16 de septiembre 2021

15 de septiembre 2021

¡Que alguien me explique!

¡Viva la Dependencia!

Cuando esta noche de 15 de septiembre, nos aprestemos a celebrar el famoso Grito de Independencia, preguntémonos qué es lo que estamos festejando. ¿De qué “in” Dependencia estamos hablando?

Por Ramón Alberto Garza

COMPARTE ESTA HISTORIA

Cuando esta noche de 15 de septiembre, nos aprestemos a celebrar el famoso Grito de Independencia, preguntémonos qué es lo que estamos festejando. ¿De qué “in” Dependencia estamos hablando?

Ninguna nación puede sentirse independiente, cuando la energía que lo mueve viene del extranjero. No es nuestra, en cualquier momento, los contratos para adquirirla pueden rodar.

El 70 por ciento de las gasolinas con el que se moviliza a la nación y el 60 por ciento del gas con el que se mueve la industria mexicana no están en nuestras manos. Somos completamente dependientes.

El futuro de Pemex depende de que las calificadoras le impidan -con artificios- una baja de calificación de su deuda, que bajo cualquier parámetro ya estaría dentro del rubro casi chatarra, difícil de cobrar.

La deuda financiera de Pemex alcanzó la cifra récord de 113 mil 200 millones de dólares, la más alta de cualquier otra petrolera en el mundo.

Son 8 mil millones de dólares más de la deuda que se recibió al arrancar el sexenio en 2018. Es herencia, cierto, pero no está mejorando. La pandemia sacudió a la paraestatal y los planes de su reingeniería vienen muy lentos.

Ni que decir del sector alimentario. Nunca, como ahora, dependemos de las crecientes importaciones de granos básicos, tanto para el consumo humano como animal.

En el comparativo de importaciones de granos, por ejemplo, en volumen se elevaron 14 por ciento en el primer semestre  del 2021, comparado con el mismo primer semestre de 2020. Aunque en costos el incremento rebasó el 64 por ciento, de un año a otro.

Medido semestre contra semestre, importamos 143 por ciento más de frijol, 50 por ciento más de maíz blanco, los dos alimentos más básicos en la canasta de cualquier mexicano.

Ni que decir del aumento en las importaciones de 18 por ciento en el trigo, 92 por ciento más de aceite de canola y 36 por ciento más de cebada y malta. 

Éstas también son cifras récord, para un primer semestre. ¿Por qué no se incluyeron en el último informe en el que abundaron los récords?

Pero, sin duda, la mayor dependencia que tendremos que lamentar en estos festejos de la Independencia es la de esperar que todas las decisiones de la República pasen por el tamiz de un solo hombre.

El gobierno de la Cuarta Transformación depende de un epicentro para resolver los grandes problemas nacionales. Y ése se ubica en el presidente Andrés Manuel López Obrador.

La dependencia se agrava cuando aquellos que podían ser fieles de una balanza de poder más equilibrado ya renunciaron o se fueron a probar suerte lejos de Palacio Nacional.

En su lugar -salvo honrosas excepciones- se instalaron personajes sin experiencia, sin capacidades, sin los talentos necesarios para operar, porque eso es lo que se exige.

Las cualidades indispensables son lealtad, incondicionalidad, silencio frente a lo que no se está de acuerdo, dependencia absoluta de lo que diga el inquilino de Palacio Nacional.

No existen ni mesas de diálogo con la clase política ni siquiera del mismo partido, mucho menos con la Oposición.

Hay lejanía, lo mismo con gobernadores que con el sector empresarial, con los liderazgos intelectuales y mediáticos, con las feministas, los activistas y las organizaciones no gubernamentales.

La nación amanece cada mañana al vilo, dependiente de lo que -en la conferencia nuestra de cada día-, anuncie un solo personaje, el presidente. Él marca una indiscutible agenda política, económica y social.

En ese púlpito mañanero no existe la independencia, sino la dependencia. Todos asienten, todos están de acuerdo, y aún si no están de acuerdo, todos callan.

El Canciller está dedicado a manejar las vacunas que debería operar el Sector Salud. La Secretaría de Seguridad Social opera los Tianguis del Bienestar. Y la Secretaría de Hacienda controla la compra de medicamentos, los nacionales y los extranjeros.

El empresario más acaudalado se autoexonera de la responsabilidad y la negligencia de su empresa en el colapso de la Línea 12, sin esperar el fallo de los peritajes o de los tribunales. Nadie protesta.

Y las embajadas son política concesión, concedidas por obra y gracia a amigos y cómplices, no a diplomáticos de carrera.

Los hombres de empresa son defenestrados, mientras que los jefes del crimen organizado son apapachados con abrazos y con elogios por su buen comportamiento en el día de las elecciones.

Y si ese centralismo autoritario, sin derecho de réplica, que exige fidelidad sin condiciones, no modifica su destino, pronto podríamos escuchar un nuevo tañer de campanas que reclamen la Independencia que perdimos, la que hoy no podemos presumir.

¡Viva México!, ¡Viva México!, ¡Viva México!

Publicidad
Publicidad
Publicidad