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13 de enero 2026

13 de enero 2026

¡Que alguien me explique!

Una pésima llamada

Mala, por no decir pésima, debió ser la llamada telefónica entre el presidente Donald Trump y la presidenta Claudia Sheinbaum. Tan ríspida fue que apenas alcanzó una duración de 15 minutos. Y hay quienes dicen que no llegó a los 10

Por Ramón Alberto Garza

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Mala, por no decir pésima, debió ser la llamada telefónica de ayer lunes por la mañana entre el presidente Donald Trump y la presidenta Claudia Sheinbaum. Tan ríspida fue que apenas alcanzó una duración de 15 minutos. Y hay quienes dicen que no llegó a los 10.

Lo hombres de los servicios de inteligencia en Washington advierten que el inquilino de la Casa Blanca perdió su ecuanimidad en los primeros minutos, cuando escuchó la postura de la mandataria mexicana rechazando la intervención de Estados Unidos en Venezuela bajo el argumento de la violación a la “soberanía”.

Peor aún fue la reacción del presidente Donald Trump cuando se abordó -aunque se niegue- el tema de Cuba. La jefa del Estado mexicano insistió en la ayuda “humanitaria”. Y ya se imaginarán la reacción de quien ya trae en la bolsa la decisión de acabar con 66 años de dictadura comunista en la Isla. Debut y despedida.

El presidente Donald Trump se vio molesto y tan poco accesible con la actitud de la presidenta Claudia Sheinbaum, que fue imposible abordar a fondo en esos supuestos 15 minutos los temas de Venezuela, Colombia, Cuba y por supuesto las alertas sobre México. Por eso debió salir la inquilina de Palacio Nacional a justificar que fue una conversación breve y que, sin duda, la próxima semana vendría otra para cerrar todos los temas inconclusos. Sería la número 16. Y, en contraparte, ninguna reunión cara a cara, una cumbre real entre los jefes de gobierno de los dos principales socios comerciales del planeta. ¡Cuánto desdén!

Tan evidente fue el desencuentro telefónico que, la misma presidenta Claudia Sheinbaum, alertó que del lado norteamericano podrían surgir otros puntos de vista, distintos, pero que no sería nada que no se pudiera resolver con el diálogo.

Para ella la llamada fue una “muy buena conversación”, muy  “amable”. Mentira. Y ella lo sabe, igual que lo saben el canciller Juan Ramón de la Fuente, el subsecretario Roberto Velasco y el secretario Omar García Harfuch, quienes fueron testigos del encuentro telefónico. ¿Escucharían todos la palabra “f#ck” que pronunció el presidente Donald Trump al preguntar por la ayuda de México a Cuba?

Y ni modo de decir que el inquilino de la Casa Blanca no tiene lado. Muy distinto fue el desenlace que se dio hace unos días tras la llamada telefónica entre el presidente Donald Trump y el presidente colombiano Gustavo Petro. De iniciar la conversación en medio de tensiones por insultos mutuos, acabaron del brazo y por la calle. El mandatario norteamericano no sólo subió a sus redes un elogio al nivel de comunicación alcanzado con su homólogo colombiano, sino que anunció que, muy pronto, ambos tendrían un encuentro personal en Washington. Nada de eso sucedió con la presidenta Claudia Sheinbaum. Silencio que se deberá romper en las próximas horas. Ninguna invitación a tener un encuentro personal en Washington.

Tan áspera debió estar la llamada Trump-Sheinbaum, que uno de los aliados norteamericanos en México, Omar García Harfuch, no pudo ni pronunciar una palabra para presumir sus logros en seguridad y decomisos de fentanilo y huachicol. Después de la posición de la presidenta Sheinbaum, en torno a Venezuela y a Cuba, el castillo de naipes se derrumbó. ¿Por qué en la fotografía del telefonazo no aparece el general Ricardo Trevilla, quien fue visto a su llegada a Palacio Nacional?

En pocas palabras, les quieran vender lo que les quieran vender, desde el punto de vista diplomático, la llamada telefónica entre la Casa Blanca y Palacio Nacional fue un desastre. Podríamos decir, sin equivocarnos, que es la comunicación más fría entre ambos mandatarios.

En el fondo, lo que se exhibe, es que la presidenta Claudia Sheinbaum carece de un auténtico “cuarto de guerra”, de un puñado de asesores que conozcan al Estado Profundo norteamericano y que puedan abordar con inteligencia el impredecible carácter del presidente Donald Trump, sin sacarlo de sus casillas y colocarlo como enemigo, en la acera de enfrente.

¿Acaso nadie le informó a la inquilina de Palacio Nacional -antes de la llamada telefónica- de la catarata de cuestionamientos que se dieron sobre México, lo mismo en las entrevistas del presidente Trump con Fox y con CBS, que en editoriales tanto del New York Times como del Wall Street Journal? El mantra de que “en México no gobierna la presidenta, los que gobiernan son los cárteles” ya esta tatuado en la narrativa de Estado Unidos. En la oficial y en la popular. Y si este fuego se está avivando es porque alguien prepara un incendio. Las hojas secas ya las puso Nicolás Maduro al mencionar, en 25 ocasiones, el nombre de México en su primera comparecencia ante un juez en Nueva York.

Y a menos que la presidenta Claudia Sheinbaum y su débil séquito de asesores en política exterior reaccionen, después de la fallida llamada de ayer, el coletazo que vendrá de nuestro principal socio comercial y proveedor de energía y alimentos básicos, será de antología. Y la ayuda a Cuba será el punto de quiebre. El dilema es claro para quien ocupa la silla presidencial en México: defender “principios” o aceptar que nos están cocinando “el final”.

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