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17 de junio 2024

22 de febrero 2024

¡Que alguien me explique!

La dictadura de la sinrazón

O el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió hacer del cinismo abierto un instrumento de gobierno o está perdiendo la cordura obligada en quien gobierna una nación como México

Por Ramón Alberto Garza

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O el presidente Andrés Manuel López Obrador decidió hacer del cinismo abierto un instrumento de gobierno o está perdiendo la cordura obligada en quien gobierna una nación como México.

De qué otra manera se puede explicar que, en la mañanera de ayer miércoles, el jefe de Estado confesara abiertamente y sin pudor que presionaba y operaba el Poder Judicial a través del presidente de la Suprema Corte, Arturo Zaldívar.

Al diablo con las instituciones, al diablo con la separación de poderes, al diablo con la autonomía del Poder Judicial, al diablo con todos los que no piensen y actúen como yo ordeno que lo hagan.

Triste epílogo de vida para un jurisconsulto como Arturo Zaldívar, quien fue exhibido como empleado al servicio del mandatario en turno, como el “corre, ve y dile” de las consignas ordenadas desde Palacio Nacional a ministros, jueces y magistrados.

Ahora ya entendemos su precipitada renuncia a la Corte. Ahora ya toma sentido su alineación con Morena y con Claudia Sheinbaum, a pesar de que se mantenga atrás de la cerca.

Ahora se confirma, en la confesión presidencial, que el ministro Zaldívar era un subordinado más, que sólo cumplía consignas y operaba para el inquilino de Palacio Nacional. Ahora entendemos el enojo presidencial contra la nueva presidenta de la Corte, Norma Piña, quien se rebeló a ser títere al servicio del mandatario y defiende la autonomía del Poder Judicial, a costa del desdén y el desprecio presidencial.

La pregunta obligada, frente a semejante desacato, es ¿quién va a llamar a cuentas a un presidente confeso de haber violentado la separación de poderes, que se exhibe a sí mismo como un secuestrador del marco democrático e institucional?

En pocas palabras, quién le va a poner un alto al abuso abiertamente aceptado por quien debería ser el garante del equilibrio de poderes. ¿Alguien, desde el Congreso, promoverá alguna moción frente a semejante confesión que sería muy lamentable que pasara como otro abuso impune?

Lo que se asoma en este increíble episodio es la vocación autoritaria que tiene en su genética política quien no ve absolutamente nada malo en dictarle consignas al presidente de la Corte, para que cambie o someta voluntades de jueces y magistrados.

El presidente que se exhibe cada mañana como víctima de los ataques de todos -fifís, conspiradores, empresarios, medios, los gobiernos extranjeros- es en realidad un victimario que desarticula el orden constitucional porque él así lo decreta.

Y no sólo busca manipular a la Corte, sino que desacredita lo mismo a las decenas de miles de marchistas por la democracia, niega las masacres como la de los 17 en Guerrero -“en México ya no hay masacres”, dice- hace oídos sordos a la multimillonarios financiamientos huchicoleros de Morena o a los negocios exhibidos de sus hijos y de sus amigos para amasar grandes fortunas.

En un comunicado, la Barra Mexicana de Abogados advirtió nuevamente que “reprueba los actos tanto del Ejecutivo Federal, así como de las demás autoridades involucradas en estos actos, en virtud de que nulifican la división de poderes, atentan contra la soberanía de los estados, interfiere indebidamente con el libre ejercicio de la profesión y con la independencia judicial”.

No hay duda de que el destino tendrá que alcanzar al presidente López Obrador. Más temprano que tarde, las evidencias serán tan aplastantes y tan contundentes, que el mandatario mexicano será visto, no sólo como un peligro para Mexico, sino para todo el Hemisferio. Comenzando por los Estados Unidos.

No se puede permitir que en México acabe por imponerse la dictadura de la sinrazón.

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