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12 de Febrero del 2020

Peor que tener al diablo dentro

A Ingrid la mató Erik Francisco, el hombre con el que vivía. La asesinó y la siguió violentando después de muerta. Dijo que se le metió el diablo… Pero Erik Francisco, no fue el único que lastimó a Ingrid aún después de muerta.
A Ingrid también la vulneró esa persona que tomó las fotos en la escena del crimen y las filtró a los medios. A Ingrid, la volvió a violentar esa persona que en una redacción decidió que era buena idea publicar las fotos de su cuerpo roto, incompleto, ultrajado. Ingrid también fue víctima de esa inmunda persona que fue más allá y le puso marca de agua a esas atroces fotos. Porque el cuerpo destrozado de esa mujer de 25 años no importa, importa que todos sepan que esa foto tiene dueño. Luego, muchos desconocidos más, siguieron lastimando a Ingrid compartiendo esas imágenes en redes sociales… Así, Ingrid, ya muerta, comenzó un nuevo camino de humillaciones. A esas personas, ¿también se les metió el diablo? Por que en el caso de los medios que publicaron la foto -algunos incluso en su portada, pero eso sí, respetando la presunción de inocencia del Erik Francisco- la decisión editorial no solo implica la violación postmortem del cuerpo de esa mujer con meros fines mercantiles. Esa decisión editorial tampoco tiene el mínimo valor periodístico. Es abuso puro. Es violencia. Manda un mensaje de que las mujeres no merecemos respeto ni vivas ni muertas. Y quienes compartieron las imágenes en sus redes no están mejor. Ni siquiera tienen el ruin argumento de “vender más periódicos”. Lo suyo es mero morbo. Es la miserable búsqueda de likes. Todo lo que pasó alrededor de este caso es doloroso. Nos llena de rabia, de tristeza, de asco. El martes, la subprocuradora de Atención a Víctimas de la Fiscalía de la Ciudad de México, Nelly Montealegre, dijo que ya se investiga a 6 personas por la filtración de las fotos de Ingrid. Sí, claro, gracias. Lo que sigue. Ya nadie confía en esas investigaciones, porque son las propias autoridades las que permiten, o incluso, las que filtran esos materiales que al final, aparte de revictimizar, entorpecen el proceso legal. La filtración de información en casos como los de Ingrid es común. El año pasado, una Recomendación de la CNDH reveló que se filtra información en al menos 3 de cada 10 expedientes correspondientes a feminicidio. La Comisión detalló que de los 20 expedientes que se abrieron entre 2016 y 2019 vinculados con feminicidio tenían en común la filtración de información de las investigaciones. Todo eso, a pesar de que la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, señala que es obligación de la Segob sancionar a los medios de comunicación que no favorezcan la erradicación de todos los tipos de violencia hacia las mujeres. Evidentemente a pocos les importa. Pero más allá de las cuestiones legales que implica la difusión de este tipo de imágenes, lo más lamentable es que nadie debería sentir la necesidad de compartirlas, no porque sea ilegal, si no porque es inmoral, inhumano, miserable y brutal. Hacerlo es, sin duda, peor que tener al diablo dentro.