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25 de Junio del 2018

Un Presidente vulnerable

Nada impide que el expediente Barreiro-Olea sea reabierto en cualquier momento y eso puede ocurrir si Ricardo Anaya gana las elecciones
Si el próximo domingo Ricardo Anaya ganara la elección presidencial, sería un presidente vulnerable. Un mandatario que podría ser sometido a juicio en España o en Estados Unidos donde sus investigaciones por lavado de dinero aun están abiertas. Una condición demasiado frágil, si recordamos que entre que es electo y toma posesión, el nuevo presidente de México vive cuatro meses de espera, en los que todo puede pasar. ¿Imaginan al eventual presidente electo de Por México Al Frente llamado a comparecer en España por el Caso Barreiro-Olea, en cualquier día entre el 2 de julio y el 30 de noviembre? La posibilidad no es una hipótesis lejana. Al menos en la investigación española existen expedientes sobre 14 empresas con direcciones ficticias que presuntamente apoyaron a lavar dinero a los empresarios Manuel Barreiro y Juan Pablo Olea. Son los mismos personajes que aparecen en la compleja red de compra-venta de las bodegas que Anaya habría adquirido en su natal Querétaro a la empresa Manhattan Master Plan. En esa trama presuntamente se incluyen los nombres de otros socios españoles, como Francisco Javier Soriano Rouco y Jaime Luis Pucho de Celis, ambos con antecedentes de acusaciones de espionaje y malversación de fondos en aquel país. Misteriosamente el caso fue “congelado” en el juzgado de Instrucción 4 de Madrid, donde lleva su curso con el apoyo del Servicio Ejecutivo de la Comisión de Prevención de Blanqueo de Capitales e Infracciones Monetarias de España. Pero nada impide que en el expediente Barreiro-Olea sea reabierto en cualquier momento. Pero ese es precisamente el detalle. ¿Podría darse el caso de que ese “cualquier momento” sea esta misma semana, a unos días de que los electores mexicanos vayan a las urnas a elegir a su presidente, teniendo en la boleta a un potencial inculpado? O si el candidato Anaya gana la elección ¿podría darse el caso que ese “cualquier momento” se de en los cuatro meses de espera para la toma de posesión, en las que el presidente electo no tiene fuero alguno y se le siente en el banquillo para aclarar la danza de los dineros entre Querétaro y Madrid? ¿Y si resulta culpable? Por esa posible vulnerabilidad es que desde hace un par de semanas el candidato de Por México al Frente vive una deserción o distanciamiento de empresarios y allegados a su cuartel de guerra. Ambos, empresarios financiadores en retirada o cercanos consejeros clave de la campaña, intentan disuadir al Joven Maravilla de que el factor Barreiro y el expediente en España lo alejan de un verdadero voto útil. Son los mismos que le piden a Anaya que se haga a un lado para que la contienda final se centre en solo dos opciones: Andrés Manuel López Obrador y José Antonio Meade. Su objetivo es que la decisión se dé entre electores lopezobradoristas y anti-lopezobradoristas, lo que presumiblemente elevaría las posibilidades de desafiar en las urnas a “ya saben quien”, puntero por amplio margen en todas las encuestas. Pero al igual que sucedió en su ascenso a la presidencia nacional del PAN y en su candidatura a contracorriente en la coalición Por México al Frente, Anaya está confiado en que una vez mas desafiará la gravedad política. Quizás le alcance, quizás no. Es un “volado” de alto riesgo cuando está en juego la presidencia de México. Por cierto, ¿alguien ha visto recientemente al Jefe Diego Fernández de Cevallos o a Jorge Castañeda salir a dar la cara por su joven y audaz candidato?