21 de mayo 2022

10 de mayo 2022

¡Que alguien me explique!

Vale-madrismo, 4T

En este gobierno de la 4T, lo único que importa es cuidar la popularidad presidencial. Mientras vaya al alza o se mantenga, todo lo demás, les vale madres

Por Ramón Alberto Garza

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No, no intentamos escribir una oda a las madres mexicanas en este día en que, con todo el cariño, como en ningún otro lugar del mundo, las festejamos.

Hablamos hoy de lo que en el muy mexicano léxico solemos llamar el “valemadrismo”, esa superficialidad instalada ya como la marca de la casa en el gobierno de la Cuarta Transformación.

El ejemplo más claro está en la poca importancia que el presidente Andrés Manuel López Obrador le dio, en la mañanera de ayer lunes, al “incidente” que pudo generar el pasado sábado 7 una catástrofe aérea entre dos aeronaves de Volaris, en la pista 05 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México.

Desde hace más de dos años se colocaron sobre la mesa los riesgos del rediseño del espacio aéreo mexicano, como consecuencia de la entrada en operación del nuevo Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles. Les valió madres.

Como las autoridades del gobierno de la Cuarta Transformación se sienten más papistas que el Papa, ignoraron en su momento las recomendaciones que la Administración Federal de Aviación les hizo para operar los dos aeródromos y la consecuencia fue inevitable.

Desde hace un año, México fue degradado de categoría uno a categoría dos en la calificación de seguridad de su espacio aéreo, por no cumplir los requisitos mínimos para que coexistieran las operaciones de los aeropuertos Benito Juárez y Felipe Ángeles. Les valió madres.

La auditoría hecha por los norteamericanos indicó que, en México, la autoridad de aviación civil carece del personal suficiente con la experiencia técnica y las capacidades para otorgar licencias y supervisar las operaciones de las aerolíneas.

Además de denunciar que no se dispone de personal técnico capacitado y calificado, se acusa que no tienen ni documentación ni registros de certificación para una vigilancia del espacio aéreo.

Lo que se vivió el pasado sábado 7, en el grave incidente de las dos aeronaves de Volaris, solo vino a confirmar lo que ya habían dictaminado los norteamericanos.

Y si alguna esperanza había de que nos devolvieran este año a la categoría uno, es decir, la de seguridad, la posibilidad se esfumó. Somos inseguros, aunque el presidente tenga “otros datos”. Les valió madres.

El conflicto se pretendió resolver con el cese del director general de los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano, a quien acusan no solo de sobreexplotar laboralmente al personal, sino de ignorar los reiterados reclamos de pilotos y controladores. La pregunta es si ese cese será suficiente para evitar nuevos “incidentes”.

Y mientras lo confirmamos, cualquier mexicano que viaja a la Ciudad de México estará “con el Jesús en la boca”, esperando que su vuelo no entre en potencial ruta de colisión, que ahora sí los lleve a la catástrofe.

Pero eso no es novedad en el gobierno de la Cuarta Transformación. Por ignorar las advertencias, tanto en su construcción como en su mantenimiento, se colapsó la Línea 12 del Metro, dejando 26 hogares enlutados y a millones de capitalinos sin transporte eficiente y expedito para acudir a sus labores. Les valió madres.

Todos los involucrados, el jefe de Gobierno, su financiero, la nueva jefa de Gobierno y el constructor, se lanzan culpas, desacreditan peritajes y nadie paga los platos rotos del enorme drama gestado por la corrupción, la negligencia y la impunidad que registra el historial de esa obra.

Y ni qué decir de la construcción del Tren Maya, en donde el ecocidio está a la vista, el drama de colapsar los ecosistemas acuíferos que sostienen esas maravillas conocidas como cenotes, pero que el gobierno de la Cuarta Transformación ignora y minimiza.

Desde la Secretaría de la Defensa, pasando por la Secretaría del Medio Ambiente, todos reconocen que no existen evaluaciones de impacto ambiental terminadas, pero eso no importa. La obra insignia, ordenada por el inquilino de Palacio Nacional, tiene que salir adelante. Les vale madres.

¿O qué le respondemos al mundo, cuando desconocemos contratos y reclamamos la estatización de la generación de energía eléctrica, aferrándonos al consumo del contaminante combustóleo al que privilegiamos por encima de las energías limpias?

A Manuel Bartlett le tiene sin cuidado que los habitantes de metrópolis como la Ciudad de México o como Monterrey respiren inmundicia de las refinerías y las termoeléctricas de Tula o de Cadereyta. El control del negocio es lo primero. Le vale madres.

En este gobierno, lo único que importa es cuidar la popularidad presidencial. Mientras vaya al alza o se mantenga, todo lo demás, les vale madres.

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