12 de enero 2026
¡Que alguien me explique!
Los días de Cuba ya están contados
Mientras todos estamos distraídos con las acciones de EEUU sobre Venezuela, Colombia, México, Irán y Groenlandia, poca atención se le presta a Cuba: Sus días están contados… Y los de quienes le den oxígeno, en medio de la crisis, también
Por Ramón Alberto Garza
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Mientras todos estamos distraídos con las acciones de Estados Unidos sobre Venezuela, Colombia, México, Irán y Groenlandia, poca atención se le presta a Cuba.
Pocos saben que la cereza en el pastel de la reactivación de la “Doctrina Don-Roe” -la de América para los americanos- pasa por la caída del régimen comunista de Cuba y la reinstauración de un sistema de libre mercado y con democracia electoral abierta en la Isla.
Y, al menos, en el Departamento de Estado norteamericano comienza a dibujarse ya una fecha para consumar el giro geopolítico de una Isla que, bajo el dominio del apellido Castro, fue uno de los epicentros de la Guerra Fría. Y esa fecha es el próximo 26 de julio. Sí, precisamente el día en que los cubanos que todavía creen en su fallida revolución conmemoran el asalto -en 1953- al Cuartel de Moncada, lo que exhibió por primera vez al mundo que el entonces dictador derechista, Fulgencio Batista, tenía lo días contados.
Debieron transcurrir cinco años y medio entre aquel 26 de julio de 1953 y el primero de enero de 1959, para derrocar al régimen de Fulgencio Batista e instalar un gobierno con Fidel Castro al frente. Pocos esperaban entonces un régimen de izquierda. El Comandante se había encargado de sembrar, aún entre norteamericanos, que el suyo sería un capitalismo social. Pero pronto sucumbió a la seducción de la Unión Soviética que hizo de la Isla su más estratégica base de operaciones en América y que vivió su clímax de tensiones en 1963, durante la crisis de los misiles generada entre el soviético Nikita Khrushchev y el norteamericano John Fitzgerald Kennedy. La frustrada antesala de una Tercera Guerra Mundial.
Pero, a pesar de la caída del Muro de Berlín el 9 de noviembre de 1989 y el desmantelamiento de la Unión Soviética, Cuba y Fidel Castro sobrevivieron al embargo impuesto por Estado Unidos, gracias a los buenos oficios de México y Venezuela, entre otros.
Y en esta historia, el papel de los gobiernos de México -desde Miguel Alemán hasta Claudia Sheinbaum- ha sido crucial para sostener al régimen de los hermanos Castro -primero a Fidel y luego a Raúl-. Desde nuestro país, con PRI, con PAN o con Morena, los apoyos a la Isla en los momentos críticos del embargo decretado por Estados Unidos fueron clave para darle oxígeno a una dictadura en decadencia. Todo, a cambio de que Cuba no exportara su revolución y su guerrilla a México, como sí lo hizo con Nicaragua, El Salvador, Venezuela, Bolivia, Perú, Colombia, Argentina y Chile. Todo, prendido con los alfileres del “comes y te vas”.
Pero, en ningún momento de la historia, Cuba dependió tanto de México como hoy. No sólo en los envíos de petróleo y combustibles para darle la mínima energía a la Isla, sino en los apoyos de alimentos y medicamentos. El supuesto intercambio comercial, primero, fue por azúcar y, más tarde, por ejércitos de supuestos médicos cubanos que importaron los gobiernos de Morena para justificar que la ayuda mexicana era algo más que humanitaria. Y eso está más que claro en Washington. Por eso, en el Departamento de Estado, tienen como prioridad ejercer presión sobre el gobierno de Claudia Sheinbaum para cesar cualquier ayuda, energética o alimenticia. El gran plan para que caiga el régimen cubano -con 66 años de dominación comunista- pasa inevitablemente por el “manos fuera” de México. Esa es una de las mayores presiones que enfrentará, en los próximos días, el gobierno de la Cuarta Transformación.
Y a quien lo dude que revise las declaraciones de ayer domingo del presidente Donald Trump, en las que exhortó al gobierno cubano a “alcanzar un acuerdo” o enfrentar consecuencias no especificadas. El inquilino de la Casa Blanca advirtió que el flujo de petróleo y dinero venezolano, hacia La Habana, se detendrá a partir de ahora. Ninguna mención a México, pero a la buena entendedora, pocas palabras.
Y para dejarlo claro, en su red Truth Social amenazó: “No habrá más petróleo ni dinero para Cuba: ¡Cero!… Les sugiero encarecidamente que alcancen un acuerdo antes de que sea demasiado tarde”, escribió en franca dedicatoria al mandatario cubano Miguel Díaz-Canel.
El líder cubano, quien venía manteniendo bajo perfil frente a los embates norteamericanos en América Latina, alzó la voz y dijo que “no tienen moral para señalar a Cuba en nada, absolutamente en nada, quienes convierten todo en negocio, incluso las vidas humanas”. Y sentenció Díaz-Canel: “Quienes hoy drenan histéricos contra nuestra nación, lo hacen enfermos de rabia por la decisión soberana de este pueblo de elegir su modelo político”.
Ingenuamente, el dictador cubano deja a un lado el factor que, en esta ocasión, sí hará la diferencia y que lleva por nombre Marco Rubio. Nacido en Miami, de padres inmigrantes cubanos, el ahora secretario de Estado y uno de los punteros republicanos para suceder a Donald Trump en la Casa Blanca, tiene como misión de vida recuperar la libertad para la Cuba de sus ancestros.
Eso lo deben entender muy bien en el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum y tomar nota de que, entre las tantas presiones de Estados Unidos sobre México, el Factor Cuba es crucial. Sobre todo, cuando ya no existe la ayuda de Venezuela para la Isla.
Dentro del Departamento de Estado, el trazo de la Operación Habana tiene fecha tentativa: el próximo 26 de julio, día de la conmemoración de la Revolución Cubana, apenas concluido el Mundial de Futbol 2026. Y si en México no se entienden los signos de los tiempos, el gobierno cuatroteísta será marcado en fuera de lugar y la tarjeta roja será inevitable. Al buen entendedor, pocas palabras. Los días de Cuba están contados. Y los de aquellos que le den oxígeno, en medio de la crisis, también.
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