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10 de Junio del 2019

Un triunfo de AMLO

Pésele a quien le pese, el acuerdo migratorio que evitó la escalada arancelaria es un triunfo para el Presidente Andrés Manuel López Obrador. Con el Congreso y el empresariado en contra, Donald Trump no tenía otra salida
Donald Trump aventó la toalla. Y acabó por cancelar su amenaza de que si México no hacía algo más contundente impondría aranceles a las importaciones mexicanas. El presidente norteamericano no puede vender la cancelación de su amenaza como una victoria. Dio marcha atrás porque sabía que los legisladores republicanos, los de su partido, rechazarían la medida. Y Trump prefirió bajarse del ring vendiendo la idea de que el gobierno mexicano había cedido a sus demandas, construyendo una victoria pírrica, falsa, para salvar cara y no perder el respaldo de los suyos. El New York Times lo reconoce al reportar que el envío de la Guardia Nacional a la frontera sur y el mantener a los centroamericanos en suelo mexicano mientras se decide su asilo en Estados Unidos, eran acuerdos ya pactados desde las reuniones de marzo entre las secretarias Kirstjen Nielsen y Olga Sánchez Cordero. Lo que muy inteligentemente México hizo bajo la estrategia del presidente Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard fue dorar la píldora, darle una nueva mano de barniz para que luciera como nuevo acuerdo. O como decimos los mexicanos, darle por su lado al caprichoso mandatario norteamericano. Por eso Trump compró de inmediato el “acuerdo”. Porque sabía que si amanecía hoy lunes 10 de junio imponiendo los aranceles del 5 por ciento, el debate se iría al Congreso norteamericano en donde republicanos poderosos, como el texano Ted Cruz, le habían advertido que no pasaría. Mas aún, que si sobre el rechazo del Congreso el presidente ejercía su derecho de veto, todos los congresistas –demócratas y republicanos- se encargarían con las dos terceras partes de los votos a vetar el veto. Y eso sería una enorme derrota para el candidato que busca reelegirse en el 2020. Una vez más Trump fabrica su realidad, se la cree y sale a venderla como el falso “Gran Negociador” que es. Un petulante hablador que se cree dueño de la verdad absoluta, a quien los grandes líderes del planeta ya le tomaron la medida de su ego. No es un hombre serio, así sea el líder de la nación más poderosa. Digan lo que digan, el ganador de esta negociación es el presidente López Obrador, quien con su estrategia de tender la mano y aguantar la tormenta de twitazos insensatos de Trump, demostró conocer bien a su adversario. El inquilino del Palacio Nacional, en complicidad con su canciller Marcelo Ebrard, supieron tejer un estrategia que pésele a quien le pese, funcionó. Desactivaron la amenaza. No hay aranceles. A pesar de todo, quedan en el aire tres puntos a reflexionar. Uno, el justo llamado de atención de Porfirio Muñoz Ledo y Nancy Pelosi, alertando que los acuerdos muestran incongruencias que no van a tono con una sensata política migratoria en las fronteras norte-sur, e incluso violentando los derechos humanos. Dos, la promesa de que México proveerá a los inmigrantes centroamericanos de salud, educación y empleo suena idealista. ¿Podríamos darle esa misma promesa a millones de mexicanos que vive en la miseria en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, Tabasco, Veracruz, Hidalgo o Puebla? Si no nos alcanza para los de casa, ¿vamos a curar, educar y alimentar niños ajenos? Tres, que se mantiene una espada de Damocles sobre México al incluir en los acuerdos una cláusula de revisión si nuestro país no cumple en 90 días con las expectativas. Y nosotros preguntamos: ¿A juicio de quién? Ni hablar, viviremos con la permanente amenaza del Twitter trumpiano sobre el cuello.