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28 de Julio del 2020

¿Y Oceanografía, apá?

Traemos el caso Oceanografía-Rabobank a la mesa, porque el de Odebrecht no sería el único asunto al que se le tendría que poner lupa para detectar los conflictos de interés y presuntos favores traficados por Lozoya Austin en su paso por la paraestatal.
Oro Negro y Oceanografía fueron dos de las empresas emblemáticas en los sexenios panista de Vicente Fox y Felipe Calderón. Y ambas acabaron en litigios y quiebras multimillonarias, tras sus dudosos y amañados contratos con Pemex. Por eso cuando se inició el gobierno de Enrique Peña Nieto la suerte les cambió. En el caso de Oceanografía, la empresa naviera y de servicios petroleros de Amado Yáñez, se hizo famosa en el 2014 tras un presunto mega fraude a Citi Banamex. El modus operandi para lograr créditos fue el empleo de presuntos contratos con Pemex, que con facturas falsas se descontaron por anticipado, a cambio de los 5 mil millones de pesos que le prestaron. Pero ese no fue el único gran litigio financiero de Amado Yáñez. Existió uno mas, también multimillonario y también con un gran banco europeo, que se desbordó en 2014 y 2015, justo cuando Emilio Lozoya Austin despachaba como director de Pemex, el cliente principal de Oceanografía. Se trata de un crédito de 236 millones de euros que Rabobank Group, el banco holandés, le dio a Caballo Frión Arrendadora, filial de Oceanografía, para comprar 9 buques con los cuales cumplir sus contratos con Pemex. Esas embarcaciones con las que Yáñez conquistaría los mares del crudo mexicano, fueron colocadas bajo el paraguas de Naviera Naranja y bautizadas con los nombres de Don Amado, Amado Daniel, Don Daniel, Caballo Galiceno, Caballo Xanthus, Caballo Genitor, Caballo As de Oros, Caballo Siete Leguas y don Alfonso. Pero en el sexenio peñista se apagó la estrella de Oceanografía. Después de adjudicarse con los gobiernos panistas 100 contratos por un monto de 51 mil millones de pesos, la presunción era que Amado Yáñez era uno de los financieros de las campañas albiazules. Tanto que el entonces presidente del PAN, Gustavo Madero, utiizaba los aviones de Oceanografía para trasladarse por todo el país. Y en medio del escándalo, sobraron quienes buscaron hacerse de los activos de Oceanografía, que aún en concurso mercantil y con Amado Yáñez en prisión, tenían un valor de mil 500 millones de dólares. Pero ese monto -con contratos renovados en Pemex bajo la firma de Emilio Lozoya Austin- podría dispararse a 3 mil 500 millones. Por eso se aparecieron por la Torre de Pemex personajes con apellidos ilustres como Hank, Alemán y Martínez, quienes buscaban el takeover sobre Oceanografía. Ser sus nuevos dueños. Pero el adeudo con la banca europea, que tenía en garantía las embarcaciones, impedía cualquier negociación. Por eso en un claro conflicto de interés, el director de Pemex entró como amigable componedor con Rabobank. Y fue así que Lozoya Austin citó a los financieros a sus oficinas en Marina Nacional no para negociar, sino chantajearlos si no aceptaban sus condiciones. Y en un discreto papel el director de Pemex –sobre su escritorio de la Torre de Pemex- les escribió a los banqueros el monto que recibirían de un tercero, para que fueran liberados los barcos que Rabobank tenía como garantía. Todavía sin entender por qué Lozoya Austin aparecía como negociador de potenciales compradores de Oceanografía, los financieros se sintieron insultados e incluso amenazados. La consecuencia fue que altos funcionarios del ministerio de finanzas de Alemania se entrevistaron con el entonces presidente Peña Nieto en su visita a Panamá, en donde le denunciaron el chantaje de su hombre en Pemex para obligarlos a malbaratar sus garantías. El vergonzoso caso llegó a Atridius, el banco de comercio exterior en el que coinciden Holanda, Bélgica y Alemania. Y en el Club de París se cuestionó la forma de hacer negocios, no solo de corporaciones como Oceanografía, sino del gobierno mexicano y en particular de Pemex. Traemos el caso Oceanografía-Rabobank a la mesa, porque el de Odebrecht no sería el único asunto al que se le tendría que poner lupa para detectar los conflictos de interés y presuntos favores traficados por Lozoya Austin en su paso por la paraestatal. ¿A cambio de qué el entonces director de Pemex se convirtió el cabildero financiero de quienes buscaban asestar el golpe contra Oceanografía? Ese caso tendría que anexarse al abultado expediente para conocer si esa negociación fue de motu propio o alguien de mas arriba se la pidió. Que busquen en los expedientes de Arturo Henríquez Autrey, director de Procura y Abastecimiento de Pemex. A lo mejor por ahí encuentran otro hilo. Como el de AHMSA, como el de Odebrecht.