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05 de Septiembre del 2019

Yeidckol, el fantasma

Que el primer presidente morenista en la historia desconociera a su propia ralea, envuelta en agrias disputas de poder, sacudió el ánimo de la familia política gobernante
Cuando un padre de familia dice que si los de casa no cambian su mal comportamiento, sus pleitos y disputas, él se irá de la casa, no es poca cosa. Sin duda todos en la familia la llevan, pero quien más resiente el regaño y el extrañamiento es la jefa de la familia, a quien directa o indirectamente se le endosan las conductas de los hijos. Pues eso fue exactamente lo que pasó hace unos días cuando el presidente Andrés Manuel López Obrador salió al paso de los conflictos de Morena. Y advirtiendo que si no se enderezaba el rumbo se iría del partido o incluso reclamaría el nombre para que lo siguieran los buenos, cimbró las entrañas de la familia morenista. Y no era para menos. Que el primer presidente morenista en la historia desconociera a su propia ralea, envuelta en agrias disputas de poder, sacudió el ánimo de la familia política gobernante. Aunque el padre creador del morenismo no diera nombres, los analistas advirtieron que el extrañamiento tenía una dedicatoria principal: la mamá Yeidckol Polevnsky. Si el padre del morenismo es López Obrador, la madre es la presidenta del partido y es la jefa de la familia que vive esa guerra intestina. Si el presidente López Obrador se ve obligado a dar el golpe sobre la mesa amenazando con levantarse, es porque siente que no es escuchado por los suyos cuando ya les llamó la atención varias veces en privado. Y es que no se entiende que el mandatario disienta de la llamada Ley Bonilla que le regaló tres años de gobierno a Morena en Baja California, y Yeidckol Polevnsky no aparezca para apoyar la descalificación presidencial. Tampoco se entiende que el INE eleve en seis por ciento el financiamiento a los partidos, en lugar de reducirlos a la mitad como lo sugiere el inquilino del Palacio Nacional, y Yeidckol Polevnsky no salga siquiera para acusar recibo. ¿Alguien la vio aparecer para conciliar los desacuerdos sobre la presidencia del Senado entre Ricardo Monreal y Martí Batres? No. Y quizá fue porque Yeidckol Polevnsky estaba más ocupada en apoyar la causa de uno de ellos, que en conciliar imparcialmente el conflicto de los dos. ¿Se le vio en medio de la crisis constitucional que se abría en la Cámara de Diputados con el golpe que Morena pretendía dar al reelegir a Porfirio Muñoz Ledo, violentando los acuerdos? Tampoco. Por eso el presidente López Obrador debió exhortar en privado a los morenistas a respaldar su palabra y cumplir con lo acordado con otros partidos. Porfirio renunció. Por la razón que sea, después de su exitosa estrategia durante la elección presidencial de 2018 –y eso se le reconoce- Yeidckol Polevnsky está convertida en un fantasma. No se le ve dirimiendo los grandes conflictos de la familia que se le tiene encomendada. De hecho cada día está más del lado del conflicto que de la solución. Y estamos hablando del Partido en el Poder. Y si nos enteramos que el presidente López Obrador confirma que quiere guardar la sana distancia, pero al final del día no puede porque –en sus términos beisboleros– nadie le saca la pelota del cuadro, pues tiene que entrar como bateador designado. A buscar el hit o el jonrón que Yeidckol Polevnsky tendría que haber bateando. Pero la pelota no sale del cuadro. La queja es la misma a lo largo y ancho del país. La presidenta de Morena no establece estrategias, ni define prioridades dentro de la familia morenista. Por el contrario, está más enfocada a sacar adelante su reelección como ama de casa, que en mantener bien portados y alineados con la causa a sus hijos inquietos, a los desobedientes y a los rebeldes. La amenaza presidencial de abandonar Morena si no retoma su curso, sus ideales y sus principios, es un llamado de atención a la mujer que durante el noviazgo y el matrimonio para llegar al Palacio Nacional cumplió con creces, pero que hoy tiene problemas para mantener la casa en orden.