreso a los Estados Unidos.
La presunta hoja de vuelo que se presenta puede no ser la final. Siempre un minuto antes de iniciarse cualquier vuelo, el piloto puede modificarla para subir o bajar pasajeros, para cambiar la ruta o para cancelar el vuelo. Que citen a declarar bajo juramento al piloto de Vizcarra, compadre de “El Mayo”.
Pero ni lo denunciado por el capo ya recluido en los Estados Unidos, ni los testimoniales de Fausto Ernesto Corrales Rodríguez, fueron suficientes para alejar a López Obrador y a Sheinbaum de Sinaloa.
Aunque ya habían dicho que las giras de despedida del inquilino de Palacio Nacional se habían terminado, ampliaron la última en La Laguna para pegar un brinco a Culiacán y volver a verse en público para apoyar, por segunda ocasión en dos semanas, al cuestionado gobernador Rubén Rocha. ¿Algo tenían que hablar en persona?
En pocas palabras, si el popular López Obrador se postulara bajo las nuevas reglas para ser juez o magistrado, ya veríamos cómo en medio de la investigación, sin haberse concluido, le daría el espaldarazo al inculpado. Incluso, iría a la casa del sospechoso para decirle a su familia que “es inocente”, aunque las pruebas muestren lo contrario.
Eso es lo que nos espera con los jueces “electos” que, sin duda y bajo el sello de Morena, inundarán el nuevo Poder Judicial en México. Ya ven cómo el huachicolero en jefe, Mario Delgado, quien dispersó miles de millones como presidente de Morena ya tiene su premio: Secretario de Educación a partir del primero de octubre.
En el fondo, el presidente López Obrador se vio obligado a volver a Sinaloa porque está muerto de pánico al intuir que, si cae el gobernador Rubén Rocha, deberá caer también su delegado en los días de campaña, Américo Villarreal, ahora gobernador de Tamaulipas.
El común denominador de ambos gobernadores que alcanzaron el poder por la gracia de los dineros del huachicol fiscal y del narco, es que en ambas historias existen asesinatos.
En Sinaloa, el de Héctor Melesio Cuén y media docena de lugartenientes de “El Mayo”. En Tamaulipas, el desmantelamiento de la red huachicolera que se inició con el asesinato de Sergio Carmona y continuó con el asesinato del alcalde panista de Ciudad Mante, Noé Ramos, y los recientes ataques con arma de fuego al magistrado del Tribunal Electoral de Tamaulipas, Édgar Danés, y al ex alcalde panista de Padilla, Eduardo Alvarado, cuyo hermano apareció asesinado en el ejido tamaulipeco de El Barretal.
Pero el presidente López Obrador y su inminente sucesora Claudia Sheinbaum, están en “la gira del perdón”. Ellos sentencian, con investigaciones en curso y con testimonios contundentes, que los sospechosos son inocentes. Se toman la foto, le levantan la mano. No puede ser de otra manera, son morenistas. Los cubre el manto de la impunidad.
Si el inquilino de Palacio Nacional da esas muestras de complicidad con los políticos ligados al crimen organizado, sin consecuencia alguna, ya pueden ver reflejado en ese espejo en lo que se convertirá el sistema de justicia de nuestro México. Para conseguir la absolución de cualquier crimen, habrá que peregrinar hasta “La Chingada”. Y esa será la muerte de la República.
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