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16 de marzo 2026

16 de marzo 2026

¡Que alguien me explique!

Ya no quiere ser presidenta

Claudia Sheinbaum ya renunció a ser presidenta. Esta no es una afirmación en falso. La primera mujer en ocupar la poderosa silla del Palacio Nacional ya le cedió el mando de la nación a los militares y a los norteamericanos. Ella misma lo admitió

Por Ramón Alberto Garza

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Claudia Sheinbaum ya renunció a ser presidenta. Esta no es una afirmación en falso. La primera mujer en ocupar la poderosa silla del Palacio Nacional ya le cedió el mando de la nación a los militares y a los norteamericanos. Ella misma lo admitió.

Su declaración la hizo el pasado viernes  -y para la gran mayoría pasó inadvertida- cuando la inquilina de Palacio Nacional rechazó que ella haya dado la instrucción de detener al narcotraficante Nemesio Oseguera “El Mencho”. Su justificación fue decir que el capo tenía diversas órdenes de aprehensión derivadas de carpetas de investigación iniciadas por la Fiscalía General de la República. Y que por ello, debido a la peligrosidad de este personaje,  intervino la Secretaría de la Defensa. Es decir “yo ni las manos metí”.

Más explícita, la presidenta Claudia Sheinbaum dijo: “… no es que alguien haya dado la orden: ‘ahora detengan a este, no’. Es parte de nuestro sistema jurídico. Son investigaciones de meses. No crean que de la noche a la mañana fue así, que alguien les dijo: ‘ahí está, vayan por él’, no. Son investigaciones”.

En pocas palabras, la dizque Fiscalía independiente, que preside su amiga morenista Ernestina Godoy, de pronto encuentra que hay que detener a “El Mencho” y no le avisa a la presidenta. La orden se va directo con el secretario de la Defensa, el general Ricardo Trevilla, y este, sin darle parte a quien por Ley es su Jefa Suprema, por el puro placer de dar cumplimiento a la orden de aprehensión se va por la captura y presunto abatimiento del capo.

Como Poncio Pilatos, la presidenta Claudia Sheinbaum “se lava las manos”. Primero, porque esa torcida explicación es su forma más barata de justificar que ella no hubiese sido enterada del operativo de Tapalpa, Jalisco, en los momentos en que estaba de gira por Coahuila. Con esa explicación de “yo no tengo por qué enterarme, ni doy la orden”, la presidenta Claudia Sheinbaum busca justificar que, tanto la Secretaría de la Defensa, como el Comando Norte de los Estados Unidos, le hayan madrugado y la hayan dejado fuera de la jugada.

Y se abre otro cuestionamiento. ¿Sería acaso que ella prefirió cerrar los ojos y no enterarse? Porque como cosa curiosa, desde que capturaron a Rubén Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, ella no sólo no reclamó como un triunfo personal la captura -que es lo que haría cualquier mandatario- sino que viene negándose incluso a pronunciar el nombre del capo. ¿A qué le teme la presidenta Claudia Sheinbaum? Pareciera que está más preocupada porque el Cártel Jalisco Nueva Generación se convenza de que ella no fue quien ordenó la captura de “Míster Quién Sabe Cómo se Llama”, que en rendirle cuentas claras a los mexicanos o en admitir que el gobierno norteamericano, de la mano de su subalterno -el secretario de la Defensa- la ignoraron, sin consecuencias.

Cuánta diferencia -claro, porque no son iguales- contra la captura de Joaquín “El Chapo” Guzmán, en la que el presidente Enrique Peña Nieto salió con todo su gabinete de Seguridad a anunciar el triunfo, citando al capo por su nombre en innumerables ocasiones y -lo más importante- diciendo con todas sus letras: “Yo di la orden” y presentando imágenes de la captura e ingreso al penal. ¿Alguien vio alguna foto de la captura o del supuesto cadáver de “El Mencho”?

Pero esta evasión en la captura de “El Mencho” sólo viene a confirmar lo que es, a todas luces, evidente. Quien gobierna en México ya no es la presidenta Claudia Sheinbaum. Serán los cárteles, como lo reitera una y otra vez el presidente Donald Trump. Será Andrés Manuel López Obrador, quien como presidente de facto -y temeroso de ser el próximo Nicolás Maduro- gira las órdenes desde Palenque. Serán los jefes del Comando Norte, que bajo advertencia y con el apoyo del Escudo de las Américas ya están listos para entrar a combatir, en directo, a los jefes del crimen organizado. Cualquiera puede invocar que gobierna México, menos ella.

Y eso se pone más que en evidencia no sólo por su desconocimiento del operativo de “El Mencho”, sino por la secuela de hechos que se vivieron en la última semana -del sábado 7 al sábado 14- y en los que está claro que quien detenta en su pecho la banda presidencial, en México, no es quien está ejerciendo el poder de facto.

De arranque, no fue invitada a integrarse al llamado Escudo de las Américas, esa operación orquestada por el presidente Donald Trump y en la que 17 presidentes latinoamericanos avalaron el uso de fuerzas militares para combatir el narcotráfico en el continente. Y el inquilino de la Casa Blanca fue tajante al sentenciar que México es el epicentro de ese problema. ¿Por qué, entonces, no invitar a la mandataria de nuestro país? Respuesta: porque no hay confianza.

Pero la presidenta Claudia Sheinbaum fabrica su propia versión. Y buscando salvar cara, dice que no fue convocada porque México ya tiene un acuerdo con Estados Unidos. Pero la realidad se encarga de desmentirla, cuando el pasado viernes se enfrascó en un debate con el presidente Donald Trump y ella acusó que el mandatario norteamericano está desinformado.

“A lo mejor no está muy bien informado, porque estamos trabajando con el gobierno de Estados Unidos para los temas de seguridad… pero hay una condición que siempre hemos puesto, porque podemos colaborar, trabajar juntos, pero hay algo por lo que hemos luchado toda nuestra vida, el pueblo de México: soberanía. Y esa no está a negociación”.

La respuesta del presidente Donald Trump fue frontal: “Me ofrecí a acabar con los cárteles en México, pero por alguna razón ella no lo quiere”. Así, o más claro. Es decir, “yo no acepto el apoyo norteamericano, yo no giré la orden de aprehensión e incluso me niego a pronunciar el nombre del capo capturado por quién sabe quién”. ¿Entonces?

Para cerrar la desafortunada racha que exhibe la debilidad de Claudia Sheinbaum, la Cámara de Diputados le planta un revés más al votarle en contra su Reforma Electoral. Aún con mayoría simple de sus partidarios morenistas, pero ya sin la Mayoría Calificada que alcanzaba con  el apoyo de sus partidos cómplices -el PT y el Partido Verde- la inquilina de Palacio Nacional falló en sacar adelante su propuesta. Ignoró la advertencia de sus operadores -como el jefe morenista Ricardo Monreal- que le habían alertado que no pasaría.

Frente a semejante descalabro, que mereció una llamada telefónica de regaño e indignación desde Palenque, la presidenta Claudia Sheinbaum quiso enmendar la plana anunciando una reforma “parchada”, un llamado “Plan B”. Se trata de una alternativa inconstitucional, pues se entromete en fijarles reglas a los Congresos estatales y a los cabildos municipales. Es decir, no pudo modificar lo federal, se va sobre “los chiquitos”, aunque la Ley no se lo permita. Triste ejercicio del “no poder”.

Captura y abatimiento de “El Mencho” sin ser informada “que yo no ordené”; no invitación al cónclave del Escudo de las Américas; confrontación reiterada con el presidente Donald Trump; y fracaso en la Reforma Electoral, todo en una semana, obligan a cuestionar: ¿Quién gobierna en México?

No tenemos una respuesta clara. Lo que sí sabemos es que, por ahora -y a menos que dé un golpe de timón- Claudia Sheinbaum no gobierna. En los hechos y en los decires, se ve claro que ella ya no quiere ser presidenta.

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