5 de julio 2022

3 de mayo 2022

Seguridad

La Guardia Nacional: una fuerza militar fuera de control

La muerte de un estudiante en Guanajuato a manos de la Guardia Nacional y las inconsistencias en la investigación han sonado las alarmas nuevamente ante el proceso de militarización de la seguridad pública en México

Por Bernhard Buntru

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La Guardia Nacional, principal apuesta del presidente Andrés Manuel López Obrador para pacificar al país, se encuentra en el foco del huracán.

El manejo del caso de los elementos de esta corporación que agredieron a un grupo de estudiantes en Guanajuato, causando la muerte de uno de ellos, ha despertado más dudas que certezas.

Y a escasos meses de que se discuta la reforma constitucional que contempla la absorción de la Guardia Nacional por parte de la Sedena, las alarmas ante la militarización de la seguridad pública en México, comienzan a sonar de nuevo.

Y es que, contrario a lo que había prometido en un inicio el presidente Andrés Manuel López Obrador, la Guardia Nacional no es un cuerpo policiaco, con entrenamiento civil.

A pesar de haber sido aprobada por el Congreso como una corporación de esta naturaleza, la Guardia Nacional es una institución militar en todos sus aspectos.

Para empezar, la gran mayoría de sus elementos provienen del Ejército mexicano. Y aquellos elementos que fueron entreados como policías federales, cada vez son menos. Pero no solo eso, sus principales liderazgos también son militares.

Asimismo, las bases donde operan pertenecen a Sedena y sus procesos de reclutamiento son realizados por personal militar adscrito a esta secretaría.

En realidad, lo que ahora busca el presidente López Obrador es formalizar la pertenencia de la Guardia Nacional a la Sedena y asegurar su naturaleza militar. Así es, contrario a lo prometido en un inicio y a lo aprobado por el Congreso de la Unión.

Para todo un contingente de investigadores de seguridad, que han mantenido su crítica del proceso militarizador desde el sexenio de Felipe Calderón, lo sucedido en Guanajuato es apenas un reflejo de que la Guardia Nacional no está preparada para actuar como policía. Porque simple y sencillamente, no lo es.

Ese proceso, aseguran los expertos como Alejandro Madrazo, es en el cual se encuentra México desde 2006. Ese es el proceso por el cual, a diferencia de un policía civil, un Guardia Nacional decide disparar primero e investigar después, señalan.

Mientras tanto, el presidente asegura que las Fuerzas Armadas son las únicas instituciones del Estado mexicano capaces de resistir la corrupción, infiriendo que el costo humano de tener a los militares en las calles, es inevitable.

Y aunque el mandatario insiste una y otra vez en que ya no habrá impunidad, el involucramiento probado de ambas la Sedena y la Semar en el caso Ayotzinapa, no queda esclarecido por las instituciones de procuración de justicia a nivel federal.

Así como tampoco avanzan los casos contra personal naval involucrado en decenas de desapariciones forzadas en Tamaulipas, hecho que ya fue incluso reconocido por la propia Semar.

En este contexto de opacidad y de aparente encubrimiento, es que la Guardia Nacional dejaría de simular una corporación civil, para convertirse, en cuerpo y espíritu, en una institución militar, pues en la práctica siempre lo ha sido. Y que mejor ejemplo para probarlo que el triste suceso ocurrido en Guanajuato.

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