7 de octubre 2026
¡Que alguien me explique!
Se queda sola
La infame y reaccionaria realidad está obsesionada en recordarle a la presidenta Claudia Sheinbaum que se está quedando sola, aislada, en el mapa político de las izquierdas en el mundo de habla hispana
Por Ramón Alberto Garza
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La infame y reaccionaria realidad está obsesionada en recordarle a la presidenta Claudia Sheinbaum que se está quedando sola, aislada, en el mapa político de las izquierdas en el mundo de habla hispana. Y lo que es todavía peor, se resiste a aceptar lo que ya parece inevitable y que si lo leyera con una mente pragmática -y no con su hígado ideológico- sería evitable: su salida de Palacio Nacional.
Dos sucesos trastocan esta semana a las izquierdas hispanoparlantes. UNO, la inminente derrota en segunda vuelta del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva frente a su rival derechista Flávio Bolsonaro, quien aventajó al mandatario en funciones. La derecha ganó 15 de 27 estados más el Distrito Federal. La izquierda triunfó en 12.
Y DOS, la crisis de la vivienda que sacó a media España a marchar por las calles de 50 ciudades y que ya arrinconó al debilitado presidente izquierdista Pedro Sánchez, obligándolo a convocar a elecciones para el próximo 29 de noviembre. Es el equivalente a una Revocación de Mandato. O se ratifica el gobierno dominado por el izquierdista PSOE o el derechista Partido Popular y Vox se hacen del nuevo gobierno.
El común denominador en las crisis de los presidentes en funciones de Brasil y de España es que ambos mandatarios se burlaban de las políticas del presidente Donald Trump. Ninguno de los dos -ni Lula da Silva, ni Pedro Sánchez- pensaron que serían sofocados y marginados de la política, como ya sucedió en estos años de trumpismo con sus homólogos izquierdistas de Argentina -Cristina Fernández de Kirchner-; de Venezuela -Nicolás Maduro-; de Colombia -Gustavo Petro-; de Perú – José María Balcázar.
Para tener claro lo que en estos momentos está viviendo la izquierda global, estamos hablando del naufragio político de dos de los tres mandatarios -Lula y Sánchez- que solían ser estandartes de la izquierda en países que califican entre las 12 principales economías del planeta. La tercera en discordia es la presidenta Claudia Sheinbaum, quien -todavía en el poder- está en la antesala de enfilarse al despeñadero político, si no rectifica y asume su destino. Porque a diferencia de Lula y Sánchez -los dos a miles de kilómetros de Washington- la mandataria mexicana es la vecina “next door”.
Y para su desgracia, con sus políticas erráticas y sus exhibiciones de jefa de Estado desinformada, la inquilina de Palacio Nacional no está quedando bien ni con Dios, ni con el diablo.
Su mentor en Palenque ya la tiene calificada como traidora. Y digan lo que digan, la crisis de los destapes de Morena a las gubernaturas, el caso de la huida y desaparición de Jorge Amílcar Olán y la exhibición de las corruptelas huachicoleras de Andy López Beltrán y de Adán Augusto López, alejaron a la presidenta Claudia Sheinbaum de Andrés Manuel López Obrador. Ambos -de dientes para afuera- se juran lealtad y amor eterno. En los hechos, el líder amoral de la Cuarta Transformación quisiera acelerar la Revocación de Mandato para instalar en la silla presidencial a uno de sus incondicionales, antes de la elección del 2027. Teme perder el control del Congreso que tanto le costó -huachicoleramente hablando- en las elecciones de 2024.
Y desde Washington, el poderoso jefe de la Casa Blanca ya le perdió toda la confianza a la inquilina de Palacio Nacional. Por más que le hace guiños en su discurso -como decirle que es guapa y simpática- el inquilino de la Oficina Oval sabe que la mandataria mexicana no tiene carácter propio. “Le tiene miedo a los capos”, dice el presidente Donald Trump. Las posturas de Sheinbaum de exigir “pruebas” para todo -desde el rechazo a entregar al narco gobernador Rubén Rocha Moya, hasta negar el reciente ataque de capos mexicanos a militares norteamericanos apostados en la frontera- lo mismo que hacer un escándalo con el rol de la CIA en Chihuahua o con la cooperación de seguridad entre el gobierno norteamericano y el gobierno de Querétaro, envía señalas cruzadas. Aunque lo jure de palabra, la presidenta Claudia Sheinbaum no quiere cooperar con el rescate de los territorios hoy dominados por el crimen organizado y que amenazan no sólo la soberanía de México, sino la de todo el continente, incluyendo Estados Unidos.
¿Cuánto influirá el gobierno de Donald Trump en la caída de la izquierda brasileña y la entronización de Bolsonaro como su nuevo presidente? ¿Está el español Pedro Sánchez pagando con su crisis política acelerada el precio de instalarse como el anti-trumpista número uno de Europa?
Que la presidenta Claudia Sheinbaum se vea reflejada en esos espejos, el de Brasil -que la podría alcanzar en las elecciones del 2027- o el de España -que le podría estallar entre las manos con una intervención controlada de los ejércitos norteamericanos para detener el avance de los cárteles sobre los territorios, sobre los energéticos, sobre la producción del campo y el “pago de piso” sobre cualquier actividad-.
La presidenta Claudia Sheinbaum debe aprender “en cabeza ajena”. Después de los sacudimientos de Brasil y de España está sola en su ínsula populista y de discursos demagógicos. Y no parece querer salvarse del naufragio.
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