26 de enero 2026
¡Que alguien me explique!
Presidenta, sí se puede
La captura en México -y su extensiva entrega a EEUU- del narcotraficante canadiense Ryan Wedding, dejó en claro que los gobiernos de Sheinbaum y Trump sí pueden cooperar para combatir al crimen organizado, sin ceder soberanía
Por Ramón Alberto Garza
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La captura en México -y su extensiva entrega a Estados Unidos- del narcotraficante canadiense Ryan Wedding, dejó en claro que los gobiernos de Claudia Sheinbaum y Donald Trump sí pueden cooperar para combatir al crimen organizado, sin ceder soberanía.
La operación para ubicar y detener a uno de los 10 criminales más buscados por el FBI -por quien se ofrecía una recompensa de 15 millones de dólares- es la primera gran muestra de que sí puede darse una genuina cooperación entre México y Estados Unidos para arrancar la limpia de narcotraficantes. De este lado de la frontera y de aquel lado también. Y, coincidencia o no, se dio en momentos en que el director del FBI, Kash Patel, sostenía encuentros en suelo azteca con los altos mandos de la seguridad y la inteligencia mexicanos.
Al ex atleta canadiense -a quien pocos tenían en la mira pública- se le acusa de traficar con 60 toneladas de cocaína al año entre México, Estados Unidos y Canadá. Aliado del Cártel de Sinaloa, entre los altos mandos del FBI se identificaba al deportista olímpico como “El Chapo” canadiense.
Excelente el mérito de Omar García Harfuch, quien desde la Secretaría de Seguridad Ciudadana coordinó los esfuerzos con el FBI para consumar esta captura de alto perfil, solicitada por la fiscal norteamericana Pam Bondi. Y aquí nadie puede acusar pérdida de soberanía. Todos pueden presumir cooperación. ¿Podríamos aplicar la receta para hacer lo mismo con narcotraficantes mexicanos como Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”, o con Fausto Isidro Meza Flores, alias “El Chapo Isidro”, los dos jefes más visibles que operan hoy los cárteles Jalisco Nueva Generación y el de Sinaloa?
La captura del canadiense Ryan Wedding no podría haberse dado en mejor momento para apaciguar algunas de las inquietudes del presidente Donald Trump sobre el narcoestado mexicano, apadrinado por los gobiernos de la Cuarta Transformación. Sobre todo, en momentos en que la Secretaría de Guerra de los Estados Unidos -antes Departamento de Defensa, mejor conocido como el Pentágono- emitió hace unos días un documento oficial en el que definió su Estrategia Nacional de Defensa 2026.
En ese documento, desclasificado, se deja en claro que el interés de Estados Unidos se ubica hoy en recuperar el control sobre el Continente Americano, en blindar las fronteras contra el narcotráfico y la migración, así como en asumir el control no sólo sobre Groenlandia, sino sobre el Canal de Panamá. Instalar de lleno la Doctrina Monroe, rebautizada hoy como la Doctrina Don-Roe.
Pero si la presidenta Claudia Sheinbaum quiere ver con detalle lo que se anticipa para México, si no se valida la cooperación, basta que se vaya a la página 16 de ese documento estratégico para que vea las consecuencias de aislarse.
En sus primeros tres apartados que se ubican en Defender el Territorio Norteamericano se deja en claro que, la prioridad uno, es la de Defender las Fronteras; el dos es Atacar el Narco-Terrorismo en el Hemisferio y el tercero es el de Asegurar los Territorios Clave en el Hemisferio Occidental, es decir, en América.
Sobre el punto uno, el sellado de las fronteras, el papel de México está más que evidente. Somos la mayor frontera con Estados Unidos. Son 3 mil 142 kilómetros de una membrana permeable a la migración, el contrabando de narcóticos y de armas y al tráfico de dinero.
Pero el punto que la inquilina de Palacio Nacional y su círculo cercano deben de analizar con mayor cuidado es el de Atacar a los Narco Terroristas en el Hemisferio. En ese apartado se establece, en principio, un esquema de cooperación para enfrentar la amenaza de los cárteles, recalcando que la Secretaría de Guerra norteamericana está en la mejor disposición de apoyar cualquier iniciativa conjunta. ¡Pero cuidado!
En el último párrafo de ese apartado se establece, con toda claridad, que si los aliados no pueden o no quieren hacer su parte, entonces los norteamericanos estarán preparados para actuar decisivamente por su cuenta. Más claro, ni el agua. La advertencia a la presidenta Claudia Sheinbaum es: “contigo, sin ti o a pesar de ti, vamos sobre los cárteles narcoterroristas”.
Hasta antes de que se expidiera, esta semana, este documento de la Estrategia Nacional de Defensa 2026, lo que existía eran abundantes declaraciones de personajes clave del círculo cercano al presidente Donald Trump, advirtiendo en entrevistas a medios como The New York Times, The Wall Street Journal, The Washington Post, CNN o Fox News, que la Secretaría de Guerra -de la mano del FBI, de la CIA, de la DEA y de Homeland Security- estarían listos para incursionar en territorio mexicano -si fuera necesario- para frenar a los cárteles sobrevivientes a la era post Chapo y post Mencho.
Hoy, lo que existen ya no son simples declaraciones. Es una definida estrategia, por escrito, difundida sin clasificación alguna, para que no existan dudas. Si en Palacio Nacional, la presidenta Claudia Sheinbaum quiere hacer oídos sordos a lo que ya es un mandato desde el Pentágono, tendrá que atenerse a las consecuencias. Sobre aviso no hay engaño. Que voltee a revisar la incursión norteamericana en Venezuela y la detención del presidente en funciones, Nicolás Maduro.
Por eso decimos que, bien haría la inquilina de Palacio Nacional, en aprovechar la coyuntura de la captura conjunta -bajo mutua cooperación- del atleta y narcotraficante canadiense Ryan Wedding. Porque en acciones como esta, operadas de mutuo acuerdo, está la solución para mejorar la relación con la Casa Blanca. Voltear más hacia Washington y menos hacia Palenque. Esa es la receta. ¡Sí se puede, presidenta!
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