7 de agosto 2022

10 de febrero 2022

Seguridad

El policía que hicieron (y deshicieron) los gringos

¿Cómo es que la corrupción de Reyes Arzate pasó desapercibida por una de las agencias de seguridad más poderosas de Estados Unidos, por tanto tiempo?

Por Bernhard Buntru

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“Los gringos te hacen y te deshacen” es un conocido lema en el mundo del narcotráfico mexicano, un lema que actualmente bien podría aplicar a toda una camada de ex policías federales, quienes en su momento fueron aplaudidos por el gobierno de Estados Unidos solo para ser desechados y por qué no -reutilizados-, unos cuantos años después.

El caso más reciente radica en la condena de Iván Reyes Arzate a 10 años de prisión por narcotráfico y por traicionar a la D.E.A., al FBI y a las autoridades migratorias de Estados Unidos.

El ex comandante de la Policía Federal durante el sexenio de Felipe Calderón estuvo a cargo de la Unidad de Investigaciones Especiales de la corporación entre 2008 y 2016.

Convertido en uno de los hombres de mayor confianza del entonces secretario de Seguridad, Genaro García Luna, Reyes Arzate se desempeñó como principal vínculo entre la D.E.A y la policía federal mexicana.

“Mientras que Reyes dirigía una unidad especial de la Policía Federal mexicana y trabajaba junto con agentes de la DEA, también se reunía con los líderes de los cárteles”, se lee en la nota del Departamento de Justicia.

El 19 de octubre de 2021, Reyes Arzate se declaró culpable ante el juez de distrito Brian Cogan, de conspiración para traficar cocaína.

Y aunque el Departamento de Justicia acusó que “Reyes Arzate… traicionó a todos aquellos compañeros en el aparato de seguridad que trabajan para desmantelar a los peligrosos cárteles”, los señalamientos contra el ex policía federal mexicano también han puesto de relieve el papel del gobierno de Estados Unidos -y particularmente de la DEA- en torno a este caso y a otros más.

Y es que, el colaborador cercano de Genaro García Luna, no solo recibió entrenamiento de la agencia antidrogas estadounidense, sino que había aprobado todos sus exámenes de confianza.

Es decir, Iván Reyes Arzate no fue una creación exclusivamente del aparato de seguridad mexicano. Fue formado -también- por las agencias norteamericanas que hoy lo tienen tras las rejas.

En agosto de 2021, luego del surgimiento de otros casos similares que involucran a la DEA, la Oficina del Inspector General del Departamento de Justicia publicó un crudo reporte en el cual criticó la falta de supervisión de la agencia antidrogas sobre las unidades extranjeras que apoya, especialmente en América Latina.

La condena del ex uniformado mexicano en Estados Unidos vuelve a poner el dedo en una serie de preguntas que aún no tienen respuesta: ¿Cómo es que la corrupción de Reyes Arzate pasó desapercibida por una de las agencias de seguridad más poderosas de Estados Unidos, por tanto tiempo? Y, ¿qué acuerdo podría haber alcanzado el ex policía federal con la justicia estadounidense?

Porque, recordemos, que Iván Reyes Arzate ya fue sentenciado en 2018 por delitos de la misma naturaleza, en una corte de Chicago.

En ese entonces, el ex policía federal decidió no pelear los cargos que se le imputaron, una fuerte señal de que habría llegado a un acuerdo.

“La declaración de hoy es histórica en el sentido de que es la primera vez en este distrito que un oficial de procuración de la ley extranjero está rindiendo cuentas en una corte de Estados Unidos por obstruir investigaciones de Estados Unidos dirigidas al crimen organizado transnacional”, destacó el fiscal Attorney Lausch de la corte del Distrito Norte de Illinois.

Sin embargo, dos años después, la Corte del Distrito Este de Nueva York tomó la inusual decisión de acusarlo de nuevo, por otros delitos.

Con esta acción, el juez de distrito Brian Cogan volvió a ser el protagonista de los esfuerzos de la Justicia estadounidense por atrapar y castigar a criminales mexicanos de alto perfil.

Porque en la guerra contra el narco, siempre hay ganadores y perdedores, incluso dentro del propio Estados Unidos. Y suele ser en territorio norteamericano donde se decide cuándo -y cuánto- gana cada quién.

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