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13 de julio 2024

21 de mayo 2024

¡Que alguien me explique!

La elección se rompe por lo más Delgado

Xóchitl Gálvez puso sobre la mesa del debate el caso del llamado huachicol fiscal, la gasolina de contrabando desde EEUU y que deja a los delincuentes enormes ganancias que terminan financiando a Morena. Y el pronunciamiento sobre Mario Delgado fue inevitable

Por Ramón Alberto Garza

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Xóchitl Gálvez puso sobre la mesa del debate el caso del llamado huachicol fiscal, la gasolina de contrabando desde Estados Unidos y que deja a los delincuentes enormes ganancias que terminan financiando a Morena. Y el pronunciamiento sobre Mario Delgado fue inevitable.

La candidata de Fuerza y Corazón por México denunció que el presidente de Morena y jefe de la campaña de Claudia Sheinbaum está en el epicentro del que, sin duda, en el séptimo año será el escándalo del sexenio. Delgado era, con el diputado morenista Erasmo González, el contacto con el ejecutado Sergio Carmona, el “Rey del Huachicol”.

Y en la mañanera de ayer lunes, el presidente López Obrador, quien se había mantenido en silencio sobre las denuncias del huachicol fiscal hechas por Código Magenta, le dejó el relevo de cargos acusatorios al presidente de Morena.

Pero ni el inquilino de Palacio Nacional ni la candidata Claudia Sheinbaum pueden ignorar la existencia de pruebas contundentes. Y los testimonios también son abundantes.

Ahí están las bitácoras de vuelo del avión de Sergio Carmona, transportando a Mario Delgado, a Erasmo González y a otros líderes de Morena, lo que deja en claro que operaban en conjunto.

Ahí están también evidencias en audio y video halladas en los teléfonos perdidos del huachicolero ejecutado en San Pedro Garza García, una copia de los cuales entregó su hermano Julio Carmona a las autoridades norteamericanas.

Y menos se pueden hacer de oídos sordos con los testimonios a cámara de dos dirigentes de Morena -Horacio García y Jocelyn Hernández- quienes admiten el reparto de cientos de millones de pesos del huachicol fiscal y del crimen organizado a campañas como las de Sinaloa y Tamaulipas, no dejan lugar a dudas.

No hay forma de que Delgado salga bien librado de esta, a menos que el presidente Andrés Manuel López Obrador la haga causa propia y pida en Estados Unidos -invocando motivos políticos como en el caso del general Salvador Cienfuegos- que se congele la investigación del huachicol fiscal de origen norteamericano, en la que se incluye prominentemente el nombre de Mario Delgado.

Bajo cualquier circunstancia, en un país con Estado de Derecho, Delgado tendría que haber renunciado, tanto a dirigir el partido como la campaña de Claudia Sheinbaum. No en México, no en el gobierno de la Cuarta Transformación.

Su peor “castigo” fue dejarlo fuera de las listas para alcanzar el fuero con una diputación plurinominal, que es una posición que todos los presidentes de partido tienen en una elección presidencial. Alejandro Moreno, Marko Cortés y Jesús Zambrano la amarraron.

A Delgado “lo bajaron” sin hacer escándalo. Es decir, lo habilitaron como “fusible” en caso de que la investigación se salga de control, sobre todo, por las implicaciones de que los dineros huachicoleros financiaron a gobiernos productores y distribuidores de fentanilo. Preferible entregar a Delgado a que vengan por él.

Lo curioso es que el caso sólo se difunde en las redes sociales independientes. Nadie toca el tema ni en pantalla grande, ni en las primeras páginas y sólo algunos en la radio. Aunque Xóchitl Gálvez lo denuncie, el silencio prevalece.

Hasta ahora, que el presidente, por primera vez desde que emergió la primera denuncia, se atreve a marcar un deslinde. Si el caso estalla, en Estados Unidos, la ruta ya está escrita: “Allá que se defienda él”.

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