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13 de julio 2024

14 de junio 2024

Opinión

#LosTaconesDeMarcela | El Beso del Poder

Los Tacones De Marcela

Los besos de AMLO a Claudia son besos de poder, del poder del Estado, el mismo que le dio la fuerza a Sheinbaum en estas pasadas elecciones y del que será muy difícil limpiar y actuar independientemente

Por Marcela Garza Barba

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Un beso dice mucho. El beso que recientemente AMLO le dio a Claudia dice ‘estoy por encima de ti sobre todas las cosas’.

‘Te guste o no, aquí mando yo’.

Es un beso que se lee de imposición, no de libertad.

Un beso a la fuerza, no con libre albedrío.

Un beso agresivo, aunque se muestre sutil, está lleno de poder.

Del poder del Estado.

Del poder que hoy tiene el aún presidente Andrés Manuel López Obrador sobre Claudia Sheinbaum, virtual presidenta electa de México, quien a todas luces recibió el beso de su mentor de años, adoctrinada a un claro sometimiento.

Y eso preocupa.

Porque los tintes de amor no son auténticos, sino autoritarios y, de pasada, machistas.

No es el primer beso de este tipo que AMLO le da a Claudia.

Desde 2013, AMLO imponía a Claudia a besos.

Parecía que los besos eran una transferencia de poder con condiciones.

En estos tiempos revueltos, en donde la división de poderes es casi nula, este tipo de besos dicen más que mil palabras.

Pecamos de inocentes al pensar que Claudia se irá por la libre y no con AMLO, el día que porte la banda presidencial.

Hay algunos que no pierden la esperanza.

Que dibujan posibles escenarios de independencia entre el mandatario y la presidenta electa, cuando lo que claramente se ve a todas luces es una Claudia sometida emocionalmente a un López Obrador.

Después de todos estos años, le dio el bastón de mando.

Y es que, hay que admitir que lo emocional, unas tantas veces se sobrepone a lo estratégico, a lo operativo, por más que haya 35 millones de una legitimidad maquillada.

Digo, hasta Claudia admitió recientemente que lloró al leer el mensaje de AMLO en el que le dice, y cito textual: “Eres lo mejor que le ha pasado a México”.

Ahí está la entrañable unión que data de años atrás.

Claudia se unió a AMLO, emocionalmente, desde el 2000 cuando fue Secretaria de Medio Ambiente en el entonces Distrito Federal.

En 2006 se convirtió en la vocera de la primera campaña de AMLO.

Desde ahí ya se dibujaba lo que vemos cuajarse ahora.

En 2011, AMLO y Claudia crearon el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, como Asociación Civil.

Para 2014, el movimiento que ambos crearon se convirtió en partido político y ya promovían las consultas populares que vemos ahora sobre los diversos poderes.

En 2015, Claudia fue la primera mujer electa como jefa delegacional de Tlalpan.

Para el 2017, Claudia deja el cargo al ganar la consulta interna por la precandidatura de Jefa de Gobierno de la Ciudad de México, por la coalición “Juntos Haremos Historia”.

De 2018 a 2023 se convierte en la Jefa de Gobierno de la Ciudad de México.

Mismos años en los que Claudia confronta a las feministas capitalinas.

Prefiere los “gases lacrimógenos” y darle por su lado a su tlatoani, López Obrador, que enfrentar una realidad de feminicidios al alza en la Ciudad de México y defender a la mujer.

El “Juntos Haremos Historia”, de pronto se hacía realidad aún con la tragedia de la caída del metro y el colegio Rébsamen en la espalda de Claudia.

Casos en los que la ahora presidenta electa debió -y aún debe- rendir cuentas de lo sucedido.

AMLO, su padrino político, tuvo que ver mucho con eso de poner a un lado la rendición de cuentas.

El presidente siempre le mandó cariño desde su púlpito mañanero.

Y entre beso y beso, la complicidad y el poder comienzan a asomarse.

Los besos de AMLO hacia Claudia siempre fueron públicos, de transferencia de poder.

Desde que Claudia se unió a AMLO en el 2000, el lenguaje de complicidad no verbal entre ambos era más que evidente.

Después de todo “amor con amor se paga”, ¿no?

Aunque este amor sea un amor de poder y sumisión.

Sellado con un beso del poder del Estado.

La imagen: El partido oficialista, el aún presidente y la presidenta electa, de la mano, con beso incluido, en medio de una volatilidad de mercados, mayoría calificada en el Congreso y próximo Plan C.

Y todavía nos cuestionamos si fue una elección de Estado.

Se votó “legítimamente”, con artimañas y dádivas por Claudia, pero no por el Plan C, plan que es la prioridad de AMLO, Claudia y los suyos.

Hasta una gira harán para seguir con el legado.

Y es que Claudia siempre ha estado ensimismada con AMLO.

Como prueba, uno de los tantos discursos dedicado a él y a los Siervos de la Nación, como si de una secta se tratara, y de ahí, el camino hasta este momento.

Cambio de look incluido, por aquello de que ya se cocinaba que fuera la próxima presidenta de México.

Del pelo chino al pelo alisado.

Del atuendo mexicano al suit a la francesa.

Digo, si nos vamos más atrás.

Ahí están, AMLO y Claudia, en septiembre 8 de 2013, Batres, Bartlett y Epigmenio incluidos.

Claudia aún no mimetizaba la voz de López Obrador.

Pero ya defendía las reformas a la Constitución con todo y beso.

Y claro, en ese entonces, AMLO y Claudia criticaban al Inbursa de Carlos Slim.

A la hegemonía del PRI de Enrique Peña Nieto.

Todo era sacado desde un contexto de Andrés Manuel.

Como sello de poder, el beso.

Como diciendo ‘el amor morenista lo puede todo’.

‘Te transfiero el poder, pero siempre juntos, nunca solos’.

Hoy, aunque haya destellos de pensamientos diferentes como el de la reciente caída del peso, en donde AMLO prende fuego y Claudia intenta apagarlo, no hay que descubrir el hilo negro del juego del amor.

Después de todo se sigue jugando con el ciudadano, con el país.

Porque tras el trono mañanero se mapea la sucesión con todo y la posibilidad de los hijos del presidente incluidos en el paquete.

De un gabinete puesto a modo en donde AMLO seguirá siendo el titiritero.

De unas reformas en las que se cambiará la Constitución con maquillaje de consultas populares.

Los besos de AMLO a Claudia son besos de poder, del poder del Estado, el mismo que le dio la fuerza a Claudia en estas pasadas elecciones y del que será muy difícil limpiar y actuar independientemente.

A fin de cuentas, no hubo relección, pero sí una sucesión a modo con un beso que nos puede llevar a la perdición si no hay esa ruptura de raíz, esa ruptura necesaria.

Claudia, libérate de una vez por todas, no sólo por las mujeres mexicanas, sino por México.

Porque de seguir esta sumisión electoral y pronto presidencial tendrá graves consecuencias para nuestro país.

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