24 de junio 2024
¡Que alguien me explique!
Refundar al PRI
El PRI está obligado a una refundación, a una reingeniería política que le devuelva ese lustre que comenzó a palidecer a partir de su derrota en el 2000, cuando perdió por primera vez la Presidencia de México
Por Ramón Alberto Garza
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El PRI está obligado a una refundación, a una reingeniería política que le devuelva ese lustre que comenzó a palidecer a partir de su derrota en el 2000, cuando perdió por primera vez la Presidencia de México.
Y es que desde los días en que la llamada alternancia -fallida hasta que llegó la Cuarta Transformación- el cóctel de alianzas con el PAN acabó por restarle fuerza al tricolor.
Fue la alianza entre el PAN de Vicente Fox con el PRI de Carlos Salinas y Elba Esther Gordillo lo que le salvó la plana al blanquiazul para retener la Presidencia con Felipe Calderón. La consigna era impedir la llegada de Andrés Manuel López Obrador a Los Pinos.
La devolución de las llaves de la casa presidencial del PAN al PRI se dio en 2012, cuando Fox y Calderón debieron cumplir lo pactado en 2006 y apoyaron abiertamente la victoria del priista Enrique Peña Nieto, quien lejos de aprovechar el momento para relanzar al Partido lo hundió en el fango del descrédito y la corrupción con la Casa Blanca, Higa, Odebrecht, la Estafa Maestra y el saqueo a Pemex.
La salida del presidente del copete engomado, para salvar su pellejo, fue pactar la transición con Andrés Manuel López Obrador. Su calidad de ex presidente intocable en todo el actual sexenio así lo confirma. Vendió su alma a cambio de su impunidad, la de Luís Videgaray y la de Miguel Ángel Osorio Chong. En seis años de una Cuarta Transformación que presume el combate a la corrupción, no se les tocó ni con el pétalo de una mañanera.
Eso lo sabe Alejandro “Alito” Moreno, quien como presidente del tricolor ya articula toda una estrategia para relanzar al partido y devolverle su vida propia al que fuera alguna vez el todopoderoso tricolor.
Y es que, a pesar de que se pretenda flagelar a la dirigencia actual, el PRI debió pagar por segundo sexenio consecutivo el precio de no postular a un priista a la Presidencia.
Ni José Antonio Meade, ni mucho menos Xóchitl Gálvez tenían genética tricolor. Todavía en 2021, con la alianza Va Por México, “Alito” Moreno logró ser el gran articulador y la postulación de la candidatura presidencial de Xóchitl Gálvez en 2024, bajo el estandarte de la coalición de Fuerza y Corazón por México, fue un acto de generosidad política, una jugada de sacrificio, buscando frenar el avance de Morena, con quien no se dieron concesiones ni en las votaciones controversiales que acabaron frenadas en las Cámaras.
Y a pesar de que la candidata X tenía más genética azul que tricolor, fueron las estrategias, los apoyos y los arrestos del dirigente del PRI, por encima de un errático Marko Cortés, lo que logró cohesionar esa alianza opositora. Xóchitl Gálvez encontró en Alejandro Moreno mayor respaldo que el que le regateó -entre gritos e insultos- al líder nacional del PAN.
Pero en las urnas y, sobre todo, en el poder real de las Cámaras, el PRI logró 33 diputaciones y 17 escaños senatoriales. Miente Dante Delgado, el devaluado y muy cuestionado líder naranja, quien presume haber superado al tricolor en la reciente elección. Sus diputaciones alcanzan 23 -sólo una por mayoría, el resto son pluris- que son 10 curules menos que las del PRI. Y sus escaños senatoriales serán 5, es decir 12 menos que el tricolor. Los números son fríos, no engañan.
Con un millón de militantes activos, los votos tricolores alcanzan los siete millones en la elección presidencial y cifras similares se dieron en las elecciones para el Senado y para la Cámara de Diputados. A nivel municipal, 30 millones de mexicanos están hoy bajo la tutela política del PRI, a pesar del tobogán que lo viene desplomando desde el 2000.
Y a pesar de las grandes traiciones, incluida la más reciente de Peña Nieto de la mano de Alfredo del Mazo, quienes entregaron a Morena el Estado de México en esa que es la entidad con mayor votación, el PRI superó por 230 mil votos al de todos aquellos mexiquenses que sufragaron en favor de Xóchitl Gálvez. Y lo mismo sucedió en la Cámaras, donde el tricolor en el Estado de México logró 255 mil votos más que la coalición opositora.
Por eso, Alejandro “Alito” Moreno está hoy articulando una nueva e inminente estrategia, de fondo, que podría ir tan lejos como cambiar el nombre al Revolucionario Institucional.
Sabe que lo puede hacer, porque su PRI sobreviviente está cohesionado, operando verticalmente, hay agenda unificada en las Cámaras y hay destino común en los 32 estados.
Para las nuevas generaciones, ni lo revolucionario ni lo institucional les dicen algo. La consigna para el PRI hoy es renovarse… pero nunca morir.
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