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31 de Marzo del 2020

En México, ¿cómo es la atención a un enfermo promedio de Covid-19?

Yuri vive en la CDMX y desde hace una semana tiene todos los signos de Covid-19, pero permanece en su casa sin atención médica. Las autoridades le dijeron que no hay ni equipo ni pruebas ni medicina para atenderla. Su historia es la del enfermo promedio en este país. Ese que no tiene acceso a 10 mil pesos para una prueba privada.
Yuritzi Lara vive en la alcaldía Gustavo A. Madero, pero todos los días va a trabajar a un residencial en Interlomas, Estado de México. “La gente de allá viaja mucho. Desgraciadamente traía una gripa arrastrando y mis defensas estaban bajas”, reflexiona que por ahí se coló el virus. Aunque Yuri tiene todos los síntomas y las autoridades la catalogaron como caso sospechoso, aún no le aplican la prueba del Covid-19. Y la razón que le dieron es que no disponen del equipo, ni las pruebas suficientes. Pero vamos a ver cómo sucedió todo. Yuri comenzó a sentirse mal el lunes 23 de marzo, pero poco a poco los síntomas comenzaron a subir de intensidad. El dolor de cabeza y de garganta se hizo cada vez más insoportable, comenzó a presentar fiebre, pero lo que más la espanto fue la dificultad para respirar. El jueves 26 se comunicó al 911 donde le hicieron un cuestionario y le enviaron una ambulancia especializada de la Unidad de Inteligencia Epidemiológica y Sanitaria. Por ahí de las 3 de la mañana llegó la atención y dos personas blindadas entraron a su casa y comenzaron la valoraron. “Ellos me dijeron sabes que, de 10 puntos, tienes 9 puntos, entonces eres probable sospechoso y es necesario trasladarte para que te puedan hacer la prueba y que te den el tratamiento adecuado”. Pero ese traslado tiene que ser con ciertas medidas sanitarias, específicamente colocarle un traje blindado para no contagiar a más personas. La ambulancia se fue y le dijeron que la contactarían para darle seguimiento a la prueba. Pero pasó el tiempo y teléfono no sonó. Yuri comenzó a preocuparse en los últimos días convivió con su mamá y su hermano que padecen enfermedades respiratorias graves, y podrían estar contagiados. Comenzó a marcar de nuevo al 911 pero no le dieron respuestas, siguió insistiendo y la canalizaron con Locatel y con la Unidad Epidemiológica. Finalmente le dijeron: “mira no tenemos unidades, no te vamos a mandar ninguna unidad porque no hay, no tenemos el equipo para poderte llevar y blindarte y trasladarse, o sea no contamos con el equipo y no contamos con las pruebas. Las pruebas las están haciendo aquí a la gente que ya está muy grave que ya está internada y que tiene que ayudarse con respirador artificial”. Yuri no lo podía creer, “es una burla”. Pero dice que lo peor es que tampoco pudieron darle ningún tratamiento médico, y para esos momentos los síntomas ya eran muy agudos. Pero la respuesta fue la misma, “no podemos dar tratamientos, mira te voy a ser honesto ni siquiera tenemos los medicamentos para darte un tratamiento, le dije, ok yo lo compro, pero dime cuál, es que no te pueden diagnosticar así, o sea no se te puede dar nada”. Colgó el teléfono y ahora se dirigió al Seguro Social, pero el protocolo era el mismo, quédate en casa y de 9 a 10 días te llamamos para ver cómo sigues. A pesar del riesgo que conllevaba salir a la calle, Yuri no se podía quedar de brazos cruzados y decidió ir con un médico particular. La doctora le confirmó que padecía los síntomas del Covid-19 y le recetó un tratamiento para aliviar el dolor y la inflamación. Gastó 1,400 pesos en el tratamiento y aunque le ofrecieron la prueba, no cuenta con los medios económicos para pagarla. “Oscilan entre los 10 y 15 mil pesos”. Por ahora Yuri sigue estable, aislada en casa, está esperando a que la enfermedad pase, pero su familia continúa preocupada por la incertidumbre de que alguien más esté contagiado. La prueba sigue pendiente. Yuri piensa que ella es uno de los “casos sospechosos” que están en las cifras oficiales, y que cuando el virus salga de su cuerpo, la pasaran a la fila de “recuperados”. Sin embargo le parece injusto el trato que recibió y el desinterés por revisar a sus familiares. Además está segura que su caso no es el único. “Así como mi caso, cuantas personas pues no están así, mal valoradas, mal atendidas, porque eso es una mala valoración una mala atención, porque cuál es el protocolo, un cuestionario que ellos tienen y ya y eso no creo que nos esté ayudando en nada”.