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1 de octubre 2026

30 de septiembre 2026

Política

Se mide “efecto escoba” en la calidad del aire en Santiago

Aunque el cielo se vea despejado, la calidad del aire puede contar otra historia. Santiago instaló su propia red de monitoreo ambiental para medir cómo las corrientes del Cañón del Huajuco influyen en los contaminantes que llegan al municipio

Por Redacción Magenta

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Santiago comenzó a medir su aire con datos propios. El municipio instaló una red de sensores ambientales en distintos puntos de la ciudad para monitorear en tiempo real las condiciones atmosféricas, generar indicadores técnicos y emitir alertas cuando exista algún riesgo para la salud de la población.

La administración encabezada por David de la Peña explicó que el sistema permitirá identificar tendencias de contaminación, detectar posibles fuentes emisoras y contar con información continua para fortalecer la gestión ambiental del municipio.

La decisión responde a una realidad particular de Santiago: la calidad del aire no depende únicamente de las emisiones generadas dentro de su territorio.

La ubicación geográfica del municipio lo coloca en la ruta de las corrientes de aire que atraviesan el área metropolitana por el Cañón del Huajuco. Durante gran parte del año, los vientos avanzan desde el noreste hacia el sur, transportando masas de aire que recorren la zona urbana antes de continuar su trayecto hacia Santiago y posteriormente hacia la región citrícola.

Este comportamiento atmosférico es conocido como el llamado “efecto escoba”, un fenómeno que ayuda a dispersar contaminantes en algunas zonas, mientras desplaza partículas suspendidas y gases a lo largo del corredor formado por la Sierra Madre Oriental.

La propia geografía de Santiago influye en este proceso. Las montañas que rodean el municipio funcionan como un canal natural que concentra y dirige los flujos de aire a través del Cañón del Huajuco, reduciendo los espacios de dispersión y modificando el comportamiento de los contaminantes durante su recorrido.

Por ello, aun siendo un municipio rodeado de vegetación y áreas naturales, Santiago suele registrar condiciones de calidad del aire catalogadas como moderadas. Mediciones recientes reportan índices cercanos a 61 puntos, una condición considerada aceptable para la mayoría de la población, aunque con posibles efectos para grupos sensibles.

Entre los contaminantes que suelen monitorearse destacan las partículas PM10, PM2.5 y el ozono, cuya concentración puede variar conforme cambian las condiciones meteorológicas y la intensidad de los vientos.

Con la nueva red de monitoreo, el municipio busca entender con mayor precisión cómo influyen las corrientes de aire, la topografía y los cambios climáticos locales en la calidad del aire que respiran diariamente sus habitantes.

Más allá de la percepción que pueda generar un cielo despejado, el objetivo es contar con información propia para conocer qué ocurre realmente con la atmósfera de Santiago y cómo evoluciona a lo largo del día.

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