domingo 23 abril 2017
Que alguien me explique

Peña Nieto: Confrontarse

Mientras el presidente no dé un golpe de timón y reconozca que algunos funcionarios de su primer nivel le fallaron, veremos más denuncias en su contra, como la de COPARMEX

POR Ramón Alberto Garza

Jueves 11 agosto 2016

Mientras el presidente Enrique Peña Nieto no dé un golpe de timón y reconozca que algunos funcionarios de su primer nivel le fallaron, veremos más denuncias en su contra, como la de COPARMEX.

El asunto del choque entre empresarios y gobierno es mas grave de lo que se ve a simple vista. Desde hace cinco sexenios que los hombres del capital no le pintaban una raya al presidente en turno. José López Portillo fue el último de los mandatarios a quien los empresarios vapulearon, legal y verbalmente después del cisma que significó la estatización de la Banca.

Cómo olvidar la cita de Eugenio Clariond, el dirigente empresarial que le cuestionó confiscación de los bancos. Su respuesta sobre el entonces presidente fue lapidaria: “Se le botó la canica”.

Está claro que no estamos ni en 1982, pero se huele por todos lados un tufo de desgobierno, de una falta de ejercicio del poder que comienza a coquetear con la anarquía.

Los mexicanos están cansados de los discursos oficiales, sean del presidente, de un secretario de Estado o de otro. Simple y sencillamente no se ven resultados.

 

El discurso está tan divorciado de los hechos, que las famosas mesas de negociación son ya una burla en las que nadie cree, porque están convencidos de que son puro jarabe de pico.

El discurso diario, en el acto oficial, en la escuela primaria de turno o en las reuniones de seguridad, se topa con la realidad de que el Estado de Derecho está secuestrado.

Los síndromes del 68 con Tlaltelolco y el del 71 con el Jueves de Corpus, continúan haciendo estragos en quienes prefieren la anarquía a someter al orden a aquellos que lo quebrantan.

Y conforme se va agitando el juego sucesorio, algunos de los que se sienten presidenciables, prefieren cuidar su imagen y venderse como negociadores, antes que como represores.

 

Ahí es donde se ninguna el Estado de Derecho. En que lo que debe hacer para restituir el orden termina secuestrado en las ambiciones de un puñado de políticos locales, estatales o federales, que prefieren nadar de muertito antes que les cuelguen algún muertito.

Y con esa actitud evasiva acaban por esfumarse todas aquellas promesas de unas reformas estructurales que cambiarían el rumbo de México.

Nunca en los últimos 30 años un mandatario mexicano ha tenido tantos frentes abiertos simultáneamente.

La confrontación no es solo con los empresarios. Lo es también con la Iglesia y aunque no se admita públicamente con algunos sectores de las Fuerzas Armadas.

 

El choque va también con el boicot abierto y frontal contra comunicadores y medios que no les parecen afines, sin dejar fuera a correligionarios y líderes históricos de su propio partido, el PRI.

Bien haría el gabinete peñista en mostrar un gesto de dignidad, presentando en bloque su renuncia.

Y mejor haría el presidente Peña Nieto en reflexionar durante sus vacaciones, para identificar en dónde están los huecos de una alineación que hasta ahora solo podría emular a la selección nacional en su marcador contra Chile 7-0.

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Ramón Alberto Garza

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