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27 de Agosto del 2020

Militares: ¿héroes o verdugos?

Las Fuerzas Armadas de México siempre están en los primeros lugares: son las instituciones que más respaldo gozan de entre los mexicanos… y las que más violaciones graves a derechos humanos han realizado desde 2006.
Este enfrentamiento en Nuevo Laredo entre miembros del Ejército y hombres armados desató la polémica en redes. Unos, celebraron las acciones de los militares. Festejaron la respuesta de los verdes bajo el argumento de que al menos alguien sí está haciendo justicia. Pero para otros, son justamente estas acciones de las Fuerzas Armadas el problema fundamental de la estrategia de seguridad en México. Sobre todo, basado en las promesas del presidente Andrés Manuel López Obrador. La respuesta de gran parte del público en redes a las imágenes reveladas esta semana se explica con una palabra: confianza. Desde hace años, las encuestas de confianza ubican de manera consistente a las Fuerzas Armadas como la institución pública con mejor reputación entre los mexicanos. De hecho, las únicas instituciones que hoy gozan de la confianza de más de la mitad de la población son la Marina, el Ejército, el Presidente y la Guardia Nacional. Sin embargo, las fuerzas castrenses también ocuparon de 2006 a 2019 el primer lugar en violaciones graves a los derechos humanos, como torturas, desapariciones y ejecuciones, de acuerdo con datos de la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH). Y como ejemplo está el caso en 2010 de los dos alumnos del Tec de Monterrey. Inicialmente se creía que eran delincuentes. Pero lo que sucedió es que el Ejército los ejecutó y les plantó armas. O el de Tlatlaya, en 2014, donde 22 civiles fueron hincados contra una pared y asesinados por militares. O el reciente caso de Nuevo Laredo -sí, el del video- donde murieron 12 civiles. Pero resultó que 3 de ellos estaban secuestrados: uno era migrante, otro estudiante y el otro no sabemos. En su reporte, el ejército no diferenció a esos 3 de los otros 9. Resucita debate Este caso revive un debate que -recordemos- existe desde que Felipe Calderón sacó a los militares a las calles en el año 2006 y que en 2012 provocó que el gobierno de Enrique Peña Nieto dejara de publicar las cifras de civiles muertos a manos del Ejército. Un debate que, de un lado, pone a aquellos que viven en regiones como Nuevo Laredo y que ven en la Sedena el único manto de protección contra la delincuencia. Y del otro, a aquellos que ven en imágenes como estas una estrategia no solo ilegal, sino también insostenible. Y bueno, después de casi 15 años de guerra e inseguridad a la alza, alguien debe tener la razón.