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27 de Abril del 2020

Unos los dichos, otros los hechos

La asignación del primer tramo del Tren Maya a José Miguel Bejos, constructor, amigo íntimo y compañero de golf de Enrique Peña Nieto, pone a prueba la campaña anti corrupción del presidente Andrés Manuel López Obrador.
Los mexicanos no salimos del asombro de que el discurso presidencial vaya en un sentido, mientras que los hechos apuntan completamente a lo opuesto. Sobre todo cuando desde su campaña -y no se diga ya instalado en Palacio Nacional- el presidente Andrés Manuel López Obrador no se cansa de censurar la corrupción y los mexicanos no nos cansamos de aplaudirle que acabará con esa lacra. Una y otra vez en La Mañanera, el mandatario reitera su quiebre con el pasado, su divorcio de los neoliberales, de los que hacían jugosos negocios con el PRIAN. Y promete que eso ya no ocurrirá en el gobierno de la Cuarta Transformación. Pero esas palabras se topan con los hechos cuando se le asigna una de sus obras insignia, la primera etapa del Tren Maya, a José Miguel Bejos, un constructor, amigo íntimo y compañero de golf de Enrique Peña Nieto. El empresario viene de la estirpe de Alfredo Miguel Afif, un hombre con un largo historial de relaciones y negocios con los eternos hombres del poder en el PRI, desde el sexenio de Miguel de la Madrid. Bajo Grupo Prodi primero, y con su asociación con la constructora portuguesa Mota Engil después, el constructor de la primera fase del Tren Maya recibió en el sexenio peñista contratos por mas de 10 mil millones de pesos. Dos de esas obras mas importantes, el tren urbano de Guadalajara y la autopista Siervo de la Nación en el Estado de México, no fueron concluidas ni en los tiempos ni en los presupuestos prometidos. En ambos casos los costos se duplicaron y lo prometido no está terminado cuatro años después. Habrá que inyectarles más presupuesto para no dejarlas tiradas. Ni qué decir del consorcio China Communications Construction Company, la súper constructora inhabilitada durante siete años por el Banco Mundial por irregularidades y presumible corrupción en un programa carretero en Filipinas. ¿Acaso los directivos de Fonatur, responsables de la licitación del Tren Maya, no conocían los antecedentes cuestionables de ambas constructoras? Si en toda licitación de esa magnitud está presente la secretaria de la Función Pública, ¿por qué Irma Eréndira Sandoval estamparía su firma de conformidad en un contrato de 15 mil millones de pesos sin que nadie en su dependencia buscara, al menos en Google, la abundante y detallada estela de corrupción de ambas constructoras? Por favor, secretaria. Tecleé “Mota Engil”, “México”, “Corrupción” y verá lo que aparece. O “China Communications Construction Company”, “corruption”, “Philippines”. Es todo lo que debió hacer para enterarse de la verdad. Lo curioso es que cuando al presidente López Obrador le fue notificado quiénes eran los ganadores de una de sus obras consentidas, ¿nadie lo alertó de que se trataba de una constructora del compañero el golf de su antecesor y de una extranjera con expediente dudoso? O qué nos pueden decir de la asignación directa en la compra de 1,330 ventiladores, que con un costo de 52 millones de Euros, la Secretaría de la Defensa le entregó a otro de los consentidos del sexenio anterior. Nadie sabe de dónde surgió la intermediación para que el contrato le fuera asignado al priista José María Tapia Francio. El intermediario entre los fabricantes suizos, chinos y españoles fue operador del Fonden en la Secretaría de Gobernación de Miguel Ángel Osorio Chong y coordinador de la campaña presidencial del PRI en la elección presidencial 2018. Pero las cejas se arquean todavía mas cuando, por un lado se fustiga a quienes se califica como la Mafia del Poder, al mismo tiempo que el presidente López Obrador exhibe a algunos de esos personajes como ejemplos de filantropía. No importa si algunos están en la lista de aquellos que deben miles de millones de impuestos. Por eso decimos que el discurso presidencial está tomando un inexplicable giro, en el que por un lado van los dichos y por el otro los hechos. Y eso lesiona su credibilidad en la que es la lucha mas esperanzadora de su gobierno: la corrupción. Asignarle la primera etapa del Tren Maya a un constructor consentido del priismo, quien no pudo entregar ni en presupuesto ni en tiempo un tren más sencillo como el de Guadalajara, eso sí que está en chino.