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04 de Diciembre del 2019

US Labor Marshals

Los congresistas norteamericanos están solicitando que se instituya una "US Labor Patrol" que tenga autorización para evaluar y sancionar las condiciones de trabajo en las empresas mexicanas.
¿Aceptaría Estados Unidos que invocando el nuevo tratado comercial –rebautizado como T-MEC- México enviara un pelotón de inspectores para supervisar las condiciones de trabajo de cientos de miles de compatriotas mexicanos en los campos agrícolas norteamericanos?   Por supuesto que no. Sería impensable que la Casa Blanca diera su visto bueno para que una policía laboral extranjera, así sea de su vecino México, sancionara los métodos de trabajo de las granjas norteamericanas.   Si eso es tan obvio, ¿por qué entonces los congresistas norteamericanos están solicitando –a toro pasado de la renegociación del Tratado- que se instituya una US Labor Patrol que tenga autorización para evaluar y sancionar las condiciones de trabajo en las empresas mexicanas?   Suena a un as sacado debajo de la manga por los legisladores demócratas, que necesitan un pretexto para patear la esperada aprobación del T-MEC para el próximo año.   Por eso hizo bien el Consejo Coordinador Empresarial, que preside Carlos Salazar Lomelín, en censurar enérgicamente la intentona, dejando en claro que bajo esas novedosas condiciones de última hora lo mejor es no tener acuerdo comercial.   Y mejor aún es el hecho de que el presidente Andrés Manuel López Obrador deje a un lado los abrazos con su colega Donald Trump y sin tirar balazos mande el mensaje claro de que bajo esas reglas no hay T-MEC.   ¿Por qué aceptaría México que una potencia extranjera venga a dictar por encima de su soberanía los supuestos de lo que ellos consideran son las mejores condiciones laborales?   ¿Acaso los Estados Unidos se atreverían a enviar una similar e indecorosa propuesta a China, en donde las condiciones laborales de mayor penuria que las que se dan en México les permiten producir a los chinos la ropa, calzado, electrodomésticos y alta tecnología a precios tan bajos que les pemiten inundar el planeta con sus mercancías?    La respuesta es un rotundo no. China jamás lo permitiría porque por fortuna tiene ahorrados poco más de un billón de dólares en bonos del Tesoro norteamericanos con los que podrían actuar en consecuencia. Con ellos, los congresistas norteamericanos no se atreven.   Por eso será crucial el rol que jueguen en esta negociación de última hora, sacada bajo la manga, Jesús Seade, Marcelo Ebrard y Alfonso Romo. Cada uno desde su trinchera de la Cuarta Transformación.   De la dignidad y el resultado con el que se negocie esta última intentona de descarrilar el T-MEC dependerá el respeto que en el futuro se nos tenga en la mesa de negociaciones.   Cuestión de ver por el espejo retrovisor para emular lo que en su momento, con enorme estilo y mano izquierda, ejecutó el anterior secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quien a pesar de las severas presiones sacó adelante la complicadísima negociación.   Estados Unidos despertará el 2020 con su elección presidencial. Y en medio de la polarización sobre el impeachment o la reelección de Trump, México será un campo fértil de batalla.   Para los republicanos, instalarnos como país que protege a cárteles de la droga reclasificados como terroristas, podría traerles grandes dividendos entre los millones de norteamericanos que ven en las drogas que les llegan de México su perdición y la de sus hijos.   Para los demócratas, será sin duda una redituable bandera el exhibir la paja en las fábricas mexicanas, cuando no ven la viga en sus campos agrícolas que contratan a mexicanos en condiciones infrahumanas.   Y estos son los casos del mas-si-osare, aquellos donde el extraño enemigo amenaza con profanar con sus políticas unilaterales la planta productiva de la Nación.