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12 de octubre 2026

11 de octubre 2026

¡Que alguien me explique!

Del verano del 68, al otoño del 2026

Con frecuencia, tenemos que asomarnos a la historia no sólo para recordarla, sino para reaprender de ella y no volver a tropezar con la misma piedra

Por Ramón Alberto Garza

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Con frecuencia, tenemos que asomarnos a la historia no sólo para recordarla, sino para reaprender de ella y no volver a tropezar con la misma piedra.

En España, al igual que en México, sus muy cuestionados gobiernos están hoy contra la pared. Y la corrupción, la incompetencia y la falta de buen gobierno -tanto del español Pedro Sánchez como de la mexicana Claudia Sheinbaum- desesperan ya a las mayorías ciudadanas que están decidiendo otros caminos, como salir a tomar la calle, para exigir acciones y cambios.

Las escenas no son nuevas. Quienes tenemos la edad suficiente para hacer memoria no olvidamos la llamada “Primavera de Praga” y el “Mayo Francés”, en 1968. Dos movimientos sociales que desde la calle trastocaron el orden mundial y aceleraron profundos cambios políticos, económicos y sociales.

La Matanza de Tlatelolco en México -ocurrida el 2 de octubre de 1968- fue una ventana que testificó aquella revolución de las conciencias. Nada volvió a ser igual.

En el arranque de 1968, el líder del Partido Comunista de Checoslovaquia, Alexander Dubcek, buscaba desde su filiación de izquierda alineada a Moscú promover una sociedad más democrática. La llamaba “un socialismo con rostro humano”. Pero el entonces dictador Leonid  Brézhnev vio en aquellas marchas de apertura de marzo y abril un peligro de perder el control de la Unión Soviética. Y en mayo de 1968 decidió invadir Checoslovaquia, de la mano de otros ejércitos del bloque moscovita. Y aunque se frenaron las reformas, el sacudimiento callejero no fue en vano. De hecho, fue la semilla que terminó por colapsar en 1989 a la Unión Soviética. Rusia se quedó sola.

Los ecos de aquella Primavera de Praga se dejaron sentir de inmediato en París, en el llamado Mayo Francés o Mayo del 68. Fue una revolución social masiva liderada por estudiantes. Se inició en mayo de 1968 con una gran represión estudiantil en La Sorbona y en el barrio latino de la capital francesa. Pero, a diferencia de Checoslovaquia, el primer ministro Charles de Gaulle leyó bien las exigencias de más libertades y mayor participación de los jóvenes en las decisiones de gobierno y recuperó -aunque fuera por tiempo limitado- el control político. Poco le duró el gusto. Para 1969, el poderoso político francés era desconocido primero en un referéndum -revocación de mandato- y luego, rechazado en las urnas. En  su lugar se abría paso para que Georges Pompidou asumiera el nuevo liderazgo del gobierno francés.

Pero tanto Praga como París acabaron por destapar ese descontento social latente en todo el planeta, que obligó a partir de los 70’s a darle un giro de mayor apertura y mayor participación a los ciudadanos.

Hoy, en 2026, vuelven a aparecer las señales de “otro 68” que si no es bien manejado por los gobiernos en crisis, podrían dar pie para exhibir un conflicto político-social de proporciones inimaginables, con serios efectos económicos.

En España, por ejemplo, la semana pasada, las calles de 50 ciudades fueron inundadas por decenas de miles de ciudadanos, reclamando una solución a la severa crisis de la vivienda. Las posturas están radicalizadas, y en medio del enorme enojo social, aparecen casos de corrupción, lo mismo con el actual presidente Pedro Sánchez que con su esposa Begoña Gómez, que con su antecesor José Luis Rodríguez Zapatero y sus hijas Laura y Alba, las “Andy López” de la Madre Patria. Por eso, el mandatario de izquierda, quien navega bajo las siglas del Partido Socialista Obrero Español, se vio obligado esta semana a convocar a elecciones para el próximo 29 de noviembre.

Las apuestas dicen que no sobrevivirá. Las mantas de repudio a sus políticas y a la descarada corrupción de los socialistas, propiciaría el triunfo del derechista Partido Popular, de la mano del ultra derechista partido VOX. Pero nada está escrito.

En México, la crisis de gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum empeora por horas. La mandataria mexicana está sometida a dos poderosas fuerzas -Palenque y Washington- que le exigen operar acciones diametralmente opuestas. Y sin duda, peor que en España, la corrupción de su antecesor Andrés Manuel López Obrador y de toda la familia presidencial podría ahondar la protesta social hoy circunscrita a las redes sociales para enfilarse a las calles.

Los mexicanos ya no toleran ni la falsedad, la mentira, el cinismo y la traición en la tolerancia al “narcoestado”, en las grandes e inservibles obras lopezobradoristas, en la pésima educación y en el cada día más deficiente sistema nacional de salud. Las tecnologías están a punto de ser cedidas a China y la confrontación política y económica con Estados Unidos está fuera de control. El momento de la decisión final está a la vuelta de la esquina. Pero si no se da en la dirección correcta, la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que pagar los platos rotos por los pecados del Cártel de Tabasco. Si le va bien, correrá la suerte de Charles de Gaulle. La sacarán de Palacio Nacional con un referéndum. Si le va mal, no será Leonid Brézhnev quien reclame en las urnas su salida, sino esa versión occidental de gran elector global llamada Donald Trump.

Por eso decimos que hay que revisar la historia. El otoño de España y su ejemplo de protesta social masiva, capaz de derrocar a un gobierno, puede transformarse mañana en el “Invierno de México”. Una copia calca de lo que sucedió en Praga, París y México en 1968.

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