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13 de Mayo del 2020

Un gobierno militar

¿Qué estará viendo el presidente para verse obligado a claudicar a una de sus principales promesas y entregarle al Ejército el control de la Nación?
Un año y cuatro meses antes de la elección presidencial del 2018, el candidato Andrés Manuel López Obrador fue tajante en su discurso de no militarizar a la República. El 22 de marzo del 2017, el ahora presidente dijo: “No vamos a utilizar la fuerza para enfrentar los problemas sociales, no vamos a reprimir al pueblo con el Ejército, no es para eso. Vamos a atender el problema de la inseguridad y de la violencia atendiendo las causas, esa es la forma más humana, eficaz, no como lo han venido haciendo, que además no ha dado resultado”. Un año y seis meses después de instalarse en Palacio Nacional, el presidente Andrés Manuel López Obrador emite un decreto en el que le entrega a las Fuerzas Armadas el control de la Seguridad Pública del país. De facto, y contra el discurso de campaña, México se militariza. Y los soldados se alejan cada día más de los cuarteles y se instalan más en las calles. Guardamos los abrazos, ¿empiezan los balazos? Una estrategia diametralmente opuesta a la que el candidato López Obrador prometía, cuando censuraba que tanto Felipe Calderón como Enrique Peña Nieto se hubieran apoyado en el Ejército para combatir sin éxito el crimen organizado. El decreto vigente hasta el año 2024 decepciona, pero sobre todo preocupa. Desde que el gobierno de la Cuarta Transformación asumió el poder los militares vienen ocupando consistentemente más posiciones que solian ser de los civiles. Se adueñaron de la construcción del nuevo aeropuerto de Santa Lucía, se hicieron a trasmano del control de la Guardia Nacional que se presumía civil, están por entregarles el control de los puertos y las aduanas, además de que se asumieron como garantes de la contingencia sanitaria ante el imparable Coronavirus. Se puede afirmar, sin temor a exagerar, que el Gobierno de la Cuarta Transformación descansa hoy en uniformes verde olivo. No existe precedente de un gobierno así desde que los militares post-revolucionarios fueron desplazados en 1946 por los civiles en el sexenio de Miguel Alemán Valdés. Todo lo que falla, todo lo que no funciona, todo lo que es cuestionable hoy en la Cuarta Transformación, se le endosa a las Fuerzas Armadas. Hasta la compra de ventiladores para el Coronavirus. Y eso es peligroso, porque los antecedentes de una intromisión así se pueden recrear en lo que ya sucedió en los países latinoamericanos en las décadas de los 70s y 80s. La Guardia Nacional falló en su despegue y con ello los cerca de 90 mil millones de pesos que se le invirtieron en el primer año. Las cifras de homicidios crecen y se instalan en 46 mil desde que arrancó el sexenio. A pesar de ser legalmente civil y que el nuevo decreto advierte que el Ejército se coordinara con la Guardia Nacional, todos sabemos que será a la inversa. Como lo fue desde que el general Luis Rodríguez Bucio –y no un civil- fue nombrado comandante de la Guardia Nacional, creada con un decreto que la definía como “civil”. Parece que aquella intentona dialéctica con olor golpista que se dio el 22 de octubre pasado, con el amenazante discurso del general Carlos Gaytán Ochoa, está pagando hoy sus dividendos. Aquellas palabras fueron pronunciadas cinco días después del fallido golpe en Sinaloa contra Ovidio Guzmán. Y se dijeron ante el Secretario de la Defensa, Luis Crescencio Sandoval, y los 500 generales y altos mandos castrenses más relevantes del país. Nadie se puede dar por sorprendido. Fue el discurso en el que el General Gaytán lanzó una severa advertencia al gobierno que entonces no cumplía el primer año, acusando que el presidente estaba usando mal el gran poder que le dieron sus votantes. La afrenta del 22 de octubre fue clara: “No podemos soslayar que el hoy titular del Ejecutivo ha sido empoderado legal y legítimamente. Sin embargo, es también una verdad inocultable que los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo, que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convenido a todos, para decirlo con suavidad”. Más enfático, el General Gaytán dijo: “Ello nos inquieta, nos ofende eventualmente, pero sobre todo nos preocupa, toda vez que cada uno de los aquí presentes fuimos formados con valores axiológicos sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”. Y al final la advertencia: “¿Quién ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de “halcones” que podrían llevar a México al caos y a un verdadero Estado fallido?”. Hoy no son solo esos “halcones”, sino la nueva realidad mundial de las crisis sanitaria y energética las que vislumbran un panorama recesivo que podría reventar en escaladas sociales. ¿Qué estará viendo en el horizonte el presidente López Obrador para verse obligado a claudicar a una de sus principales promesas de campaña para entregarle al Ejército el control de la Nación?