26 de febrero 2024

26 de enero 2024

Opinión

#ConTaconesEntreLegos | ¡Libertad de Expresión!

Con tacones entre legos

AMLO, al igual que Echeverría, entra violentamente a la redacción de cualquier medio de comunicación y calla al periodista. El golpe más reciente a la libertad de expresión: el de Azucena Uresti

Por Marcela Garza Barba

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“La vida se oculta en el futuro. Apenas algunos tienen ojos para la niebla cerrada. Nuestro caso fue dramático: llevábamos los ojos en la nuca. Provocamos la exclusión de nuestros compañeros. Gobernación pagaba, y Gobernación nos marcó el alto cuando lo juzgó oportuno”.

Jorge Velasco

Periodista Excélsior 1976

Vivimos un retroceso.

Hoy, a México lo gobierna el viejo PRI.

Aquel PRI de Luis Echeverría.

Ese mismo PRI que calló las voces democráticas de 1976, como la del periodista Julio Scherer García.

Ese viejo PRI está camuflajeado de MORENA.

Ahí está el presidente Andrés Manuel López Obrador, en pleno 2024, silenciando voces que con tanto trabajo y esfuerzo tratan de informar, en pos de la verdad.

AMLO y los suyos dicen lo contrario.

Pero ahí están las mañaneras acosadoras.

Cada vez que escribo y hablo sobre el presidente Andrés Manuel López Obrador no dudo en “googlear” al ex presidente de México, Luis Echeverría.

Me parecen tan iguales.

Un estilo de gobernar autocrático.

Basado en amenazas y acoso público para dar un solo mensaje: “Aquí mando yo”, “estás con ellos o con nosotros”.

Y la cereza del pastel -y lo más peligroso-, ambos mandatarios se embriagan de poder y atentan contra la libertad de expresión cuando no les gusta lo que dicen sobre ellos y los suyos, y más cuando existen pruebas que lo confirman.

¡Claro, ellos siempre tienen la razón sobre todas las cosas!

Son los dioses de la verdad.

Echeverría silenció a Julio Scherer García y a su equipo, el 8 de julio de 1976, en las instalaciones del periódico Excélsior.

Lo hizo violentamente.

Se convocó a la asamblea de la cooperativa ilegalmente e impuso, tal cual “dedazo”, a Regino Díaz Redondo como director del diario.

¿La razón?

Scherer y su equipo publicaban investigaciones y editoriales sobre la corrupción en el gobierno de Echeverría.

Y, obviamente, a Echeverría no le gustaba que mancharan su nombre.

Tronó dedos, corrió violentamente a Scherer y a su equipo de las instalaciones de Excélsior y de ahí el gran parteaguas del periodismo mexicano.

Hay un antes y un después de la expulsión de Scherer del periódico Excélsior.

La libertad de expresión fue golpeada y aunque Echeverría y los medios corruptos llamaron a estos hechos “La Crisis de Excélsior”, nada más lejos de la verdad.

Scherer no tardó en fundar Proceso, el mismo año, un 6 de noviembre y de ahí, la democracia en los medios de comunicación en México.  

Hoy, en pleno 2024, me atrevo a decir que estamos repitiendo la historia, aunque con otros tintes más de estos tiempos.

No se necesita entrar violentamente a las instalaciones de un diario ni organizar asambleas ilegales.

Eso, para un gobierno de estos tiempos, sería el fin.

Por eso, mejor maquillar la violencia desde el púlpito del poder, desde la mañanera.

En donde AMLO hace y deshace a los periodistas a su manera.  

En esas mañaneras, sí que hay libertad de expresión y con tintes groseros, misóginos y abusivos.

Entremos a los golpes a la libertad de expresión de este sexenio.

El de Azucena Uresti, el más reciente.

Que si Milenio ya sabía, que si le marcaron pauta o no, que si le dieron un ultimátum.

Ahí está, la verdad de Azucena, no creo que alguien con la trayectoria y con la ética que ha mostrado hasta ahora se atreva a mentir.

Entonces, en este cuento de Milenio, el presidente y Azucena, ¿quién dice la verdad?

Lo cierto es que Azucena ya incomodaba.

Desde los temas de madres buscadoras hasta los de los cárteles, en los que se pronunciaba en pos de los ciudadanos y no del presidente.

Y todavía, el presidente se atreve a tomar el micrófono en su mañanera y menospreciar a la periodista.

El de Carlos Loret de Mola.

Ni se diga.

No importa si trae pauta de la oposición.

Que si Latinus es financiado por quién sabe quién o no.

Que si Mexicanos Contra la Corrupción trabaja en conjunto con gente en Estados Unidos.

Lo cierto es que papelito habla y los reportajes e investigaciones de Loret de Mola no hacen más que poner en el ojo del huracán al presidente y a los suyos, más puntualmente a sus hijos y a sus amigos.

Estamos hablando de actos criminales.

Y el presidente se lava las manos con una mañanera y expone a un Loret de Mola al hacer público su sueldo e inmuebles que tiene.

¡De no creerse!

Pero sigamos ahora con otra mujer periodista.

El de Carmen Aristegui.

Que, por cierto, desde aquella vez en 2022 cuando el presidente la expuso por sacar reportajes en contra de su gobierno, no se le había escuchado como antes.

Bajó un poco su voz hasta esta semana que la volvió a levantar con el reportaje del desvío del TUA.

Y aún así, AMLO arremetió en su contra y se le lanzó tajantemente desde el púlpito de la mañanera.

¡Que descaro!

Y la lista sigue.

El de Ciro Gómez Leyva.

Que, por cierto, sufrió un atentado en el que casi le cuesta la vida.

Y aunque existen varias versiones y ya hay detenidos, está la versión de Raymundo Riva Palacio, en la que asegura que un militante de Morena fue el que actuó -por cuenta propia- en contra de Ciro porque dijo que le haría un favor al presidente que siempre habla del periodista en sus mañaneras.

¡Así, tal cual!

Y ni se diga los golpes a Joaquín López Dóriga y Jorge Ramos, a quienes también los ha mencionado un sinfín de veces en la mañanera y que cuando le sacan sus trapos al sol -como Ramos lo hizo con los homicidios-, los reta con montos de sueldos y empieza el linchamiento público de los morenistas.

Vaya manera de querer silenciar lo indefendible.

Porque tanto Azucena, como Loret, Aristegui, Gómez Leyva, López Dóriga y Ramos hacen una labor periodística y tienen el derecho a opinar, como cualquier otro periodista o ciudadano.

Dudo mucho que sean calumnias las que documentan, al contrario, nada más cerca de la verdad, pues son periodistas serios y entregados.

AMLO, al igual que Echeverría, entra violentamente a la redacción de cualquier medio de comunicación y calla al periodista.

No lo tiene que hacer físicamente, como lo hizo Echeverría en 1976, lo hace verbal y virtualmente hacia un público de red social en 2024, y eso es más peligroso aún.

Hoy se escribe temblando.

Se habla con voz entrecortada.

Gracias al acoso desde Palacio Nacional.

Pero la libertad de expresión es de cada mexicano, de cada periodista y esa ni Luis Echeverría nos la quitó y menos el presidente Andrés Manuel López Obrador.

Al contrario, alzaremos más la voz por la libertad.

¿O no, colegas periodistas?

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