5 de julio 2022

9 de mayo 2022

Seguridad

La gran diferencia entre el Cártel de Sinaloa y el Jalisco Nueva Generación

Las redes criminales conocidas como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación se distinguen principalmente por su estructura operativa, descubrió un estudio de la Universidad de Rice. Mientras que el CDS parece consistir en una gran cadena de alianzas entre grupos independientes, el CJNG se distingue por sus jerarquías más definidas

Por Bernhard Buntru

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No por nada al Cártel de Sinaloa también se le conoce como La Federación. Y es que, desde sus orígenes, la estructura de esta red criminal ha consistido en una gran cadena de alianzas entre grupos independientes, hecho que ha quedado evidenciado en una amplia investigación realizada por el Instituto Baker de Política Pública de la Universidad de Rice, en Estados Unidos; una investigación en la cual también se descubrió que, a diferencia del Cártel de Sinaloa, la red criminal conocida como Jalisco Nueva Generación se caracteriza más bien por tener una estructura mucho más vertical, con jerarquías más definidas.

A través de un análisis basado en información obtenida por la agencia Lantia Consultores,
los académicos describen que las redes ilícitas que operan en México se dividen en una estructura bipolar.

Mientras que antes esa bipolaridad se veía reflejada en el dominio del Cártel de Sinaloa y de Los Zetas,
ahora esa distribución de poder corresponde a Sinaloa y al Cártel Jalisco Nueva Generación.

Aunque siempre hay que tomar en cuenta, advierte el analista Alejandro Hope, que el crimen organizado en México “es un ecosistema de extraordinaria diversidad que incluye una multiplicidad de actividades ilícitas, un mundanal de actores y una infinidad de formas de operación.

Las visualizaciones de las redes criminales identificadas como el Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación, permiten apreciar la naturaleza de las alianzas que las conforman.

Por un lado, el Cártel Jalisco Nueva Generación tiene la que sería considerada como una estructura jerárquica y centralizada, en la cual prácticamente ninguno de sus participantes está aliado con otro subgrupo, y donde casi todos los vínculos están directamente relacionados con los liderazgos propios del CJNG.

Por el otro, los expertos destacan que el Cártel de Sinaloa ostenta una estructura “fundamentalmente distinta”, sobre todo en la Tierra Caliente de Michoacán, en la cual sus aliados y subgrupos mantienen vínculos más cercanos con otros socios del llamado cártel.

De acuerdo con los autores del reporte, los hallazgos plantean varias interrogantes, entre ellas: ¿Qué pasaría si el liderazgo del CJNG fuera eliminado por medio de su muerte o arresto? ¿Qué sucederá si la fragmentación del Cártel de Sinaloa incrementa debido al creciente conflicto entre el Mayo Zambada y los hijos de El Chapo Guzmán? Y, ¿qué grupos estarían bien posicionados en términos de alianzas existentes para sustituir a los otros dos si las condiciones lo permiten?

Los analistas presentan dos hipótesis centrales:

Primero, que los grupos con numerosas alianzas, como el Cártel de Santa Rosa de Lima, Cárteles Unidos, La Nueva Familia Michoacana y Guerreros Unidos, estarían bien posicionados para explotar esas alianzas y ocupar los vacíos de poder dejados por ya sea el Cártel de Sinaloa o el Jalisco Nueva Generación.

La segunda hipótesis es que la fragmentación del Cártel de Sinaloa o del CJNG tendrá un impacto fundamental en el futuro del narcotráfico en México, si es que uno de ellos desaparece como tal.

En dado caso que el Cártel de Sinaloa sea desarticulado, sus subgrupos y aliados serían más resilientes y estarían mejor posicionados para formar nuevos vínculos
que aquellos subgrupos afiliados a la estructura del CJNG, en caso de que este último fuera el que desapareciera.

El análisis realizado por los investigadores del Instituto Baker contrasta con el trabajo de decenas de otros académicos que estudian de cerca el crimen organizado en México, quienes plantean que, para acercarnos a un entendimiento real de este fenómeno en la región, lo primero que se debe hacer es cuestionar el discurso oficial proveniente desde ambos México y Estados Unidos, un discurso que, señalan, busca restarle al Estado su responsabilidad en la protección de los mercados ilícitos y en la reconfiguración de las estructuras criminales, para en su lugar enfocar la atención y los recursos públicos en una supuesta lucha entre Estado y criminales.

Mientras no se haga esto, advierten, seguiremos hablando de supuestos cárteles, capos
y corrupción excepcional.

Cuando, en realidad, deberíamos estar hablando de redes delictivas público-privadas, funcionarios y empresarios cooptados, y corrupción sistémática. Y no solo en México sino también en otros lados.

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