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28 de Julio del 2020

#YoQuéVoyASaber | Coyotes de Asfalto

Unos, son esos animales salvajes que vemos cada vez más corriendo en medio de las avenidas del AMM, y otros, son esos salvajes inmobiliarios que no vacilan en mutilar un cerro, en meterse a un manglar, o en echar cemento en medio de la sierra madre si eso les deja suficientes ganancias para acallar su conciencia.
Hace unos días vi a un coyote corriendo por el camellón de una avenida cerca de mi casa.  Me provocó emociones encontradas, primero me hizo mucha ilusión porque nunca había visto a un coyote en vivo y son hermosos.  Pero luego, me dio muchísima tristeza porque uno no debería de ver coyotes en medio del asfalto.  Eso representa mucho de lo que hemos hecho mal con la naturaleza. Después de mi primer encuentro con el coyote, no podía pasar por la zona en que lo vi sin buscarlo con la mirada.  A los días, me lo topé más cerca, en una banqueta. Estaba comiendo algo y al lado de él había un  hombre observándolo.  Ahí me di cuenta de dos cosas: que es una coyota y que el riesgo en el que está es más serio de lo que pensé.
 ¿Se acuerdan del oso de la selfie en chipinque?  Cuando sugirieron que lo llevarían a un zoológico la razón era justamente que el animal se había adecuado demasiado a la gente y eso representaba un riesgo tanto como para él como para los demás, pues un animal salvaje que pierde el miedo a los humanos está firmando su sentencia de muerte. La coyota, comiendo en la banqueta. no se veía para nada asustada.  De hecho, cuando busqué más información me di cuenta que hay decenas de fotos de ellas que han tomado los vecinos de la zona.  Algunos incluso dicen que ya la reportaron con Protección Civil, pero nada ha pasado.  El dilema aquí es muy grande. Por un lado, entiendo un poco a esa gente que les da de comer, la mayoría piensa que está haciéndoles un favor.  Los ven todos flacos porque pues LES ESTAMOS QUITANDO SU HÁBITAT y probablemente parte de su dieta. Pero, el asunto aquí es que si les damos de comer, se irán acercando más y eso los pone en riesgo. 
 Lo más triste es que de las dos formas la culpa es nuestra.  Nuestra y de la voracidad de las inmobiliarias que no vacilan en mutilar un cerro, o en meterse a un manglar o en echar cemento en medio de la sierra madre o a mitad de un cauce de río. Y por supuesto, en complicidad con las autoridades, que facilitan los permisos para construir en cualquier parte que deje el suficiente dinero para acallar las sus conciencias.   De acuerdo con datos de la Secretaría de Desarrollo Sustentable del 2010 al 2015, se autorizó el cambio de uso de suelo forestal a urbano a 81 mil hectáreas en Nuevo León.  Pero en enero del 2018, Enrique Peña Nieto promulgó una nueva Ley Forestal, que excluyó a la Semarnat de los permisos de uso de suelo, así que esa decisión abrió la puerta a que los desarrolladores puedan construir prácticamente en cualquier lado, sin importar de quién es hogar.