16 de noviembre 2020

¡Que alguien me explique!

Trump en la locura

Trump está en pie de lucha, defendiendo como la gran verdad un fraude electoral que nadie logra documentar

Por Ramón Alberto Garza

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Vaya una disculpa anticipada para todos aquellos que esperan hoy aquí las reseñas de las últimas telenovelas de la política mexicana, como Peña El Traidor, Videgaray ¡Qué Caray!, Lozoya El Soplón, Bartlett Humedece El Edén o El Imposible Silencio de la Mañanera, por recordar algunas.

Pero lo que está gestándose en los Estados Unidos después de la derrota no aceptada del presidente Donald Trump podría colocar al mundo al borde de un nuevo colapso.

Hace algunos días, el 3 de noviembre, advertíamos aquí en el video “Apocalipsis Ahora” de los peligros que los norteamericanos y el planeta entero enfrentábamos con las furibundas reacciones de un megalómano mentiroso que no le reconoce el triunfo en las urnas de su opositor.

Y alertábamos de dos primeros signos preocupantes. Uno, el de una guerra civil en las calles para protestar lo que Trump llama el fraude electoral.

Dos, la dimisión inmediata que el mandatario hizo del Secretario de la Defensa, Mark Esper, cuestionando qué movía a un presidente saliente a cesar a su jefe en el Pentágono apenas a 70 días antes de abandonar la Casa Blanca.

Pues con la novedad de que la purga en el Pentágono creció y ya se le sumaron cuatro nuevos ceses de oficiales de alto rango –en la National Security Agency y en Homeland Security-, que fueron reemplazados por oficiales de corte duro, extremista y frontal.

Lo más preocupante es que en Washington ya se maneja también que Trump está tentado en remover a dos piezas clave de la inteligencia nacional: a Gina Haspel, directora de la CIA y a Christoper Wary, el director del FBI.

Y esos cuestionables movimientos, en los días previos a mudarse de la Casa Blanca, colocan a Trump en la frontera de una tentación autoritaria. ¿O por qué la urgencia de tales remociones?

Los escenarios se presumen desde una confrontación con Irán, pasando por una provocación con Corea del Norte o una reacción sobre China por sus amenazas sobre Taiwán.

Incluso existiría la posibilidad de que, convencido de que no podrá defender su reelección, Trump impulsado por algunos de sus aliados de Israel, a quienes favoreció con su alianza y complicidad con Benjamin Netanyahu, asestara en Medio Oriente un último golpe.

Pero lo que va más allá de cualquier suposición de violencia es lo que sucedió el sábado en las calles de Washington con la primera gran manifestación que salió a protestar el resultado electoral a favor del demócrata Joe Biden.

Aunque sus organizadores y la jefa de Prensa de la Casa Blanca, Kayleigh McEnany, reclamaron que eran un millón de manifestantes de todo el país, las cifras oficiales reportan algunas decenas de miles que vitorearon en torno a la Freedom Plaza a un sonriente Trump que pasó con su caravana por el lugar.

Pero esos mismos manifestantes marcharon por la tarde por la avenida Pennsylvania hacia el Capitolio y la Suprema Corte. Y entrada la noche se dio una confrontación violenta entre policías y protestantes del grupo extremista Proud Boys, quienes portaban chalecos antibalas, a unas cuadras de la Casa Blanca. Hasta ahora se ignora si se confirman los heridos reportados por algunas agencias.

Lo que intentamos advertir es que con la remoción de funcionarios clave del Pentágono y la Seguridad Nacional, más las primeras protestas con signos de violencia frente a la sonrisa desafiante del perdedor de la elección presidencial, los presagios para los próximos días no son para nada esperanzadores.

Trump está en pie de lucha, defendiendo como la gran verdad un fraude electoral que nadie logra documentar y amenazando con sorprender a la nación que gobierna y al mundo entero con desafiantes actitudes que encienden todavía más la alerta roja.

En México, por la experiencia del pasado, ya sabemos en dónde termina esto. En los Estados Unidos, el autoproclamado guardián del mundo, el final sin duda podría ser impredecible, pero sobre todo muy peligroso.

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