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4 de marzo 2026

4 de marzo 2026

¡Que alguien me explique!

Pemex se hunde en la corrupción

Petróleos Mexicanos está en su peor momento en décadas. Las exportaciones de petróleo de México alcanzan sus niveles más bajos en los últimos 35 años

Por Ramón Alberto Garza

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Petróleos Mexicanos (Pemex) está en su peor momento en décadas. Las exportaciones de petróleo de México alcanzan sus niveles más bajos en los últimos 35 años. Apenas registraron, en enero de 2026, los 294 mil barriles de petróleo al día. Una caída del 44 por ciento comparado con el mes de enero de 2025.

Sólo para darse una idea, en el sexenio del presidente Vicente Fox, esas exportaciones alcanzaron los 1.87 millones de barriles diarios. Es decir, hoy vendemos la sexta parte de lo que enviábamos de crudo en 2004 al exterior. Un 84 por ciento más que el muy bajo nivel actual.

Es cierto que el problema radica en la equivocada estrategia de darle prioridad a la inversión en refinación -donde se pierde dinero- en lugar de darle prioridad a la exploración y explotación para exportar crudo -en lo que se gana dinero-.

Pero más allá de esta falla estructural, lo que hunde hoy a Pemex es el pésimo nivel gerencial que, de no ser por el rescate de emergencia que Hacienda hizo hace unos meses de las finanzas de la paraestatal, debía declararse en quiebra. Las deudas a proveedores alcanzaron el máximo histórico de 517 mil millones de pesos. Y mientras la producción de crudo se desploma, los gastos y la deuda se acumulan.

Cuando Andrés Manuel López Obrador asumió la Presidencia en 2018, prometió rescatar a Pemex de la crisis en la que estaba, en medio de una gran privatización heredada por el priista Enrique Peña Nieto. Nada de eso, la salida cuatroteísta fue peor. La emergencia del huachicol en ductos, del huachicol fiscal de contrabando y del huachi-diésel, aunada a una rampante corrupción interna, acabaron por hundir todavía más a la paraestatal que algún día figuró entre las cinco mayores productoras de crudo en el planeta. Hoy no calificamos ni en el Top 20.

Sin embargo, el mayor drama está en la enorme corrupción que el sexenio pasado toleró Octavio Romero Oropeza, quien fue impotente -¿o deberíamos decir cómplice?- frente al saqueo articulado por el “Modus OperAndy” implementado en Pemex por la trifecta de Andrés López Beltrán, Daniel Asaf y Marcos Herrería. Hoy, Octavio Romero y Marcos Herrería ya mudaron sus cuestionadas prácticas al Infonavit, donde pronto veremos lo que hicieron con las finanzas de este organismo de la vivienda, sostenido por las cuotas de trabajadores, patrones y el propio gobierno federal.

Pero si alguien creía que con la salida y exhibida de las corruptelas de los directivos del sexenio anterior las cosas iban a cambiar, están muy equivocados. Los negocios a cielo abierto continúan en Pemex. Sólo que ahora, ya no es Marcos Herrería quien tripula el desorden y los acuerdos en lo oscurito, sino Ramón Díaz de León, un muy cuestionado personaje que viene de operar en el Estado de México, siempre al servicio del priista Alfonso Navarrete Prida.

En pocas palabras, Ramón Díaz de León presume ser el cerebro financiero y patrimonial del actual director de Pemex. Bajo sus “negociaciones” se está intentando reintegrar a empresas muy cuestionadas, como Trafigura y el consorcio C5M-QMAX.

Es Ramón Díaz de León el que está operando -bajo el amparo de Víctor Rodríguez- la reinclusión de personajes ya antes sancionados, como José Manuel Carrera Panizzo. Es el mismo Ramón Díaz de León quien dio la luz verde al director de Procesos Industriales de Pemex, Armando Lechuga Arriaga, para que ampare a Sergio Rosado -el llamado Rey del Coque- y a su empresa Noble, que arrastran un largo historial de corrupción.

En este “nuevo Pemex” del Segundo Piso de la Cuarta Transformación, a nadie escapa que Andy López Beltrán continúa siendo una poderosa mano que mece la cuna. Es él, junto con Ramón Díaz de León, quienes apadrinan al consorcio C5M-QMAX, que tiene investigaciones por contratos de 11 mil millones de pesos para darle servicios a la refinería de Dos Bocas.

Lo que se permea en esta administración de Pemex es, no sólo la falta de experiencia administrativa, sino la debilidad de carácter del director Víctor Rodríguez, que les deja todo el camino ancho a sus operadores financieros Ángel Rosado y Hugo Vadillo. Son ellos -a la par de Armando Lechuga- quienes maquillan las cifras para que las refinerías que, históricamente operan con enormes pérdidas, sean presentadas como las joyas de la corona.

En ese mismo caso está el área de Logística de la paraestatal petrolera, comandada por Israel Benítez López, y quien opera la red de quienes piden “apoyos” a contratistas, invocando que tiene toda la protección de un muy poderoso secretario de Estado.

Lo que se asoma hoy, en Pemex, es la urgencia de un cambio para renovar el espíritu de la principal empresa del Estado, que naufraga hoy entre la corrupción y la quiebra, con los niveles de producción más bajos en casi cuatro décadas. Quizá por ello es que el nombre de Lázaro Cárdenas Batel esté apareciendo -entre otros- con insistencia para encabezar la reestructura de Pemex. Continuar con lo que existe hoy sólo viene a perpetuar la corrupción. Y la paraestatal que en los 80s y hasta el 2000 fuera orgullo de México debe ser rescatada o acabará inevitablemente en manos privadas, nacionales o extranjeras que le devuelvan su brillo perdido.

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