10 de febrero 2022
¡Que alguien me explique!
Mirreynato Naranja
El fundador, líder moral y actual coordinador naranja tendría que comenzar por revisar la propuesta para postular al actor y empresario, Roberto Palazuelos, como su candidato a gobernador por Quintana Roo
Por Ramón Alberto Garza
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Si Dante Delgado busca conservar a Movimiento Ciudadano (Partido Naranja) como una de las muy pocas -o quizás-, la única opción opositora rumbo al 2024, tiene que hacer un profundo examen de conciencia.
El fundador, líder moral y actual coordinador naranja tendría que comenzar por revisar la propuesta para postular al actor y empresario, Roberto Palazuelos, como su candidato a gobernador por Quintana Roo.
El llamado “Diamante Negro” tiene una fuerte popularidad por sus roles de telenovela, pero no necesariamente por ser el prototipo del político que necesita el Estado insignia del turismo en México.
Palazuelos es el arquetipo de la generación de los políticos “Mirreyes”, una parvada de juniors que fueron incrustados desde el sexenio de Felipe Calderón y florecieron en el de Enrique Peña Nieto.
Juan Camilo Mouriño, Roberto Gil Zuarth, Emilio Lozoya y Aurelio Nuño son claros ejemplos del mirreynato político del PRIAN.
Jóvenes fatuos, con escasa profundidad intelectual, sin escrúpulos cuando se trata de ganar dinero, traficantes de influencias vestidos al último grito de la moda, que su carácter los convierte en el alma de la fiesta y que hacen de las redes sociales todo su universo.
Por supuesto que, en una democracia, algunos de estos personajes pueden colarse y ganar una elección, sobre todo, cuando los opositores presentan una pobre oferta.
Pero si el líder de Movimiento Ciudadano quiere ver lo que podría suceder con Palazuelos, basta asomarse a sus afrentosas declaraciones, que no tienen defensa ni desperdicio. Son vergonzosas.
Para abrir boca, ahí está la que el “Diamante Negro” hizo en una entrevista televisiva, en la que amenazó con vengarse de todos aquellos que hoy le están haciendo campaña sucia.
La otra es su abierta y descarada descripción de cómo mató -alegando defensa propia- y cómo intentó evadir a la justicia, presumiendo un permiso de portación de armas firmado por el entonces Secretario de la Defensa.
Solo un ciego no ve los desplantes de soberbia y de prepotencia de quien aun antes de ser postulado ya se siente gobernador de uno de los estados que más le generan riqueza a México.
Dante Delgado tendría que recurrir al espejo retrovisor para cuantificar el precio que va teniendo que pagar, en Nuevo León, con el desempeño de Samuel García.
Es otro “Mirrey” que a lomo de su influencer esposa, Mariana Rodríguez, de las redes sociales, del impulso ciego de algunos personajes clave del Grupo de los 10 y de los descalabros de sus opositores, alcanzó la gubernatura del estado industrial de México.
Y en los primeros 120 días de frivolidades, pasamos de las mentiras sobre el Papa y el Vaticano, a la sustracción ilegal de un pequeño de las guarderías del DIF, la licitación “a modo” del sistema vial, a la inundación de ex empleados del despacho fiscal de su padre, para ser colocados en puestos clave del gobierno, a un estilo personal de gobernar de malos modos con sus cercanos que no se sienten respetados y que ya evalúan sus renuncias.
Todo ello, sin contar con los antecedentes electorales del uso de millones de pesos desviados de las empresas de su familia a su campaña y que están pendientes del fallo final, en un INE que por la demora en su resolución raya en complicidad.
Más lo que se le acumule al Fosfo-Fosfo Gobernatore en su ambiciosa y sórdida carrera por ser incluido bajo los colores naranja en la boleta presidencial del 2024.
Por eso decimos que Dante Delgado tendría que hacer un profundo examen de conciencia, que le impida echar por la borda tantos años de lucha por las impertinencias de un puñado de juniors a los que la democracia, apalancada en la ignorancia de las mayorías digitales, está dispuesta a encumbrar a cualquiera que los divierta.
Se tendría que comenzar por escuchar las voces que, desde adentro de Movimiento Ciudadano -como la senadora Laura Ballesteros, Liz Fernández y Rodrigo Cordera-, exigen seriedad en la selección de quienes darán la cara por el fenómeno naranja que ya controla Jalisco y Nuevo León, y que aspira ser la sorpresa del 2024.
Ganar por ganar las elecciones estatales, con personajes impresentables que dicen haber sudado la vida cargándonos de golf, definitivamente es el mejor camino para ganar un round, pero jamás será la ruta para ganar la pelea.
Pregunta curiosa: ¿Será cierto que existe una avanzada silenciosa de la pareja Calderón-Zavala -en otros tiempos azules- para apuntalar al Movimiento Naranja?
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