FACEBOOK

VISTAS
31 de Mayo del 2019

Trumpada a México

Justo cuando el nuevo tratado comercial de América del Norte se enfilaba a ser aprobado, Donald Trump decidió darle un golpe bajo a México e imponer un arancel del 5% a las importaciones mexicanas a Estados Unidos. Sin pensarlo dos veces, AMLO le tendió la mano en una carta en la que rechaza contundentemente la confrontación, pero dejó entrever que, de no resolverse el conflicto de manera pacífica, no le temblará la mano para actuar en consecuencia
Cuando en Estados Unidos, México y Canadá festejaban ayer que el nuevo Tratado de Libre Comercio -conocido como T-MEC- sería turnado a los respectivos senados para su aprobación, el presidente Donald Trump salió a boicotear la fiesta. Y sin aviso previo anunció que impondría a las importaciones mexicanas aranceles del 5 por ciento, mientras nuestro país no frene la ola migratoria de centro y sudamericanos que pasan a Estados Unidos utilizando territorio azteca. Fue un golpe artero, bajo, traicionero, que de facto desmanteló tantos meses de negociaciones comerciales, para instalarse en el uso del garrote contra un fenómeno como el migratorio que no puede frenarse. Muy del estilo del gángster tuitero que es Trump. Y sin pensarlo dos veces, el presidente Andrés Manuel López Obrador, lejos de responder a la violencia con más violencia, le tendió la mano en una carta en la que rechaza contundentemente la confrontación. Dialogo, prudencia y responsabilidad fue la respuesta sensata del mandatario mexicano, dejándole en claro a su contraparte que no le falta valor, ni es cobarde ni timorato, pero que la política se creó para evitar la confrontación y la guerra. El presidente López Obrador le advierte a su homólogo norteamericano que no cree en la Ley del Talión, la del ojo por ojo, diente por diente, porque si así se aplicara, todos estaríamos chimuelos o tuertos. Sin ojos y sin dientes. No hay duda de que el tender la mano frente a la agresión, contra lo que se pudiera argumentar, es la mejor instancia para desactivar el conflicto. Y al decir que no es cobarde ni timorato, el inquilino de Palacio Nacional deja claro entre líneas que si no existe un entendimiento como el que se propone, por la paz, no le tamblará la mano para responder en consecuencia. Porque si el presidente Trump condiciona el retiro del arancel del 5 por ciento a que México frene el paso a los inmigrantes, el presidente López Obrador bien podría decirle que aplicaría ese mismo arancel pero a las importaciones norteamericanas, si ellos mientras no frenan por su frontera el paso ilegal de armas que empoderan al crimen organizado que flagela a los mexicanos. En medio de las severas crisis creadas por el inquilino de la Casa Blanca con China, Canadá, la Unión Europea e incluso con su amada Rusia, abrir un expediente de nuevo con México, su vecino al que solo utilizó como trampolín en su candidatura pero a donde jamás volvió, es una locura. Confiemos en que las presiones de los exportadores norteamericanos pongan en su lugar al ególatra y caprichoso mandatario, para que le tome al presidente López Obrador su propuesta de diálogo entre los cancilleres Marcelo Ebrard y Mike Pompeo. Pero como ya conocemos lo iracundo, colérico y veleidoso que es el presidente Trump, más nos vale que vayamos diseñando un Plan B. Porque como dicen de aquel lado de la frontera: Nobody knows. Nadie sabe. Por lo pronto los fuegos pirotécnicos con los que celebraríamos en México, Canadá y los Estados Unidos la aprobación del T-Mec se guardan para mejor ocasión.