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30 de agosto 2025

21 de diciembre 2022

¡Que alguien me explique!

Serviles hasta la médula

En uno más de sus desplantes de autoritarismo, AMLO rindió los honores a los diputados y senadores de Morena, y sus partidos afines -PT y Partido Verde-, que aprobaron su Plan B de la mal llamada Reforma Electoral

Por Ramón Alberto Garza

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En uno más de sus desplantes de autoritarismo, el presidente Andrés Manuel López Obrador rindió los honores a los diputados y senadores de Morena, y sus partidos afines -PT y Partido Verde-, que aprobaron su Plan B de la mal llamada Reforma Electoral.

Todos fueron convocados al homenaje, menos el líder de los senadores morenistas, Ricardo Monreal, quien en un acto de honestidad intelectual rechazó por inconstitucionales las reformas propuestas por el inquilino de Palacio Nacional. Tuvo la osadía de votar en contra.

Con ello, el presidente López Obrador se resbaló, cuando el día de la aprobación -sin el voto de Monreal- dijo respetar su disidencia, prometiendo que no habría purgas en Morena después del voto del líder de la Junta de Coordinación Política.

“Nooo. Si no somos, con todo respeto, estalinistas. ¿Para qué las purgas? Si nosotros tenemos un desarrollo político de nivel, de primer orden, un pueblo de lo más politizado del mundo”.

Con esa declaración, el mandatario pretendía salvar cara al presuntamente mostrarse respetuoso de la disidencia de Monreal, su todavía correligionario y precandidato presidencial morenista. Pero no fue así. Lo purgó de sus listas.

De inmediato, el mandatario salió a decir que invitaría a todos los senadores de Morena y sus partidos afines a celebrar su victoria -que todavía tiene que pasar por los tribunales judiciales- y anunció que Monreal no estaría invitado. Y al más puro estilo de Joseph Stalin, excluyó al líder de su bancada a la cita en Palacio Nacional. Gracias a Dios, en México todavía no existe el Gulag.

A ese acto de agradecimiento al servilismo presidencial fueron también invitadas las llamadas “corcholatas” de Morena, que por obra y gracia del dedazo presidencial disputan la candidatura 2024.

Claudia Sheinbaum, Marcelo Ebrard y Adán Augusto López fueron convidados al festín de la gratitud, por la fe y la obediencia ciega. Al cuarto aspirante, Ricardo Monreal, no se le convocó ni en su calidad de “corcholata” oficial. Confirmado está que fue expulsado del paraíso.

En pocas palabras, el presidente López Obrador dijo primero que no quería parecer autoritario frente a la disidencia en casa, pero terminó fusilando políticamente al único morenista que tuvo el valor civil de mostrar un rasgo de congruencia.

Y, por si alguien dudaba de dónde están las filias y las fobias de la Cuarta Transformación, el propio López Obrador se encargó de salir a recordar en el acto su admiración por León Trotsky, Lenin, Fidel Castro y el Che Guevara.

“Me llama más la atención, diría Trotsky, no Stalin, y le tengo mucho respeto a Lenin. Pero yo soy idealista, y entonces sí admiro a los hombres del poder, los que ejercen el poder. Es el caso de Fidel (Castro) y el Che (Guevara). Al Che, por el idealismo, pero Fidel fue el que condujo, estemos o no de acuerdo, ese proceso de independencia, porque es un ejemplo”.

La cereza en el pastel del cónclave servilleta la colocó Yeidckol Polevnsky, alguna vez dirigente de Morena. La diputada plurinominal dijo que acudían a Palacio Nacional a escuchar el mensaje del presidente López Obrador y para decirle que estaban para servirle.

La ex líder de Morena dijo que “muchos dicen que somos serviles al Presidente. Si eso es como lo piensan ¡a mucha honra!”.

El día de las incongruencias en Palacio Nacional se cerró, ayer martes, con otra aberración presidencial.

El canciller Marcelo Ebrard anunció que México, no solo daría asilo político a la familia del ex presidente peruano Pedro Castillo, sino que reiteraba el ofrecimiento del gobierno de la Cuarta Transformación para exiliar al mandatario encarcelado en Lima, acusado de rebelión y de intentar asestar un golpe de Estado.

Las reacciones del gobierno peruano no se hicieron esperar y, de inmediato, ordenó la expulsión del embajador de México en aquella nación, Pablo Monroy. Le dieron 72 horas para dejar las tierras incas.

El gobierno de la presidenta Dina Boluarte dijo que la drástica acción diplomática era una respuesta a la inaceptable injerencia del gobierno lopezobradorista en asuntos Internos del Perú, al ser una clara violación al principio de no intervención.

Una y otra vez, en su mañanera, el inquilino de Palacio Nacional viene reiterando que México respeta el principio de la Doctrina Estada, de no intervención. Pero en los hechos, su respaldo al depuesto Pedro Castillo y su negativa de reconocer a la nueva presidenta exhiben lo contrario.

Tanto en el caso de Monreal, como en el de Boluarte, lo dicho por el presidente López Obrador es una cosa… los hechos confirman otra.

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