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24 de Junio del 2020

#YoQuéVoyASaber | Generación mazapán

Que quiten a la negrita de los jotqueis de la caja. Que no le digan negrita de los jotqueis. Que se disculpen con todas las negritas que han hecho jotqueis.  Sí, yo también lo pensé: a esta generación de mazapán todo les ofende.  Pero saben qué… tienen un punto. La primera vez que me dijeron negra para insultarme estaba en la secundaria.  Hasta antes de eso, nunca había considerado que esa palabra pudiera ser usada como insulto porque en mi familia todos somos "negritos" y nadie lo dice con desprecio porque ni siquiera se nos ocurre que eso pueda ser malo. Aún ahora, la gente más querida y cercana a mí, me dice negrita. Siempre es como un abrazo. Pero en aquella ocasión, a los 11 o 12 años, un compañero de clase discutía conmigo por algo, seguramente yo iba ganando porque era muy buena para el debate y en su frustración recuerdo que me dijo: ¿Tú qué sabes pinche negra? Tengo clarísima la confusión que me causó, porque para mí la palabra negra estaba asociada con cariño, con familia, con abrazos... pero este bato lo decía enojado, entonces no me hacía clic. ¿Porque me dice algo lindo si quiere ofenderme? La semana pasada me enfrasqué en una acalorada discusión sobre el escabroso asunto de la tía Jemima.  Y aunque reconozco que mi primera reacción fue la de muchos boomers y dije Wey ya La verdad es que cuando me metí a investigar encontré muchas cosas en las que sí estamos mal, pero como lo he dicho antes, las hemos normalizado tanto que cuando nos la señalan nos parecen exageradas. Primero, que efectivamente la Jemima era una esclava.  Al menos, la imagen en la que estaba basada y que fue representada por varias mujeres, una de ellas Nancy, otra Lillian.  Sí, yo también pensaba que solo era una tía que cocina bien sabroso. Pero resulta que tampoco era tía de nadie  Sucede que en el siglo XIX a los esclavos afroamericanos se les decía tíos o tías -sí mira, como a los regios- solo que entonces no era porque se querían mucho si no porque los negros no merecían el mote de señor o señora. Es decir que ciertamente la Jemima sí perpetuaba los estereotipos raciales. Porque esa era justa la intención, mostrar a la esclava que prepara jotqueis riquísimos para sus amos blancos. Y para mí, ahí está la clave, en la intención. Ayer FB me mandó un mensaje porque le dije a mi primo Efra, pinchi negro.  Él es Efra y pos sí está bien negro Pero Facebook determinó que mis palabras incitaban al odio. ¿Cómo van a incitar al odio si es mi primo favorito de todos los primos que viven en el Fovissste? Pero el algoritmo no sabe de intención.  Pero nosotros sí y nuestras palabras tienen una carga emocional y esa se la damos dependiendo del contexto de la situación. Para mi lo interesante sería reconocer en nosotros mismos si nuestras palabras traen esa carga cuando las decimos, pero también dejar de ofendernos por cosas que no deberían. Ya los familiares de una de las Jemimas salieron a decir que no la quiten, porque su contexto cambió.  A mi no ofende que me digan negra porque no veo lo negro como algo malo.  El que lo ve mal es quien lo usa para insultar y ese otro es quien tiene un problema. Por eso hay que saber identificar cuándo nosotros somos ese otro. Y esa, creo yo, es la parte difícil.