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06 de Octubre del 2020

#YoQuéVoyASaber | De venganza y resentimiento

El fin de semana muchos dijeron que la marcha de FRENAA fue un fracaso.
Sí, fracasaron los detractores del gobierno, porque ni de chiste eran los casi 200 mil manifestantes que presumieron, pero también fracasamos todos porque nos hemos convertido en una sociedad de enemigos horribles que lo único que nos importa es que el otro pierda. Y eso, no solamente es un fracaso, es una verdadera tristeza. En 1989, en todo México nos sabíamos esta canción: La tarareabas mientras lavabas los trastes y hasta sentías emoción al pensar que el esfuerzo de unión formaría una gran nación. Han pasado 31 años de eso y México no podría estar más alejado de esas palabras. La solidaridad es solo un slogan que sacamos a colación solo cuando hay un temblor. Es un valor sin valor. Porque cada vez nos importan menos los demás, cada vez estamos menos dispuestos a escuchar una opinión que no sea la nuestra. El diálogo es una puerta cerrada con tres candados. Los discursos de odio llegan de todos lados. De los pros. De los contras. De la calle. Del poder. Pareciera que el virus que realmente se propagó por todo el país es el de la intolerancia. Vivimos enojados con el otro y queremos que lo sepa. Queremos que fracase para disfrutarlo, para burlarnos, para gritárselo en la cara. Aunque no ganemos nosotros, con que fracasen ellos. Estamos en medio de una crisis sanitaria que supondría un renacimiento de la solidaridad. Una reivindicación de ese México que presumimos en otros lados en donde las manos de unos sostienen las del otro, haciendo una cadena de amor y fraternidad. Nada de eso se ve en las calles, menos en las redes sociales. Peleamos en medio del naufragio para ver quién se ahoga primero. El odio, el insulto y la desacreditación se han vuelto nuestra bandera. La división es nuestro credo. De acuerdo con la encuesta “México ¿país polarizado?” el 65% de los mexicanos percibe un país dividido. Y no están equivocados. Por un lado, están quienes por años han sido oprimidos por un sistema de poder que los hizo sentir ignorados y ahora sienten que es el momento de la revancha. Por otro, están los que sienten que sus privilegios fueron arrebatados y se aferran rabiosamente al poder bajo el argumento que lo merecen más que nadie. Y la intolerancia entre esos dos bandos solo ha incrementado un mutuo resentimiento que nos hace pelear entre nosotros. Cuenta la leyenda que los tlaxcaltecas se unieron a los españoles por el mero placer de chingarse a los aztecas. La venganza y el resentimiento tumbaron un imperio en medio de ríos de sangre. Fracasó nuestra misma sangre. Y, ahora, más de 500 años después, somos movidos por los mismos sentimientos. Por eso seguimos siendo un país subdesarrollado, desigual y violento… Seguimos siendo ese país en el que fracasamos todos.