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14 de mayo 2026

13 de mayo 2026

Economía

El temor a una recesión sacude al gobierno de Claudia Sheinbaum

La desaceleración económica obligó a Hacienda a recortar su proyección de crecimiento del PIB de 3% a 2.3%

Por Redacción Magenta

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¿Qué pasó?

  • El ajuste ocurre después de que el INEGI reportó que el PIB oportuno cayó 0.8% en el primer trimestre de 2026 frente al trimestre inmediato anterior; a tasa anual, el avance fue de apenas 0.2%.
  • La contracción fue generalizada: las actividades primarias cayeron 1.4%, las secundarias 1.1% y las terciarias 0.6% durante el periodo enero-marzo.
  • A la presión por bajo crecimiento se sumó S&P Global Ratings, que ratificó la calificación soberana de México en BBB en moneda extranjera, pero cambió la perspectiva de estable a negativa por el deterioro de la flexibilidad fiscal, el bajo crecimiento y el aumento esperado de la deuda.
  • La calificadora advirtió que la perspectiva negativa refleja el riesgo de una consolidación fiscal “muy lenta”, debido principalmente al bajo crecimiento, lo que podría elevar la deuda pública y la carga de intereses por encima de lo previsto.

¿Por qué importa?

  • El cambio de perspectiva de S&P no implica una pérdida inmediata del grado de inversión, pero sí abre una ventana de riesgo: la agencia advirtió que podría bajar la nota de México en los próximos 24 meses si el gobierno no logra reducir sus déficits fiscales de manera oportuna.
  • El bajo crecimiento limita el margen de Hacienda: si la economía se expande menos de lo previsto, la recaudación puede quedar por debajo de las metas, mientras el gasto social, el costo financiero de la deuda y los apoyos a Pemex y CFE mantienen presión sobre las finanzas públicas.
  • El temor a una recesión no parte sólo del dato trimestral del PIB, sino de una secuencia de señales negativas: enero registró la peor caída del IGAE para un inicio de año desde 2009; el primer trimestre mostró contracción en todos los grandes sectores y analistas de Grupo Base y BBVA advirtieron que el resultado abre la puerta a nuevas revisiones a la baja del crecimiento.

Los detalles:

  • S&P estimó que la deuda pública neta de México podría aumentar de 49% del PIB en 2025 a alrededor de 54% en 2029, una trayectoria que refleja mayores necesidades de financiamiento y menor espacio fiscal.
  • La calificadora también proyectó que el déficit general del gobierno alcance 4.8% del PIB en 2026, en un entorno de economía débil y medidas fiscales para estabilizar precios de combustibles.
  • Uno de los principales focos de riesgo sigue siendo Pemex: S&P parte del supuesto de que las amortizaciones de deuda de la petrolera serán cubiertas con transferencias del gobierno federal, pero advirtió que malos resultados operativos podrían obligar a mayores apoyos fiscales.
  • Hacienda respondió destacando que México conserva el grado de inversión y que la ratificación de la nota refleja confianza en los fundamentos macroeconómicos e institucionales del país; sin embargo, la propia dependencia reconoció que el cambio de perspectiva obedece a una normalización fiscal potencialmente más gradual en un entorno de moderación económica.
  • La debilidad venía desde el arranque del año: el IGAE cayó 0.9% mensual en enero, una contracción más profunda que la esperada por analistas consultados por Bloomberg, y el dato anual fue de apenas 0.5%.

El contexto:

  • El gobierno de Sheinbaum intenta compensar la desaceleración mediante el Plan México, una estrategia de inversión pública, privada y mixta orientada a infraestructura, sectores estratégicos, autosuficiencia energética y fortalecimiento productivo.
  • El problema es que la economía mexicana ya venía mostrando síntomas de fragilidad: Arena Pública reportó una entrevista con Sergio Kurczyn en la que el ex director de Estudios Económicos de Banamex advirtió que México “pierde capacidades para crecer y resistir choques” y que la economía se ha vuelto “más frágil”.
  • Los Pre-Criterios de Política Económica de Hacienda ya habían colocado el crecimiento esperado de 2026 en un rango de 1.8% a 2.8%, pero el ajuste puntual a 2.3% confirma que el escenario oficial perdió optimismo frente al deterioro de los datos de actividad industrial.
  • La administración enfrenta así un doble desafío: evitar que la desaceleración derive en una recesión y, al mismo tiempo, demostrar a los mercados que puede estabilizar déficit, deuda y pasivos de empresas públicas sin sacrificar inversión ni programas sociales.
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