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14 de Marzo del 2019

Las redes sociales, dictadores de la opinión pública

El internet y las redes sociales abrieron la oportunidad de manipular la opinión pública y ponerla en manos del mejor postor
Ayer nos quedamos sin Facebook, y la desesperación colectiva nos volvió locos. Pero quizá un día sin Facebook no fue tan malo porque las redes sociales han ascendido a ser los dictadores de la agenda pública. Ellos definen de qué vale la pena hablar y de qué no. Y esto, se puede manipular. Gobiernos y partidos políticos explotan las redes sociales para desinformar y difundir noticias falsas, censurar y controlar la opinión pública. Un estudio de la Universidad de Oxford reveló que en 48 países del mundo ocurren campañas de manipulación de las redes sociales. La mayoría por parte de partidos políticos que difunden noticias falsas durante periodos electorales. Entre estos países, se encuentra México. Que desde el 2014 tiene registros de operación política en las redes digitales. La asociación internet.mx indicó en un estudio que durante el 2017 México contó con 79.1 millones de usuarios conectados a internet. Esto significa que en un país con 129 millones de habitantes, el 61.3% de los mexicanos navega por la red. Entonces es cierto, la vida política del país ocurre en gran medida en las redes sociales y el que las controla tiene mucho poder. El último escándalo de operación política en las redes sociales ocurrió a los 100 días del nuevo gobierno de López Obrador. Un estudio realizado por el laboratorio de investigación Signa_lab, que pertenece a la Universidad Jesuita de Guadalajara (ITESO), exhibió la #redAMLOVE. Esta se trata de una red usuarios que operan en Twitter para polarizar la opinión a favor de Amlo. Su operación contempla desacreditar a periodistas, medios y opositores que comparten una postura crítica hacia el presidente y su gobierno. A través de Twitter, la secretaría de comunicación social negó estar involucrada con esta red coordinada de simpatizantes. Dejó en claro que la comunicación ha sido con el pueblo y que no hacen uso de estrategias para crear tendencias alrededor de temas del nuevo gobierno. El presidente también opinó al respecto en la conferencia matutina, dijo que “no es cierto que haya un grupo [...] para defendernos en contra de los que nos cuestionan o nos critican, además con derecho y porque es legítimo. No existe eso. Nosotros no tenemos bots”. Las redes sociales, en especial Twitter, se convirtieron en el espacio del debate público. Los mexicanos dependenden de estas herramientas digitales para comunicarse e informarse de lo que está sucediendo.  Manipular el debate en las redes sociales es posible. Repostear tweets, comentarlos, darles me gusta o utilizar hashtags son acciones que definen el flujo de la información y en conjunto construyen a la opinión pública. Según el reporte de la Universidad de Oxford, en 2018 los bots continúan siendo una táctica muy usada para interferir en la opinión pública. Cuentas falsas son utilizadas para difundir mensajes a favor de candidatos, divulgar contenido estratégico o para postear palabras clave que jueguen con los algoritmos y así crear trending topics. El uso de bots para manipular los trending topics sucedió en repetidas ocasiones durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, con los famosos “peñabots”. El medio digital Vice publicó en 2015 que más de 75,000 cuentas automáticas de Twitter se utilizaron en México para combatir las protestas y las críticas al gobierno. Los peñabots fueron utilizados para eliminar los trending topics que no convenían al gobierno. Por ejemplo, en febrero del 2015, la policía atacó una protesta pacífica en Acapulco y las imágenes se hicieron virales. El hashtag #Acapulco se posicionó entre los primeros lugares a nivel nacional pero en cuanto los Peñabots reaccionaron, desplazaron hashtag al décimo lugar colocando por encima #SoyAmanteDe y #DondeFirmoPara. Y de esto, hubo muchos casos. Las redes sociales también son aprovechadas para confundir y manipular la opinión pública a través de noticias falsas. Y es que el internet no reconoce lo que es verdad de lo que es mentira. Un caso reciente en México sucedió a dos meses del desplome del helicóptero que cobró la vida de la pareja Moreno Valle. Una noticia falsa en redes difundió que el helicóptero se desplomó porque se instaló una “pieza pirata” a la unidad, tras no conseguir la refacción original. El gobierno federal a través de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes desmintió el rumor y lo acusó de ser una especulación. Las redes sociales permiten que rumores de este tipo se esparzan como espuma entre los usuarios, y suman a la construcción de verdades a medias que dañan al proceso de investigación para esclarecer hechos de tan casos delicados como la muerte de la ex gobernadora de Puebla y su esposo. También, la Universidad de Oxford explicó que la tendencia de la operación política en el internet es que aumente el uso de publicidad pagada y el posicionamiento en motores de búsqueda. Y en México, eso ya se vió. Durante la campaña presidencial del 2017, el candidato del PRI, José Antonio Meade permaneció hasta abajo en las encuestas de preferencia electoral, pero hasta arriba en los buscadores de Google. Si tecleabas el nombre de cualquier candidato en el buscador de Google, el primer lugar lo ocupaba ¿quién?, Yo Mero. La tendencia es que estos casos vayan a la alza, por lo que hay que tener en la mira la fluctuación en el recurso destinado a campañas digitales que, al ser parte del presupuesto de comunicación social, restaría dinero a lo que se invierte en publicidad para otros medios. Y sumado a que al nuevo Presidente de México “no le gustan los intermediarios”, podría ser que se prefiera la comunicación directa que ofrecen las redes a continuar involucrando a terceros. El debate sobre cómo controlar la manipulación de la opinión es amplio y parece no acabar. Aún más porque la industria de las fake news, los comentarios pagados, y los bots va en ascenso. La manipulación política en redes daña la libertad de expresión y el libre debate necesario para una democracia sana. Sin embargo, también son herramientas democráticas de acceso a la información y libertad de expresión. Y tú, ¿qué opinas?