13 de noviembre 2019
Política
Pemex: el ciberataque
No es poca cosa que los archivos de la paraestatal se pongan en peligro en los momentos en que de ellos podrían salir serias revelaciones.
Por Ramón Alberto Garza
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En los momentos en que Pemex se apresta a confrontar los detalles del enorme saqueo del sexenio pasado, un muy oportuno ataque cibernético secuestra sus sistemas de cómputo.
Nada se podía ver, nadie podía entrar a los archivos, no hay acceso a los controles de producción, refinación o despacho de combustibles.
El reporte oficial de inicio era que se trataba de un ataque masivo que alcanza distintos países, entre otros Estados Unidos, España y México.
El origen del ataque se ubicaría en Corea del Norte, aunque fuentes consultadas advierten que ese mismo país fue el origen del ciberataque a la multinacional Sony.
Pero las investigaciones finales del Caso Sony ubicaron a México, con operadores rusos, como el epicentro del ransomware a la corporación japonesa.
Algunas fuentes internas de seguridad en Pemex advirtieron que la falla en las redes de la paraestatal fue una coincidencia con el ciberataque global. Que simplemente los ahorros aplicados por el gobierno no alcanzaron para cubrir la protección y el sistema se volvió vulnerable.
La situación es en extremo delicada para Pemex. Como medida preventiva se indujo un apagón cibernético que significó no encender ayer ningún equipo de la paraestatal para evitar que el virus se propagara.
Y aunque el primer día la dirección de la paraestatal guardó reservado silencio, algunos comunicados oficiales se filtraron desde distintas dependencias de Pemex confirmando: no enciendan ningún equipo de cómputo.
La primera pregunta de fondo es si Pemex tiene la suficiente ciberseguridad para enfrentar un ataque de esta magnitud y en el peor de los casos si tiene los respaldos necesarios para en caso de que suceda, recuperar los archivos secuestrados.
El ciberatque a Pemex se da en un momento de quiebre tan singular como oportuno. Estamos en la antesala de conocer a detalle el modus operandi de la paraestatal en los días en la que era dirigida por Emilio Lozoya Austin.
Es claro que la extradición de su madre, Gilda Margarita Austin de Lozoya se dio en condiciones de un acuerdo, aceptando que ella viva en arraigo domiciliario mientras se termina con la investigación y el juicio.
Lo que no significa otra cosa que su hijo, Lozoya Austin, estaría dispuesto a cooperar a cambio de que se deje en paz no solo a su madre, sino a su esposa y a su hermana, también señaladas por utilizar cuentas para transferencias presuntamente fuera de la ley.
De ninguna manera se puede garantizar que una cosa esta ligada con la otra. Pero no es poca cosa que los archivos de Pemex se pongan en peligro en los momentos en que de ellos podrían salir serias revelaciones que exhibirían el brutal saqueo a la paraestatal.
Puede ser incluso que el ciberataque presuntamente operado desde Corea del Norte o cualquier otra nación no haya alcanzado a Pemex. Pero que aprovechando el río revuelto, alguien preocupado por lo que existe en los archivos del pasado se montara en el ransomware que atacó a miles de empresas norteamericanas y españolas.
Y en eso la sospechosa actitud de los directivos de Pemex de buscar negarlo todo, aunque funcionarios y gasolineros confirmaran lo contrario, deja abierta la puerta para el sospechosismo. De ese tamaño es el fantasma del miedo que se pasea en estos días por los pasillos del edificio de Avenida Marina Nacional.