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09 de Mayo del 2019

Los Guardianes de la Verdad

Un ecosistema mediático más neutral es la apuesta de negocios de las grandes empresas de tecnología, aunque sus redes sociales ya no sean tan libres
Hace menos de una década, una revolución en contra del autoritarismo tomó al mundo por sorpresa. Empezó en Tunisia, una pequeña nación musulmana al norte de África. Poco después, protestas masivas estallaron en Libia, Egipto, Yemen, Bahréin y Siria. Se le conoce como la Primavera Árabe y se dice que no hubiera sido posible sin las redes sociales. Twitter y Facebook fueron proclamados como las herramientas más importantes del pueblo organizado, a espada de la libertad en el siglo 21. Pero el sueño de la democracia duró poco y se desató la guerra civil. Los años siguientes, estas mismas plataformas empezaron a ser explotadas por todos los actores del conflicto, algunos moderados y otros no tanto. Acusadas por los gobiernos de Estados Unidos y de países europeos de facilitar la propagación del terrorismo, compañías como YouTube, Facebook, Twitter e Instagram se vieron obligadas a suspender las cuentas y a eliminar todo su contenido de sus plataformas. En el mundo occidental, esto trascendió sin causar mucho ruido. De hecho, en algunos casos se aplaudió la efectividad con la que solucionaron el problema. Pero ahora, estas mismas empresas emprenden una campaña similar para suprimir lo que -a su juicio- también es contenido extremista de este lado del mundo. “Siempre hemos vetado a individuos u organizaciones que promueven o ejercen violencia y odio, sin importar la ideología. El proceso para evaluar a posibles infractores es profundo y es lo que nos llevó a la decisión de eliminar estas cuentas”. Eso dijo Facebook hace apenas unos días en un comunicado oficial tras bloquear las cuentas de varias personalidades y organizaciones relacionadas con el movimiento de ultraderecha en Estados Unidos. La respuesta no se hizo esperar. Mientras tanto, en México, Twitter y YouTube se han enfocado en eliminar contenido conspiranoico que goza de gran popularidad entre algunos sectores identificados como de izquierda. Pero, asimismo, han removido cuentas de sátira que para muchos no parecían causar mucho daño. Existen dos razones que explican por qué lo hicieron. La primera, porque estas redes sociales han sido señaladas como corresponsables de la polarización política. Y la segunda, porque en algunas regiones, un número creciente de usuarios de estas redes sociales han optado por dejarlas en búsqueda de espacios menos hostiles. Para el Big Tech, esta campaña significa una apuesta a largo plazo. Por un lado, saben que al inicio serán criticadas por coartar la libertad de expresión. Por el otro, los líderes de estas compañías creen que los extremos ideológicos se tocan y que un ecosistema mediático más controlado y más neutral -a su manera- responde mejor a un modelo de negocios basado en la venta de publicidad. Como empresas privadas, Facebook y las demás tienen todo el derecho de sacar de sus plataformas a usuarios cuyo contenido es bien sabido causa daño en el mundo offline. Sin embargo, existe la probabilidad de que cuando el Big Tech asuma el rol de editor, voces que quizás no son percibidas por la gran mayoría de los usuarios como extremistas, también sean silenciadas. Después de todo, el criterio de estas compañías para remover contenido no es claro y -hasta ahora- no están legalmente obligadas a dar explicaciones. Pero quizás el riesgo más grande es que estos eventos episódicos de censura le resten atención a lo que expertos consideran una forma mucho más importante de moderación de contenido, y esa es la decisión que hacen cada vez que abres tu red social preferida de darle prioridad a cierto contenido sobre otro. Porque al final, esa decisión es la que determina quién es visto en Internet y quién no. Y esa no es ninguna conspiración.