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16 de febrero 2026

16 de febrero 2026

¡Que alguien me explique!

El oscuro secreto de Marx Arriaga

Lo que pocos saben es que ese pasaporte a su inmovilidad y a la soberbia con la que se maneja Marx Arriaga, es un secreto muy bien guardado que tiene nombre y apellido. Se llama Beatriz Gutiérrez Müller

Por Ramón Alberto Garza

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Marx Arriaga es una de las más nefastas herencias del sexenio de Andrés Manuel López Obrador. Fue, desde la Secretaría de Educación, el responsable de la llamada Nueva Escuela Mexicana que no es otra cosa que convertir los libros de texto gratuitos -en los que aprenden millones de niños mexicanos- en panfletos de adoctrinamiento ideológico en favor de la izquierda y de la Cuarta Transformación.

Desde su posición como Director General de Materiales Educativos, Marx Arriaga -sí, Marx, como Carlos Marx- modificó el contenido de 107 libros de texto en los que, entre otras cosas exalta, los movimientos insurgentes de Lucio Cabañas y la Liga Comunista 23 de Septiembre, y cuestiona la figura de personajes como el empresario Eugenio Garza Sada, asesinado en Monterrey por los grupos guerrilleros de los 70. La polémica de esos desplantes ideológicos, sumada a las decenas de errores ortográficos, de fechas históricas mal planteadas y errores de sintaxis, generaron en su momento todo un debate nacional. Pero Marx Arriaga fue inamovible.

Lo que pocos saben es que ese pasaporte a su inmovilidad y a la soberbia con la que se maneja Marx Arriaga, es un secreto muy bien guardado que tiene nombre y apellido. Se llama Beatriz Gutiérrez Müller. En los afectos entre la esposa del ex presidente Andrés Manuel López Obrador y Marx Arriaga se puede identificar la prepotencia con la que el funcionario se mueve en la Secretaría de Educación, como si fuera su dueño, pasando por encima de las decisiones del secretario Mario Delgado, cuyas instrucciones con frecuencia no obedece.

El extremo de esa soberbia y esa prepotencia se dio el pasado jueves, cuando le fue notificada, a Marx Arriaga, su salida del cargo y el protegido de Beatriz Gutiérrez Müller se atrincheró en su oficina, negándose a abandonarla, aunque fue conminado por la autoridad para que lo hiciera. Fue un abierto “yo no dependo de Mario Delgado. Mi jefa despacha más arriba y no precisamente en Palacio Nacional”.

Desde ahí, y al más puro estilo de la izquierda más trasnochada, Marx Arriaga gestó una rebelión para auto defenderse, con comunicados firmados por el Magisterio Insurgente Mexicano y por la organización Camaradas Obradoristas. Al más puro estilo cubano.

Pero la sorpresa vino en la respuesta de la Secretaría de Educación, en la que prácticamente Mario Delgado le pedía disculpas a Marx Arriaga y hasta le ofrecía una embajada en Cosa Rica, a cambio de que cediera sin problemas su cargo. ¿El supuesto jefe, suplicándole a un subalterno que le vacíe el escritorio?

En ese comunicado de la Secretaría de Educación se aclara que Mario Delgado y Marx Arriaga se reunieron el 28 de enero para plantearle la posibilidad de que ocupara otro cargo dentro del gobierno, pero el “subalterno”rechazó el ofrecimiento y dijo que evaluaría si presentaría su renuncia.

El comunicado revela que, de manera conjunta, se acordó  que en caso de que decidiera no presentar su renuncia el 15 de febrero, Marx Arriaga tomaría una ruta jurídica para liberar la plaza y él estaría de acuerdo. La petición de relevo se dio porque la plaza ahora es “de libre designación”.

La Secretaría de Educación destacó que “no se trató de ningún cese, despido y mucho menos un desalojo”. Perdone usted, don Marx Arriaga.

Y la disculpa viene cuando en el mismo comunicado se establece que lo que es “absolutamente reprobable, es la manera en que se llevó a cabo esta diligencia por funcionarios de la SEP, en la que solicitaron el acompañamiento de personal de resguardo a todas luces innecesario”. De nuevo, mil disculpas por no aceptar su rebeldía, don Marx Arriaga. Incluso, Mario Delgado anunció una investigación sobre la actuación de los funcionarios, “por lo que habrá consecuencias sobre los resultados de la misma… Marx Arriaga merece todo nuestro respeto y la SEP siempre será su casa”, dijo el Secretario de Educación.

Ya en el colmo de la exhibición de falta de autoridad sobre el ahijado de Beatriz Gutiérrez Müller, la presidenta Claudia Sheinbaum renunció a todo derecho de remoción de un funcionario menor. Y en su mañanera del viernes no sólo defendió el maravilloso trabajo del indoctrinador, a través de los libros de texto, sino que dijo que en el caso de la salida de Marx Arriaga: “ya todo dependerá de él”.  Es decir, ni la Jefa de Estado puede tocar a Marx Arriaga.

Y en el extremo del desafío, el rebelde ahijado de Beatriz Gutiérrez Müller salió el sábado a decir, desde su atrincherada oficina: “Vamos a ver el lunes si la Función Pública le cumple el caprichito al secretario y cambia la plaza a libre designación y la desaparece, pero que hoy soy director general”.  En pocas palabras, el subalterno escupiendo al rostro del Secretario. A ver cómo reacciona Raquel Buenrostro, la secretaria de la Función Pública. Ahí sabremos dónde está el verdadero poder de este país. Si en Palacio Nacional o en Palenque.

Y todo ese desplante sólo puede explicarse porque Marx Arriaga se sabe protegido, cobijado y abrazado por Beatriz Gutiérrez Müller, con quien ideó todos los cambios en los libros de texto cuatroteístas.

Ese es el oscuro secreto por el que, tanto el Secretario de Educación como la presidenta Claudia Sheinbaum, no pudieran cesar a “el inamovible”. Ni hablar, tendrán que ir a negociar con “la Señora”. Sí, la misma que dijo en 2018 -desde el primer día de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador- que ella estaría al margen de la política, pero que acabó imponiendo a los suyos -a “Los Puros”- para gobernar a trasmano. ¿Verdad que así fue, Jesús Ramírez Cuevas? Pero esa es una historia para ser contada, con todo detalle, en otra ocasión.

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